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25 de Ene de 2022

Columnistas

Nuestras voces… nuestro futuro

“[…] el país posible, nuestro futuro, depende de cada uno de nosotros. Nos toca a los ciudadanos ejercer el control social de la gestión del Ejecutivo, aprovechando los espacios democráticos […]”

La semana pasada, los ciudadanos le entregamos al presidente el informe final del Pacto Bicentenario Cerrando Brechas, y comienzo esta glosa subrayando que, aunque la entrega formal la hizo la coordinadora ejecutiva nacional del Pacto del Bicentenario, el trabajo entregado recoge las incomodidades, voces y propuestas ciudadanas, expresadas con gran fuerza histórica. Es decir, recoge nuestras voces y marca el camino de las acciones que debemos recorrer para hacer realidad el pías anhelado por la mayoría.

A estas alturas no faltarán personas que consideren, con genuina preocupación y sobrado fundamento, que este Pacto Bicentenario corre el riesgo de convertirse en otro logro propagandístico, que terminará archivado y no alcanzará las expectativas que aportamos, esperanzados, los más de 200 000 panameños de todas las capas sociales; mujeres, hombres, adolescentes mayores de quince años, adultos, adultos mayores, indígenas y afrodescendientes, representantes de la sociedad civil y de diversos credos religiosos, personas con discapacidad, campesinos y panameños y panameñas residentes en el exterior.

Por otro lado, es harto conocido que nuestra historia está plagada de diálogos nacionales para alcanzar pactos, consensos, iniciativas, acuerdos, etc.; seguidos de la celebración de actos políticos para la entrega de informes que, como es sabido y sentido por todos, no pasaron de ser un crédito político de vigencia fugaz, sin ninguna o poca utilidad para lograr objetivos como mejorar la validez y provecho del sistema democrático, disminuir la inequidad en la sociedad y mejorar las condiciones de vida de los habitantes del país.

Pero este proceso de diálogo nacional que llevó al acto de entrega de nuestros Acuerdos es diferente. El nuestro fue un proceso innovador de abajo hacia arriba, fundamentalmente inédito y sin precedentes en Panamá. Por esa razón, el Gobierno actual, que ya lo ha manifestado, y los que vengan después, no tendrán otro remedio que hacer vinculantes nuestros mandatos ciudadanos.

Se trata de 187 acuerdos: 26 en agro y salud; 25 en cultura, inclusión e infraestructura; 16 en ambiente; 11 en educación; 10 en agua y Estado; 7 en deporte y 6 en economía. Esos acuerdos fueron sustentados por 140 764 señalamientos y aportes, que describen las brechas y proponen soluciones. Fundamento que le dio sustancia y coherencia al ejercicio nacional participativo que implica el Pacto. Como si fuera poco, vale subrayar que todos los acuerdos poseen un enfoque transversal que incluye y hace referencia a aquellas categorías esenciales que marcan, inciden y condicionan una brecha, y su posible y deseada superación. Por ejemplo: educación, ciencia y tecnología, grupos vulnerables, cambio climático y otros.

En ese contexto, adelanto que, siempre desde la esperanza, el Pacto del Bicentenario Cerrando Brechas revela la débil presencia y vigencia de las instituciones públicas; la desigualdad y la falta de inclusión social; los frágiles soportes que afirman la vida y la identidad colectiva; y los marcos legales que, aunque existan, carecen de la voluntad del Estado, de toda la población, para hacerlos efectivos.

Estas brechas sociales, que además de profundas son apremiantes, demandan políticas de inclusión y de integración, en un período en el que Panamá atraviesa cambios de grandes magnitudes. De ahí la urgencia de revisar las bases del país, adecuarlas según las realidades presentadas en los acuerdos, y fijar pilares nuevos en concordancia con las necesidades surgidas a raíz de la pandemia y la Cuarta Revolución Industrial.

Para cerrar este llamado a la lectura esperanzada y optimista del informe que le presentamos al presidente hace una semana, me apropio del mensaje final del documento y subrayo que otro Panamá es posible.

La riqueza del proceso no termina con la presentación del informe. Este Pacto está vivo, continúa y sigue abierto para que más panameños compartan y suscriban su propósito, para que la sociedad lo vaya haciendo cada vez más suyo, para que los Gobiernos hagan su parte y ganemos todos. Gobierno, ciudadanos, sociedad organizada, universidades, gremios, empresas, iglesias, deben empeñarse en que el presente Pacto no sea solo un ejercicio casual y efímero y que se engavete sin ser útil a la nación. Se trata de nosotros y del país anhelado. Los acuerdos tienen que trascender el tiempo de los Gobiernos.

Como señalé antes en esta columna, el país posible, nuestro futuro, depende de cada uno de nosotros. Nos toca a los ciudadanos ejercer el control social de la gestión del Ejecutivo, aprovechando los espacios democráticos para exigir las transformaciones profundas en la forma de producir, distribuir, consumir y vivir en nuestra sociedad. Los panameños anhelamos ese cambio estructural progresivo que, como nos recuerda la Cepal, por un lado, alcance niveles sostenidos y sostenibles de crecimiento económico, basados en la incorporación intensiva de conocimiento e innovación, en aumentos de productividad y en la generación de valor agregado y, por el otro, logre una mayor justicia distributiva y el fortalecimiento de nuestros regímenes de bienestar y sus respectivas políticas sociales.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).