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25 de Ene de 2022

Columnistas

¿Qué ha pasado en Barro Colorado?

“Que este lamentablemente hecho, sea atendido y sirva de impulso para la ratificación del Convenio 190 de la OIT”

El río Chagres fue represado en 1913 y envolvió 164 millas cuadradas de selva tropical, creando el lago Gatún y muchas islas pequeñas que se asomaban por encima de la superficie. Los naturalistas se sintieron atraídos por la isla de Barro Colorado. Durante décadas a las mujeres se les prohibió pasar la noche en la isla. David Fairchild, una de las figuras fundadoras de la isla, abogó por la prohibición de las mujeres y escribió una carta en 1924 sobre que la isla debería seguir siendo un lugar “donde los verdaderos investigadores puedan encontrar un estímulo intelectual tranquilo y entusiasta, libre de cualquier distracción exterior”.

El Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) es la organización de investigación más grande del mundo y asumió la administración de la isla Barro Colorado en 1946, permitiendo que las mujeres vivieran en la isla, eliminando la discriminación y la violencia expresada en la exclusión que existía hacia las mujeres científicas.

Sin embargo, 75 años después, el artículo “Desigualdad: El Momento #MeToo del Smithsonian”, escrito por Nishita Iha, y publicado el 9 de diciembre de 2021, manifiesta que esa violencia no terminó nunca. Dicho artículo recoge las denuncias que dieciséis científicas de distintas partes hicieron, sobre las difíciles situaciones que vivieron en Barro Colorado mientras hacían sus investigaciones para optar por sus doctorados. Dado que Barro Colorado está en suelo panameño, es necesario que tanto el Ministerio Público como el Ministerio de Trabajo se involucren en garantizar que el acoso laboral y sexual no se siga dando en la isla a estudiantes, profesionales y trabajadoras que realizan investigaciones en el STRI.

Se señala en el artículo que cada año alrededor de mil científicos y científicas de todo el mundo llegan a la isla de Barro Colorado en el Canal de Panamá, para realizar investigaciones en el STRI, un epicentro de estudio de vanguardia sobre cambio climático, biodiversidad, adaptación y evolución en medio de una densa jungla, exuberante vegetación con kinkajúes (o martuchas), tapires, monos aulladores y más de 400 especies de plantas.

Investigadoras e investigadores que ponen un pie en la isla consideran la oportunidad como un sueño. Pero, para 16 científicas, este sueño se convirtió en pesadilla. Encontraron un patrón de conducta sexual contra ellas, por parte de hombres de alto rango en el Instituto, uno de los cuales lo reconoció a Buzz Feed News. Las mujeres dijeron que luchar para defenderse de las demandas sexuales de los científicos con el poder de determinar la trayectoria profesional de una o un joven investigador las dejó sintiéndose traumatizadas y aisladas. Frente a ello, el director, Tewksbury expresó: “Estamos tomando todas las medidas posibles para apoyar la salud y el bienestar de toda nuestra comunidad científica”. “El tiempo y la energía que están perdiendo, lidiando con esto es una pérdida para toda la Ciencia”.

Las científicas han denunciado un sinfín de patrañas utilizadas por quienes tienen el poder y control para abusar de ellas, que van desde la coacción para darles la beca, el llevarlas a sitios fuera de la isla (EE. UU., Europa), engañándolas, hasta la carencia de cerraduras seguras en sus habitaciones. Las denuncias que se han realizado no han tenido el asertivo castigo que sirva de ejemplo para los otros. E incluso se denunció a una persona que trabajaba en la cocina, le dieron una suspensión y no ha pasado más nada.

Ante estas denuncias presentadas por científicas y de otras mujeres que laboran en distintos sitios de nuestro país, que son acosadas sexualmente, se hace oportuno recordar la necesidad, que hemos venido demandando, de la ratificación por Panamá del Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo, aprobado el 10 de junio de 2019, en su centésima octava reunión, el cual reconoce que: “la violencia y el acoso en el mundo del trabajo pueden construir una violación o un abuso a los derechos humanos, y que la violencia y el acoso son una amenaza para la igualdad de oportunidades, y son inaceptables e incompatibles con el trabajo decente”. Al mismo tiempo, el Convenio reconoce “que la violencia y el acoso en el mundo del trabajo afectan la salud sicológica, física y sexual de las personas, a su dignidad y a su entorno familiar y social”.

Diputadas y diputados, es urgente que la Asamblea ratifique este Convenio 190 de la OIT sobre la Violencia y el Acoso en el mundo del Trabajo, de modo que sea obligatorio para las organizaciones de cualquier índole en nuestro país contar con protocolos efectivos para prevenir, denunciar y sancionar acciones de acoso laboral y sexual en el ámbito laboral, que afectan en mayor medida a las mujeres. Que este lamentablemente hecho, sea atendido y sirva de impulso para la ratificación del Convenio 190 de la OIT.

Educadora