Temas Especiales

21 de Ene de 2022

Columnistas

2021 intenso, 2022 más intenso

“[…], nuestra región se prepara para el 2022 […]. Tenemos la oportunidad de seguir haciendo lo mismo, o superarnos una y otra vez, como lo hemos hecho en el pasado”

Cuando pensábamos que saldríamos de la pandemia, aparece la variante ómicron, para recordar al ser humano que, debe cambiar sus prioridades. Tanto a ciudadanos como a gobernantes les urge la necesidad de enfocarse en lo realmente importante; por ejemplo, combatir la pobreza, inequidad, desigualdad, situaciones que en nada ayudan a superar ni esta pandemia ni los grandes retos que la humanidad tiene por delante.

El 2021 deja acontecimientos de ingrata recordación, como la agudización de los fenómenos de: la crisis climática; aumento de refugiados y desplazados; la vacunación contra la COVID-19; el hartazgo del ciudadano con la política, lo que ha provocado cambios de Gobiernos y presidentes que han roto los esquemas tradicionales; golpes de Estado con magnicidio; y los abusos de poder que han marcado la política de la región.

Sin embargo, persiste la prioridad de los propios intereses de los líderes políticos; poco importan las consecuencias de sus acciones sobre los ciudadanos, las economías o los países.

Por ejemplo: hecho sin precedentes fue el asalto al capitolio de los Estados Unidos de América el 6 de enero, cuando un grupo de fanáticos del entonces presidente Trump asalta el Congreso, poniendo en jaque la democracia del país. Por fortuna la institucionalidad se impuso, restableciendo el orden, permitiendo, dos semanas más tarde, la juramentación del nuevo presidente, Joe Biden.

En abril, Ecuador elige presidente a Guillermo Lasso, asumiendo el Gobierno con altas expectativas. Sin embargo, en los primeros 100 días no logra cumplir las principales promesas electorales -nuevos puestos de trabajo, subir el sueldo mínimo -500 dólares al mes-, acabar con el hambre -más de un millón de ecuatorianos-, atraer inversión extranjera, combatir la corrupción y un plan de vacunación anti-COVID-19 para nueve (9) millones de personas-, llevando al desencanto a los ciudadanos. Y luego, su aparición en los “Pandora Papers”, más la crisis carcelaria, provocan una caída a su popularidad.

En abril y mayo en Colombia estallan protestas contra el intento del Gobierno del presidente Duque de imponer una reforma tributaria, que gravaba a las clases trabajadoras, manteniendo privilegios a los poderosos, y gastando fortunas -el 65 % en armamento de guerra-; dejando decenas de fallecidos y desaparecidos, para que luego el Gobierno se viera obligado a retirarla.

Otra prueba del hartazgo se vio en Perú, cuando eligen a Pedro Castillo como presidente en junio. Elección de alguien poco conocido para castigar a las élites. Hasta ahora, ha sido un Gobierno con inestabilidad, que además ha tenido que lidiar con la crisis interna de su partido, renuncias y escándalos de miembros del gabinete y hasta con un intento de declaración de vacancia, que al final no prosperó.

Las apetencias de poder y los intereses estuvieron presentes en julio, siendo asesinado el presidente de Haití, Jovenel Moïse, ahondando la crisis política e institucional que ya atravesaba el país.

Días después, estallan protestas en Cuba, por la falta de libertades y la crisis económica. Protestas que agarraron desprevenidos al Gobierno, que tardó un par de días en reaccionar -con su usual violencia y represión-.

En Nicaragua, el dictador Ortega pasa meses encarcelando a posibles opositores, para luego celebrar elecciones con competidores que le permiten su reelección, una vez más.

En Venezuela, la oposición política da otra demostración de que su foco está en conservar pequeñas cuotas de poder, “liderando” un proceso político apartándose cada vez más de la gente, participando en elecciones regionales divididos, y pese a que la misión de observación electoral de la Unión Europea señaló que las elecciones carecieron de trasparencia y abuso en el uso de los recursos del Estado por parte del Gobierno, la oposición dividida y con discurso contradictorio, permitió que el partido del dictador Nicolás Maduro, obtuviera la mayoría de los cargos en disputa.

En Chile se fueron a los extremos y pusieron en la segunda vuelta a la extrema derecha y, alguien que algunos analistas y medios consideran de extrema izquierda.

El agotamiento del sistema llevó a los chilenos a romper con los partidos y fuerzas políticas tradicionales y terminaron optando por la opción de Gabriel Boric, un joven diputado, de la Antártida chilena, de izquierda, progresista, con una oferta de transformación del Estado a un Estado de bienestar social, con educación, salud universal gratuita, mejorar la calidad de vida del ciudadano reduciendo las desigualdades y mejorar las pensiones, cautivó a los ciudadanos.

Así las cosas, nuestra región se prepara para el 2022 y todo indica que, si este año fue intenso, el próximo lo será un más. Tenemos la oportunidad de seguir haciendo lo mismo, o superarnos una y otra vez, como lo hemos hecho en el pasado.

Consultor político; en Twitter: @orlandogoncal.