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18 de May de 2022

Columnistas

Determinantes políticos de la salud

“[…] importante, será una buena dosis de transparencia y solidaridad de parte de los participantes, deponiendo agendas personales, gremiales, sociales, empresariales, políticas, partidistas, religiosas, etc.”

Antes de entrar en materia, es importante subrayar que la salud de las personas está determinada por un conjunto de circunstancias en que estas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana. Esta relación indisoluble entre cada una de estas circunstancias o factores condicionantes, y el estado de salud de los individuos, es lo que comúnmente se conoce como “determinante social de la salud”.

Lo anterior puede parecer un disparate para aquellos que piensan que lo más importante para la salud es tener grandes hospitales, clínicas y consultorios; contar con los mejores especialistas, formados en prestigiosas universidades; disponer de los equipos y tecnologías de última generación, así como de medicamentos de calidad y eficacia demostrada y, mejor, de las marcas reconocidas en la industria farmacéutica mundial.

Pero esas condiciones, que son importantes, claro está, lo son únicamente para curar las enfermedades. Poco tienen que ver con la producción de salud, bienestar y desarrollo de una población, el cual viene determinado, en gran parte, por las condiciones de la vida cotidiana que definen los determinantes sociales; los cuales incluyen políticas y sistemas económicos, programas de desarrollo, normas y políticas sociales y sistemas políticos.

Por esa razón los determinantes políticos, son, en mi opinión, los que tienen mayor impacto y alcance sobre las condiciones de vida y salud de la población, pues, cualquier política, normativa y práctica que surja de cualquiera de los poderes del Estado, producto de la orientación política de los líderes, tendrá un impacto directo -positivo o negativo- en la salud y el bienestar de la ciudadanía.

A estas alturas de la glosa, me parece claro afirmar que, el estado de salud y de desarrollo de nuestra población está determinado en gran parte por el modelo político y económico predominante en nuestro país, y, por tanto, hacer pertinentes las recomendaciones que señala la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud de la OMS para mejorar las condiciones de vida, en especial: velar porque las políticas económicas y sociales tengan en cuenta la cuestión de la equidad sanitaria y; responsabilizar a las más altas instancias gubernamentales de la acción en pro de la salud y de esa equidad sanitaria, a fin de lograr que todas las políticas contribuyan a ese fin de forma coherente.

Este asunto de la equidad sanitaria es fundamental para nosotros, pues, en el país, las inequidades se encuentran en el centro mismo de los resultados deficientes en materia de salud. Por ejemplo, mientras que la esperanza de vida de un panameño de la ciudad es de 80.6 años, en nuestras comarcas indígenas apenas llega a 71 años. De hecho, los habitantes de nuestras provincias más ricas viven casi diez años más y en mejores condiciones que los panameños de nuestras tres comarcas. Peor ocurre para la mortalidad infantil, la cual es dos o tres veces mayor en las comarcas que en las provincias más ricas; y con la mortalidad materna que es cuatro veces mayor en las comarcas que en las provincias con mejores condiciones de vida.

Todo lo anterior tiene especial relevancia en estos momentos en nuestro país, donde, cual planetas en el firmamento, se da una conjunción propicia para la salud y el desarrollo. Por un lado, luego de más de un año intenso de trabajo, y sin pausas, la población produce el Pacto del Bicentenario, el cual contiene el mandato ciudadano expresado en 187 acuerdos sobre los temas de agro, agua, ambiente, cultura, deporte, economía, educación, Estado, inclusión, infraestructura y salud. Todos son cruciales y determinantes, pues atañen a cada uno, sus familias, la comunidad donde viven y, también, al país.

Por otro lado, está la efervescencia política que ya comienza a percibirse en nuestro terruño. Y la tarea inmediata no es otra que poner en la agenda de cada uno de los representantes del contexto político, el económico y la sociedad en su conjunto, ese mandato de la población. El Gobierno deberá definir sus prioridades que procuren la equidad en salud, y comenzar a mostrar resultados, de suerte que las propuestas exitosas en marcha incentiven a los diferentes actores políticos que ya comenzaron a mostrar su interés de instalarse en el palacio de Las Garzas a partir del 2024. Ese poder de convocatoria de los buenos resultados visibles de manera oportuna también debe ser suficiente para sumar al sector empresarial, el cual aportará el necesario valor agregado al proceso en marcha. Pero el más sustancial determinante será la participación efectiva de la sociedad organizada, pues, a fin de cuentas, tanto al Gobierno como a la empresa privada, le interesa tener un buen “rating” entre la población.

No menos importante, será una buena dosis de transparencia y solidaridad de parte de los participantes, deponiendo agendas personales, gremiales, sociales, empresariales, políticas, partidistas, religiosas, etc. A fin de cuentas, lo que queremos es un mejor país, para nosotros y las generaciones venideras.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).