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23 de May de 2022

Columnistas

Los docentes panameños en la pospandemia

“Los docentes en Panamá tenemos un gran desafío con los aprendizajes de nuestros estudiantes y a demostrar que sí es posible hacerlo, [...]”

La visita reciente a dos escuelas oficiales en Arraiján, una primaria y la otra General Básica, me demostró, a pesar de mi escepticismo, que las maestras y maestros tienen pasión y compromiso con su profesión y con el aprendizaje de sus alumnos. Los observé bajo el liderazgo constructivo y esperanzador de sus directoras, diseñar, construir y evaluar diversos escenarios en los que podrían llegar sus alumnos, y las estrategias pedagógicas para atender esas necesidades educativas. Los percibí emocionados preparando los carteles de bienvenida de sus alumnos, cada uno mejor que el otro. Lo cierto es que la organización para la recepción de sus estudiantes, constituyó un momento mágico hacia el logro de las metas de aprendizaje.

Para hoy, 7 de marzo, se ha previsto el inicio escalonado de las clases presenciales, en todas las escuelas de la nación. Será un día extraordinario de júbilo y se espera que sea valorado como el legítimo día de la educación en Panamá. El día que las familias, Gobierno, docentes y estudiantes se unieron y se pusieron de acuerdo para recuperar los aprendizajes perdidos, reasumir el valor de aprender en la vida de las personas y destacar la educación como una prioridad de valor supremo para el Estado y la sociedad.

Durante los días previos y durante la semana de organización, cientos de docentes se trasladaron a sus comunidades y escuelas por diversas vías: mar, ríos, cielo y tierra. La gran mayoría sintió, igualmente, enorme satisfacción, pues representaba la aspiración que anidaba en sus mentes y corazones, de servir a sus estudiantes, enseñándoles, guiándoles, aconsejándoles, atendiendo la diversidad, descartando cualquier factor étnico, social, condición personal u origen geográfico. Ese sentimiento también muestra su doble condición: son educadores y, también la mayoría, padres y madres de familia.

Después de dos años de padecer una intensa crisis en relación con el surgimiento y rápida diseminación del nuevo coronavirus, y de la aparición del ómicron como una de sus variantes, las cifras de las agencias nacionales y extranjeras, muestran un descenso progresivo en las últimas tres semanas. Cada día son menos las personas contagiadas, fallecidas y recluidas en las unidades de cuidados intensivos. Sin embargo, ello no es un indicador de que este terrible virus fue superado y dejó de afectar a las poblaciones en el mundo. Muchas son aún las personas que lo padecen, principalmente las inmunodeprimidas, las que padecen comorbilidades y quienes no se han vacunado.

El Gobierno ha hecho un esfuerzo importante en la vacunación de la población en general, personas adultas, jóvenes, adolescentes y la niñez, para cubrir la mayor proporción posible de los grupos humanos en los diversos territorios del país. Igual, ha impulsado una labor destacada de reparaciones, adecuaciones y construcciones de centros educativos en las 16 regiones educativas del país.

Por su parte, las familias tienen un elevado nivel de motivación y compromiso con el inicio del año lectivo 2022 y sus hijos e hijas sienten la necesidad de estar junto a sus compañeros bajo la guía de un buen docente, aprendiendo y reaprendiendo los nuevos contenidos y todo lo que no pudieron estudiar y conocer durante el período de la pandemia.

Pese a los esfuerzos realizados durante esta etapa de 24 meses de pandemia, en la que prevaleció la educación a distancia y el uso de las herramientas tecnológicas, con la insuficiencia de acceso a la conectividad, Panamá ha sido valorado en Latinoamérica como uno de los países que más tiempo ha permanecido con las escuelas cerradas y más estudiantes han estado distanciados de sus docentes y escuelas. También, como una de las consecuencias del aislamiento, miles de estudiantes han padecido el síndrome de las enfermedades socioemocionales. Por ello, la Unicef reporta que alrededor de 100 mil estudiantes han quedado fuera de la escuela.

Ha llegado la hora la hora de empezar a superar esta triste situación. Con el inicio del presente año escolar, ingresarán esta vez niños y niñas de 4 y 5 años que asistirán por primera vez al centro escolar; niñez que se vinculó al centro escolar, pero que no aprendió a leer y escribir ni realizar las operaciones aritméticas básicas; adolescentes que no aprendieron a leer comprensivamente; estudiantes que tuvieron contactos ocasionales con sus docentes sin lograr aprender correctamente; adolescentes que se conectaron con sus docentes y la escuela irregularmente un año y abandonaron sus estudios el año siguiente.

Así mismo, estudiantes que no lograron realizar sus prácticas educativas; los que se interesaron más en unas pocas asignaturas y desecharon otras importantes contenidas en el plan de estudio; bachilleres graduandos preparados insuficientemente para ingresar a los estudios superiores; jóvenes que no conocieron un microscopio o los tubos de ensayo para hacer experimentos ni un taller de aplicaciones prácticas o espacios de observación de fenómenos propios de asignaturas de su formación.

Este año lectivo será controversial. Sólo el alto espíritu de solidaridad, compromiso y la aplicación de estrategias curriculares y pedagógicas apropiadas para cada situación, pueden contribuir a elevar los niveles de rendimiento escolar y atraer a los estudiantes que perdieron su motivación por mantenerse dentro del sistema educativo. Todo ello se explica, si se logra desde la base del sistema definir y poner en marcha la red de retención y reinserción escolar, tal como lo ha propuesto Copeme (Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional por la Educación).

Acometer la compleja tarea educativa en este momento implica acudir a una serie de principios, métodos y técnicas didácticas, que, de manera general, pueden ser enunciadas aquí: que cada niño y niña encuentre, con la guía de su docente, sus incentivos para el aprendizaje y sienta la motivación imprescindible en este proceso; recurrir a los aprendizajes previos; ofrecer de múltiples maneras los contenidos por aprender, para crear opciones de acceso real al conocimiento; proveer diversas formas de interactuar con los estudiantes y la información conforme a sus preferencias e inteligencias. Igualmente, diversificar los medios y métodos para asegurar las competencias fundamentales; minimizar la sensación de inseguridad y la desorientación del foco de la experiencia pedagógica; clarificar el vocabulario y la comprensión de los términos utilizados; fomentar la colaboración y el trabajo comunitario; cultivar elevadas expectativas de aprendizaje y las creencias que potencian el interés por aprender; fortalecer la memoria, la síntesis y la generalización; impulsar el aprender a emprender, a resolver problemas cotidianos y construir su propio proyecto personal; fomentar el aprendizaje por cuenta propia. Siempre será importante que cada estudiante sea consciente de su propia identidad y capacidades, así como fomentar el diálogo y la buena comunicación entre docentes y las familias.

Los docentes en Panamá tenemos un gran desafío con los aprendizajes de nuestros estudiantes y a demostrar que sí es posible hacerlo, porque todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes tienen el derecho humano a recibir una educación de calidad.

Docente, rector de Udelas.