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16 de May de 2022

Columnistas

Cuida tu vida en la carretera

“La mayoría de los accidentes tiene como denominador común la falta de responsabilidad y consideración por parte de los conductores, el descuido de los peatones, y, [...], ausencia o indiferencia de la policía de tránsito”

Estamos en medio de la Semana Mayor, y qué mejor momento para reflexionar en familia sobre el significado religioso de estos días, a la vez que cuidamos de nuestras vidas en la carretera si optamos por relajarnos, vacacionar, viajar y compartir con amigos y familiares.

Pero sería iluso de mi parte ignorar que muchas personas, en lugar de divertirse sanamente, serán presa del desenfreno que caracteriza cualquier feriado en nuestro territorio y, en lugar de recogerse y vivir el espíritu que impregna la Semana Santa, aprovecharán para participar de un jolgorio caracterizado por la ingesta excesiva de alcohol que, en la mayoría de los casos, conduce a violencias y accidentes de todo tipo, que no se resuelven con una gran “goma moral” y arrepentimiento del día siguiente.

En ese sentido, le dedico el resto de esta glosa a reflexionar sobre los accidentes de tránsito, muertes y lesiones permanentes, relacionados con ese comportamiento impulsivo y sin moderación propiciado por el consumo excesivo de alcohol; y hacer un llamado sobre la necesidad de hacer un alto y cuidar nuestras vidas en las carreteras.

Para poner en perspectiva la magnitud de esta situación, les recuerdo que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censo, cada año (sin contar los dos años con restricciones para circular producto de la epidemia de COVID-19) ocurren en nuestro territorio cerca de 15 000 accidentes de tránsito; 14 000 personas terminan sufriendo heridas de diferente gravedad y, lo más doloroso, cerca de 400 ciudadanos pierden la vida en un accidente de tránsito.

La mayoría de estos accidentes y muertes fue durante los fines de semana y días feriados. Siguen siendo las principales causas de estos fallecimientos: manejar bajo los efectos del alcohol, el exceso de velocidad, las distracciones, el incumplimiento de los reglamentos de tránsito, y el mal estado de vehículos y carreteras. Muy preocupante es el hecho de que cada año, las muertes por atropello y fuga no disminuyen, lo que implica, además de lo anterior, una falta de solidaridad y humanidad.

A eso agreguemos que para el año 2020 el parque vehicular aumentó a casi un millón de vehículos, lo que implica que tenemos en las calles una mayor exposición al riesgo de todos los usuarios del sistema de transporte terrestre y una nueva generación de conductores, la mayoría jóvenes, con escasa experiencia en el manejo.

En conclusión, nuestra sociedad pierde todos los años un promedio cercano a los 400 ciudadanos, la mayoría en edades productivas, por causas que pudieron y debieron evitarse. Y no nos confiemos porque el año pasado mostramos una clara disminución en los índices de muertes, lesiones y discapacidad por falta de seguridad vial. Una vez que controlemos la epidemia de COVID-19, es de suponer que los ciudadanos retomarán las calles con la misma irresponsabilidad y falta de consideración de siempre. No hemos sido capaces de controlar y disminuir el número de heridos y fallecidos por accidentes, con su secuela de sufrimientos y pérdidas emocionales, sociales y financieras para las familias afectadas y el país.

En ese contexto, Gobierno y sociedad tenemos que comprometernos con revertir esta tendencia. Comencemos por nosotros mismos, recuperando los valores cívicos y morales, tomemos conciencia de los factores de riesgo, cumplamos con las leyes y normativas de tránsito, y seamos responsables, cuidándonos y protegiendo la vida de los demás conductores y peatones.

Por su parte el Gobierno debe fortalecer el desarrollo de una política real de prevención vial y aplicar de forma efectiva las intervenciones que quedaron pendientes en nuestro Plan Nacional para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011–2020; así como las que proponga el nuevo Plan Nacional de Seguridad Vial, esta vez para el decenio comprendido entre el 2021 y el 2030; cumpliendo con el compromiso de reducir en un 50 % las muertes y traumatismos causados por los accidentes de tránsito al terminar el ciclo.

En ese sentido, la prioridad debe ser salvaguardar la integridad física y psico-emocional de todos los usuarios de las vías públicas, promoviendo iniciativas multisectoriales -públicas, privadas y de la sociedad civil- para proporcionar el acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público, prestando especial atención a las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad: mujeres, niños, personas con discapacidad y la tercera edad.

Al final, no obstante el compromiso escrito, las leyes y reglamentos; cuidar la vida en las carreteras siendo un asunto de todos. La mayoría de los accidentes tiene como denominador común la falta de responsabilidad y consideración por parte de los conductores, el descuido de los peatones, y, la no menos importante, ausencia o indiferencia de la policía de tránsito. Y para comprobarlo, solo intente cruzar cualquier avenida, cualquier día a las seis de la tarde o trate de llegar sano y salvo al interior de nuestro país en esta semana. Nos toca a los ciudadanos cumplir con nuestra parte y cuidar de nuestras vidas y las de los demás.

¡Cumple con tu parte, panameño!

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).