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26 de Jun de 2022

Columnistas

El cinismo de la dictadura: el caso de Quirós Guardia

Alberto Quirós Guardia formó parte de ese grupo de panameños que nos opusimos desde el primer día al golpe militar y al oprobioso régimen instaurado después

Días atrás, leyendo el libro “Inclaudicable: la Historia de Alberto Quirós Guardia” (2021), recordé dos episodios que viví en carne propia al lado de ese gran patriota que llamábamos Betito. El primero, en 1971 tras el secuestro y desaparición del Padre Héctor Gallego, cuando en su emisora Radio Impacto se transmitían las homilías que daban los sacerdotes en la Iglesia de El Carmen en Vía España. Al igual que él, fui perseguido por el G-2 para incautar las cintas que contenían grabadas esas homilías para evitar que fuesen transmitidas en la emisora de Betito. Servía de mensajero para llevarlas. Los gorilas le temían a lo que predicaran en las iglesias.

El segundo, el 20 de enero de 1976, cuando dirigidos por el jefe del antiguo DENI, mayor Nivaldo Madriñán, detuvieron a Betito en su residencia para montarlo en un avión con otros panameños deportados hacia Ecuador. Poco antes de las 7 de la mañana, escuché a Diógenes Gutiérrez, el nunca olvidado dirigente sindical demócrata cristiano, quien asistía a Betito en su emisora, que la casa de los Quirós Jaén en Avenida Chile la tenían rodeada para secuestrarlo. Llamé a la emisora y dije a Diógenes que se quedara allí que yo iría a la casa de Betito a ver qué pasaba y le mantenía informado. Sorteando retenes de policía que rodeaban la vivienda, aduciendo que era su abogado, llegué hasta la entrada del edificio de dos plantas, donde vivían en el segundo alto. Subiendo las escaleras, me enfrentó el temible Madrinán, apuntándome con una gran pistola, con un grito de “lárgate de aquí pedazo de hijo d p…”.

El cinismo del régimen se dio cuando, tras presentarse un habeas corpus sobre los desaparecidos, el locuaz presidente de la Corte Suprema de Justicia, Juan Materno Vásquez, adujo que no habían sido deportados, sino que “simplemente se habían ido de paseo a Ecuador”. Otra muestra de ese cinismo, según nos relata el doctor Carlos Bolívar Pedreschi, testimonio en el libro que comento, fue la reacción del general Torrijos al referirse en el Congreso de la Federación de Estudiantes de Panamá el 17 de septiembre de 1977 a los deportados que ordenó en 1976: “Cuando estos panameños se fueron cobardemente del país, pensando que era realidad lo que la Guardia y nuestra juventud decían que la negociación no era la única forma de la liberación, se fueron huyendo, ahora aparecen como los grandes dirigentes a exigir. ¿Qué van a exigir ustedes? los estudiantes han sido lo suficientemente benévolos en no juzgarlos en un tribunal del pueblo y en fusilarlos en un barranco del pueblo”. Si, fusilarlos, como a Victoriano Lorenzo.

Todo indica que los que preparaban los discursos de odio de Torrijos se les olvidó el comunicado del 21 de enero de 1976, que decía: “En el día de hoy el Gobierno Revolucionario se vio obligado a expulsar del país hacia Guayaquil, Ecuador, a los señores Mario Santamaría, Porfirio Samudio, Gilberto Álvarez, Antonio Domínguez, Roberto Eisenmann, Guillermo Ford, Winston Robles, Iván Robles. Alberto Quirós Guardia y Jaime Aizpurúa”. Vaya cinismo el de Torrijos y sus adláteres.

Sin saber adónde lo llevaban, junto a su fiel esposa, Aixa Jaén, fuimos por su paradero a diferentes lugares. Durante nuestro recorrido, me avisaron que a mí también me buscaban porque tenía armas en el baúl de mi auto. Absurdo. Solo en la tarde de ese día el país supo que los “revolucionarios de pacotilla”, como dueños de la vida de los panameños que protestaban, habían expulsado del país a honorables ciudadanos. Increíble que todavía haya gente que se refiera a ese negro periodo de la historia como el “irrepetible proceso revolucionario”.

Alberto Quirós Guardia formó parte de ese grupo de panameños que nos opusimos desde el primer día al golpe militar y al oprobioso régimen instaurado después. Fue incansable en su lucha como activista de la civilidad, como educador de gran valía, como ejemplo de lo que significaba aspirar a un Panamá más justo y solidario. Sobre todo, por sus permanentes valores familiares, éticos y morales. Sus virtudes cristianas irradiaron, no solo su entorno íntimo, sino a los que tuvimos el privilegio de compartir con él algunas de sus experiencias de vida.

¡Difícilmente te olvidaremos Betito!.

Analista y Político