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28 de Jun de 2022

Columnistas

Lo único que nos faltaba: El museo

José Juan Arrocha al recibir la noticia que su señora había dado a luz, suspendió el trabajo de jardinería que estaba realizando, dando excusas y diciendo alegremente voy y vengo que acaba de nacer mi primogénito… 3 de noviembre de 2004… fecha que el nuevo papá por más que amase al suelo grato y encantador de su patria, no podía darse el lujo de celebrar, pues como no tenía “chamba fija” desde que logró el bachillerato sus ingresos provenían solamente de “camarones” y le iba muy bien.

José Juan Arrocha al recibir la noticia que su señora había dado a luz, suspendió el trabajo de jardinería que estaba realizando, dando excusas y diciendo alegremente voy y vengo que acaba de nacer mi primogénito… 3 de noviembre de 2004… fecha que el nuevo papá por más que amase al suelo grato y encantador de su patria, no podía darse el lujo de celebrar, pues como no tenía “chamba fija” desde que logró el bachillerato sus ingresos provenían solamente de “camarones” y le iba muy bien.

José Juan añoraba que fuese varón y así lo creyó hasta que llegó al hospital en donde estaban muy felices su mamá, la suegra, las dos cuñadas más el suegro que no cabía en el pellejo quién lo recibió con un abrazo y diciéndole : Nacieron dos, hembra y macho, ¿mire ud.?

Mirian del Carmen Arrocha Rodríguez fue el nombre que escogió para el bautizo de la niña de sus ojos y Juan José Arrocha para el varoncito. Desde ese 3 de noviembre como que se le aceleró el bienestar de la humilde familia Arrocha Rodríguez. Como José Juan era además de trabajador, muy inteligente y curioso pronto le apodaron el arquitecto de los jardines obteniendo en poco tiempo, casa propia, carro, finca, licenciatura y los niños en buenos colegios.

La niña de los ojos de José Juan deslumbraba por su belleza tanto que en su barrio como en el colegio, fue dos años seguidos reina en la semana del maíz y una vez solicitada por la Asociación de Santeños como princesa de los carnavales de las Tablas, pero los compromisos con la iglesia, el tema que existía la posibilidad que Miriam del Carmen fuese a estudiar medicina a Londres o a Estados Unidos mantenía al hogar en planes mediáticos, mejorando el inglés de todos, planeando paseos en familia en cruceros, en fin…

Bueno... en la mañana del 3 de noviembre de 2021, Miriam del Carmen anunció que todos estuvieran en casa que les tendría una sorpresa. Y efectivamente, a las seis de la tarde precisamente cuando las bandas independientes desparramaban sus descargas patrióticas por televisión al compás de los chingongos que masticaban, llegó a la casa de los Arrocha Rodríguez un joven gigante que no cabía por la puerta, no pronunciaba las “eses” y saludó como cansado diciendo “como tan, buena tarde que sopá?”. Su pantalón estaba lleno de huecos y rasgaduras desde las rodillas hasta la bragueta, desde el pecho al cuello tenía más tatuajes que yegua de pobre, el corte de cabello se lo preparó para la ocasión, uno de los artesanos más caros de Puente Rojo de Samaria con caminitos de arriera, los cuatro dientes de oro del “pelao” incluyendo los colmillos encandilaban más que el grueso collar. Todos miraban al joven al que conocían como adefesio, en eso saltó de su cuarto Miriam del Carmen quedando encaramada en los brazos de adefesio, gritando como una trastornada. ---Papá, mamá este es mi novio adefesio, este es mi novio. José Juan, cayó de rodillas poniéndose las manos en la cabeza; adivino que sintió el mismo sentimiento derrotista que siente hoy la mayoría de la ciudadanía culta panameña al escuchar sobre un museo para el reguetón. José Juan gritó desde el fondo de su estómago: Lo único que nos faltaba...

Economista, escritor costumbrista