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03 de Jul de 2022

Columnistas

Por una ciudad inclusiva, segura, resiliente y sostenible

Ahora que la fauna política criolla está calentando motores para la próxima contienda electoral, es obligatorio que incluyan en sus planes de trabajo, ¡y lo practiquen!, el cumplimiento con los compromisos que adquirimos al suscribir en el año 2015 la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 con sus 17 objetivos para poner fin a la pobreza, proteger el país y garantizar que para el 2030 todos los panameños disfrutemos de paz y prosperidad.

Ahora que la fauna política criolla está calentando motores para la próxima contienda electoral, es obligatorio que incluyan en sus planes de trabajo, ¡y lo practiquen!, el cumplimiento con los compromisos que adquirimos al suscribir en el año 2015 la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 con sus 17 objetivos para poner fin a la pobreza, proteger el país y garantizar que para el 2030 todos los panameños disfrutemos de paz y prosperidad.

Cuando termine este año nos van a quedar siete para cumplir con las metas, es decir que, lo que termine de hacer esta administración, más lo que lleve a cabo la próxima, será determinante para que comencemos a disfrutar de un país inclusivo, seguro, resiliente y sostenible para todos en todas las provincias y comarcas.

Dicho lo anterior, le dedico el resto de esta glosa a repasar brevemente cómo estamos en el cumplimiento de las metas del ODS 11 que propone mejorar la seguridad y la sostenibilidad de las ciudades. Lógicamente que los restantes 16 objetivos de desarrollo son igualmente importantes e interdependientes, pero hoy me ocuparé de mi ciudad, que bastante sufrida está. Y no hay que ser un genio para concluir que nuestra principal ciudad, donde habitan más de 2 millones de personas en su área metropolitana en conjunto, dista, pero mucho de ser una ciudad segura y sostenible.

Para comenzar, en nuestra ciudad, el crecimiento urbano ha sido anárquico, y sin planificación alguna, salvo en las agendas de los empresarios que construyen y la institución que proporciona los permisos. Existe un auge desordenado de construcciones desproporcionadamente inmensas para los barrios donde están ubicándose, afectando nuestra movilidad, el aire que respiramos, provocando tranques vehiculares, inundaciones, y generando estrés y accidentes. Por otro lado, tampoco hay acceso para todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles, en particular a los barrios marginales.

Con respecto a la basura, es evidente que se ha tomado la ciudad y la vemos acumulada en cualquier esquina, pues los citadinos simplemente nos deshacemos de cualquier clase de basura en las aceras, veredas, zaguanes, calles: restos de comida, latas, botellas, plásticos, colchones, televisores y refrigeradoras viejas, etc., y después esperamos que vengan los de la Autoridad de Aseo _ que alega no tener recursos _ y recojan todas las porquerías que arrojamos. Y como eso no ocurre con la frecuencia debida, sobre todo en los barrios menos favorecidos, la basura se acumula convirtiéndose en criadero de alimañas y fuente de enfermedades. Y sumemos a esta inmundicia las inundaciones al llegar las lluvias por el acúmulo de desperdicios en los cauces de nuestros ríos.

Nuestros sistemas de transporte tampoco son seguros, asequibles y sostenibles para todos, lo que ocasiona una gran inseguridad vial responsable por cerca de 15 mil accidentes de transporte cada año, la mayoría de ellos por colisiones, como consecuencia del ausencia de planificación urbana, las calles en mal estado, el manejo desordenado, la falta de consideración y la no menos importante, ausencia de autoridades.

Igualmente difícil, si no imposible es el acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, en particular para las mujeres y los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad. Trate usted de llegar a un parque, tiene que salir de su oficina o de su casa, dispuesto a pasar una hora en el “tranque”, estresándose, enfermándose y sufriendo toda clase de abusos e improperios por parte de la mayoría de los conductores…

¿Cuándo fue la última vez que paseamos por cualquier parque?, ¿hay parques cerca de nuestras casas?, ¿cuánto tiempo tardamos en llegar a nuestro trabajo todos los días? ¿caminamos, lo hacemos en bicicleta, en nuestro carro, en el ineficiente sistema de transporte que padecemos? Es probable que la mayoría de los que vivimos en la ciudad de Panamá, excepción de unos pocos corregimientos privilegiados, demos respuestas desalentadoras a estas preguntas.

Como si lo anterior fuera poco, está el grave asunto de la inseguridad en nuestras calles. La mayoría de los ciudadanos nos sentimos inseguros. Mantenemos altas cifras de violencia general, doméstica y en especial contra las mujeres, el número de pandillas va en aumento, y no son raros los secuestros, asaltos a cualquier clase de negocios y empresas, y las muertes vinculadas a los ajustes de cuentas, como lo demuestran las noticias casi diarias de homicidios en cualquier sitio.

Íntimamente vinculado con la recuperación de nuestra ciudad, está la necesidad de estimular el crecimiento económico sostenible mediante el aumento de los niveles de productividad y la creación de empleo, formulando políticas que estimulen el espíritu empresarial, crucial para este fin.

Finalmente subrayo que la recuperación de nuestra ciudad es un asunto de todos los ciudadanos, y no solamente de las autoridades y empresas. Si queremos que nuestra ciudad sea inclusiva, segura, resiliente y sostenible, debemos ejercer nuestro derecho y deber de participar activamente en la gobernanza y la gestión de nuestra ciudad, comenzando por identificar problemas, proponer soluciones, sumarnos para el desarrollo de las mismas y; eligiendo con inteligencia en la próxima contienda electoral.