08 de Ago de 2022

Columnistas

El Panamá posible

Acostumbrados a criticar todo lo que tenemos enfrente, nos estamos volviendo pesimistas y hasta cínicos. Cuando viajamos nos gusta comparar lo malo que está Panamá, frente a lo bueno que vemos afuera.

Acostumbrados a criticar todo lo que tenemos enfrente, nos estamos volviendo pesimistas y hasta cínicos. Cuando viajamos nos gusta comparar lo malo que está Panamá, frente a lo bueno que vemos afuera. No creemos en nosotros mismos, ni vemos nuestro gran potencial.

Hagamos un experimento. ¿Cuál es el Panamá que queremos? ¿Será posible tenerlo? ¿Habrá panameños dispuestos a dar todo lo que tienen por lograrlo? ¿Serán muy bruscos los cambios para poder llevarlos a cabo? ¿Bastará solo con cambiar de gobierno?

Panamá es un país nuevo, con solo 119 años de vida republicana. Al mismo tiempo somos un país viejo, con una historia de la que muchos países carecen, porque nuestras raíces están en los originarios que vivían aquí, antes de que nos “descubriera” España.

Los legados multiétnicos están presentes en las comarcas y los lugares como Panamá Viejo, los fuertes de San Lorenzo y Portobelo y Natá de los Caballeros. En la diversidad del ADN que, como población tenemos, donde casi por partes iguales somos indígenas, de ascendencia europea y afrodescendientes.

Panamá es un país integrado en la única raza que existe: La humana. A pesar de lo que vivimos con la discriminación de los inmigrantes chinos desde la construcción por los norteamericanos del ferrocarril en pleno siglo XIX y el oprobioso sistema de castas impuesto por Estados Unidos desde la construcción del Canal que creo aquello del “gold roll” y el “silver roll”, hemos sabido compenetrarnos con toda esa mezcla de gente de diversos orígenes que ha formado nuestra nación a través de los siglos. Por eso es que somos un verdadero crisol de razas.

En la actualidad, en pleno siglo XXI, hemos aprendido a recibir con los brazos abiertos a todos los que nos quieran escoger como su segunda Patria porque huyen de las tiranías o bien en la incertidumbre. Nuestro valor radica en la gente que vive aquí, venga de donde venga; en nuestra geografía, en nuestras costumbres.

Una Patria donde la educación sea igual para todos equiparando la pública a la privada, buscando la excelencia en ambas; en la que los maestros y profesores sean verdaderos formadores de juventud impulsando el conocimiento práctico de la vida, sin encasillarnos en modelos de enseñanza superados. Una Patria en la que se establezcan centros para los más dotados y las entidades de fomento educacional como el Ifarhu y la Senacyt apoyen a los mejores.

Podemos aspirar a construir un país donde las oportunidades sean iguales para todos; donde los empresarios sean más solidarios y reemplacen en muchos casos su único objetivo de tener ganancias, por el de mejorar condiciones de sus trabajadores, su ambiente y la comunidad, generando grandes dosis de responsabilidad social.

Un Panamá donde los trabajadores, además de pedir mejoras salariales, sean más exigentes en cuanto a su productividad, su capacidad personal y profesional; donde la atención de salud sea verdaderamente igual para todos, no solo en lo relativo a medicamentos sino en atención médica primaria y especializada.

Un país donde la investigación científica sea impulsada tanto en lo privado como en lo público, sobre todo en el campo de la salud; donde promovamos el uso de energías renovables en forma extensiva para evitar el calentamiento global que tanto daño nos hace, fomentando a nivel nacional el desarrollo de las técnicas más modernas en materia agrícola, enseñándole a la población a producir en sus predios lo que consume.

Donde promovamos la participación política de los mejores y más capaces para darle al país gobiernos responsables que se distingan por la auténtica transparencia y se practique extensivamente la rendición de cuentas de los administradores del Estado.

¿Demasiada ingenuidad para presentar estas ideas de un Panamá diferente e inclusivo? ¿Será posible que cambiemos nuestro ADN como ciudadanos? ¿Por qué no? ¿No pasamos de ser colombianos para ser panameños en 1903? ¿No decían que desaparecida la Zona del Canal y los fuertes militares gringos nuestra economía sucumbiría? ¿No administramos el Canal juiciosa y eficientemente desde 1999, cuando los gringos lo habían manejado desde 1914, supuestamente a la perfección?

Sin duda, podemos lograrlo. Hemos demostrado que cuando nos proponemos algo lo alcanzamos. ¿O no tenemos fe en nosotros mismos? El tesoro de Panamá, su verdadero potencial, está precisamente en sus ciudadanos. Sin embargo, tenemos que creer en nosotros mismos. Nadie lo hará por nosotros.

Analista y Político