27 de Sep de 2022

Columnistas

El 'guaro' al volante

El joven programador (DJ) de una discoteca en la ciudad de La Chorrera salió de su trabajo en la madrugada a comprar algo de comer. Cruzó la calle e hizo su pedido a un camión-restaurante.

El joven programador (DJ) de una discoteca en la ciudad de La Chorrera salió de su trabajo en la madrugada a comprar algo de comer. Cruzó la calle e hizo su pedido a un camión-restaurante. Sorpresivamente, un auto que pasaba a toda velocidad, se salió de la vía y se estrelló en este lugar. Del impacto, el comensal quedó desmembrado y aplastado bajo el restaurante informal. La vendedora sufrió quemaduras por el aceite hirviente derramado.

En otro punto de esta ciudad de Panamá Oeste, dos agentes policiales que regresaban a sus casas, al parecer bajo los efectos del alcohol, estrellaron su automóvil con un taxi en que se desplazaban cuatro personas. En este accidente hubo varios fallecidos. Hace unos meses, un conductor que salía de una celebración, colisionó y destruyó la pared de una residencia, porque no pudo maniobrar a tiempo en una semicurva.

Estos hechos, que tienen lugar en la cabecera de la provincia vecina, no constituyen un caso fortuito y poseen un elemento común: manejar después de haber consumido alcohol en algún jolgorio. El factor que lo agrava es la pérdida de vida de un tercero, que a veces, en nada, se vincula con los actores de estas vicisitudes. Los accidentes tienden a aumentar. En 2020 hubo 26,970 y al año siguiente 35,902, un incremento de 33%.

Según la Dirección Nacional de Operaciones de Tránsito (DNOT), en 2021 se registraron 347,048 sanciones y de estas, 6,562 se relacionaron con conductores bajo los efectos del licor, el 1.9 %. Parece insignificante, pero habría que saber cuántas de estas, han estado asociadas con las 235 muertes del mismo periodo, que subieron en un 45 % con relación a 2020.

Resulta paradójico que con tantas campañas que se impulsan para detener la costumbre, tan extendida en la sociedad panameña, de conducir en estas condiciones “etílicas”, como dicen los partes de las autoridades del orden, se incrementen los accidentes y, por tanto, las muertes.

No calan tantos mensajes y publicidad en un país donde hay provincias que celebran más fiestas de diferente orden, que días aparecen en el calendario.

Para algunos, no tiene ningún riesgo el hacerlo y casi sin ver más allá de sus narices, se sientan frente a un timón y esperan que el hábito y en ocasiones, el 'piloto automático', los lleve a sus residencias. En muchas oportunidades, las consecuencias son funestas. Otros, se revisten de machismo y piensan que nada pasará si ellos van pilotando sus unidades y por lo general, las variantes encontradas en las calles y carreteras, les juegan una mala pasada.

Los funcionarios de la DNOT declaran que, después de la velocidad, el licor es una poderosa causa de accidentes. Uno de los secretos mejor guardados es el porcentaje de casos en que las bebidas ocasionan tales percances. Debido a la alta incidencia en su consumo, un ministro de los años 90 del siglo pasado, puso cortapisas para la publicidad de bebidas alcohólicas y por extensión, a la de cigarrillos.

A las empresas que distribuyen tales productos, no les gusta lidiar con estos temas y prefieren, públicamente, obviarlos. Sin embargo, se considera necesario bajar la ingesta de bebidas y hacia allá debe ir la campaña. Existen sanciones y se acaban de subir los montos por violación a la norma. Es más efectivo trabajar con la conducta.

Así surgió la propuesta del conductor designado: aquel de un grupo de fiesteros que no bebe y su única responsabilidad es llevar a los beodos a sus casas para garantizar la seguridad, luego del gozo festivo. En Guatemala ese tipo de anuncio es promovido por las empresas licoreras.

Quien se ubica detrás de un timón es un arma en potencia y pone a otros en riesgo, como a aquel inocente DJ. Unas copas adicionales no pueden determinar el destino.

Periodista