06 de Oct de 2022

Columnistas

Renovarse señores

Los panameños quieren que la democracia exista sin vicios, pero olvidan que la compone una población capitalina transitista

En un discurso de 1908, el Dr. Eusebio A. Morales, llamaba la atención sobre los vicios electorales de la época y la necesidad de renovar ideas y conductas para perfeccionar la democracia de la nueva república, nacida al calor del entendimiento político de los conservadores y liberales, que se disputaban las riendas de los panameños.

Aquellas reflexiones de 1908 y el discurso no pronunciado en 1916, deberían ser materia obligada en las escuelas secundarias y también entre los universitarios.

Los panameños de ayer y los de hoy quieren que la democracia exista sin vicios, que sea perfecta, que nos caiga o que nos llueva como una gracia divina. Se olvidan que la democracia panameña está compuesta por una población capitalina transitista dedicada a las labores canaleras y afines y por el interiorano dedicado principalmente en hacer parir la tierra con sus frutos.

La democracia panameña transitó por caminos muy difíciles. Se instaló con la nueva república en 1903, con una población de unos 350 mil habitantes, de los cuales el 90 por ciento no sabía ni leer ni escribir y con todos los vicios electorales heredados de Colombia.

Los partidos tradicionales que iniciaron la construcción de la nueva república, la iniciaron con todas las heridas y desconfianzas de la Guerra Civil de 1903 y con las prácticas de 82 años de escamoteo electoral, de imposiciones, de fraudes y de imposición militar. Y los fundadores republicanos de 1903, eran hijos de esas conductas, que no pocas veces terminaron en violencia electoral e imposiciones fraudulentas. De allí no es de extrañar las veces que los políticos de uno y otro partido pedían la tutela electoral de los EEUU, como el hermano mayor, con la suficiente fuerza para dirimir el problema del poder político.

Pese a esos problemas que se asomaban cada 4 años, la república siguió caminando y mejorando sus leyes electorales y poco a poco la participación ciudadana se hizo extensiva a todo el país, con prácticas electorales, que hoy condenaríamos a la luz de los avances políticos, pero como método para impulsar la participación ciudadana en los eventos electorales. La educación que comenzó a penetrar todo el tejido social se convirtió en otra arma poderosa en cambiar la mentalidad de amplios sectores de la sociedad panameña y la exigencia de una mayor participación de la ciudadanía en los destinos nacionales. Si observamos que las mujeres en Panamá se organizaron en un partido político en 1923 y el voto selectivo lo impuso Arnulfo Arias en la Constitución de 1941, para reconocer el voto universal de la mujer en la Constitución de 1946. Las dos primeras mujeres elegidas por el voto partidario se dan en las elecciones por la Constituyente de 1946 con la maestra Gumercinda Páez y la profesora Esther Neira de Calvo. La república sigue avanzando pese a los escándalos políticos que se suceden y los cambios también.

Las elecciones en nuestro pueblo no son un ejemplo de pureza electoral ni un ejemplo de civismo nacional. Ricos y pobres recurren a las trampas y se da en todos los partidos políticos y con todos los candidatos. A la compra del voto, a las promesas repetidas, a la mentira, al uso de los fondos públicos y al engaño sistemático. No se discuten ideas ni planes de Gobierno. El país cada cinco años se divide entre gobiernistas y oposición y esa batalla se libra con todas las armas.

Los tiempos actuales, gracias a la tecnología, el ciudadano, tiene mejores instrumentos para estar informado y cuestionar a los funcionarios públicos y a los políticos de turno. Nadie se salva de un “wasap”, de una plataforma, sea verdad o mentira que se diga. Los gobiernos están atormentados con la vigilancia pública y también los partidos políticos, los sindicatos, gremios y los sacerdotes y pastores. Los candidatos a puestos de elección popular son radiografiados por los electores, aunque se impongan los candidatos con sus promesas y sus mañas.

Pero los ciudadanos en general deben tomar conciencia que la perfección de la democracia y de la república dependerá siempre de nosotros mismos. De nuestra participación activa y militante para que los cambios se den. No solo basta con denunciar los males de la sociedad y de sus políticos y funcionarios públicos. La ciudadanía debe activar su militancia. Tomarse las calles si no se corrige lo denunciado. La sociedad por ella misma no se va a corregir, porque la sociedad está compuesta por seres humanos.

Acusamos a los políticos de ser corruptos, lo mismo que al Gobierno, pero no olvidamos que la democracia se perfecciona con la participación responsable de los ciudadanos en los partidos políticos, en la vida gremial, cultural y religiosa. Queremos ver todos los males de la sociedad en la casta política, pero nos olvidamos que fueron escogidos por los votantes en un 75% de los ciudadanos. No nos queremos embarrar con la militancia política por corrupta, pero tampoco queremos hacer nuevos partidos políticos que derroten a los viejos partidos para renovar la vida nacional.

Mientras los panameños, no nos decidamos a renovarnos políticamente, participando en los partidos políticos, instrumentos genuinos de la democracia representativa que tenemos, seguiremos arrastrando nuestras denuncias y nuestros males. Y si no creemos en el sistema electoral o en la democracia representativa, habría que cambiarla por la fuerza de las armas o de las calles, así de sencillo es la cosa, lo demás es seguir cosechando frustraciones. ¡Renovarse señores!

Abogado y profesor universitario