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- 01/09/2023 00:00
Decodificando valores: 'teodiversidad'
Panamá fue bendecida con una biodiversidad así como con una diversidad étnica y religiosa, una “teodiversidad”, gracias a una sociedad tolerante y libre que abraza a toda religión y costumbre. Como en todo el continente, la ciudad de Panamá creció con inmigrantes, al principio pocos. Esto cambió con la construcción del Canal francés que además fundó a Colón en 1850 atrayendo al profesionalismo americano y mano de obra caribeña y africana. Crecí en la capital, testigo de esta variedad étnica, con vecinos, compañeros y amigos de todos los colores, religiones y estratos sociales. Aunque no puedo afirmar que en Panamá no exista la discriminación, yo no la viví y estoy seguro de que no es generalizada. Crecí creyendo que toda diferencia es una ventaja que forma parte de la identidad de cada uno, y no un inconveniente como se cree en otros lugares.
Esta percepción tolerante se dio gracias a muchos factores, entre ellos una educación escolar pluralista, un énfasis en la creación y el comercio, el aislamiento geográfico sin enemigos o amenazas “naturales” y a la separación entre religión y estado. Incluso los peores conflictos que sufrió el país, la ocupación americana y la dictadura, añadieron a esta unidad, aumentando el patriotismo en general. Recordemos que el racismo no comienza de pronto, sino que es un proceso de transformación lenta. Por ejemplo, el holocausto judío en Europa de 1941 a 1945 comenzó con un antisemitismo previo al ser “acusados”, entre otros, de haber perdido de forma humillante la Primera Guerra Mundial, como en “la leyenda de la puñalada por la espalda”. En Francia, a finales del siglo XIX, ya existía el antisemitismo oficial, como en el infame caso Dreyfus.
Pero, en las últimas dos décadas ha incrementado en el mundo el fanatismo, la intolerancia y el tribalismo. Expertos explican esto con la popularidad de las redes sociales, de la televisión en cable y de la retórica extremista de ciertos líderes. Pero pareciera que Panamá ha sido menos afectada por estas negativas influencias gracias a esta antigua tradición pluralista que la ha protegido como vacuna. Sociedades menos pluralistas, y primitivas en cierta forma, como Irán, Afganistán y Rusia, viven con menos paz y prosperidad sufriendo constantemente de conflictos internos o externos como la inflación, la pobreza y la guerra.
Hasta hoy, Panamá sigue siendo un ejemplo de tolerancia. Este 15 de agosto, además de celebrarse los 504 años de la ciudad, el Comité Interreligioso de Panamá bajo el auspicio de la dirección de Etnias de la Alcaldía, coordinó el evento de “Templos abiertos” en el que más de mil personas visitaron a doce distintas casas de oración del budismo, catolicismo, Hare Krishna, islam, judaísmo y Bahaí. No es que estaban fuera de alcance; pero el evento en sí es una reminiscencia de esta “teodiversidad” que es celebrada. La sinagoga KSI recibió a más de 100 visitantes que nunca habían visitado una.
Otro ejemplo es el excelente programa mensual de Fe TV Canal 5 Lehaim Panamá (véase en YouTube). El programa es presentado por Andrea Cogollos y conducido con profesionalismo por el rabino Gustavo Kraselnik y monseñor José Domingo Ulloa Mendieta. Lehaim significa en hebreo “por la vida” y se usa como “salud” al hacer un brindis. Este programa muestra las costumbres judías y su relación con Panamá y el catolicismo.
En resumen, creo que los líderes panameños deben promocionar a esta sociedad pluralista, exponiéndola con orgullo a otros países para que aprendan sobre sus ventajas económicas como sociales. Así como la naturaleza tiene al Biomuseo, podría crearse un centro cultural de “teodiversidad” colocando a Panamá como una meca de tolerancia, valor que el mundo actual tanto necesita.