Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 21/08/2021 00:00
Todos somos Afganistán
Es inadmisible que una potencia militar realice una invasión a otro país so pretexto de restaurar el orden o la democracia, como ya ha ocurrido en múltiples ocasiones. Generalmente, estas acciones siempre llevan ocultas bajo el velo hipócrita del “humanismo” otros objetivos que tienen más que ver con el control geopolítico y de recursos naturales del país invadido.
Afganistán fue invadido por la antigua Unión Soviética en la década de los ochenta a petición de un Gobierno que respondía a los lineamientos ideológicos de esta potencia. Sin embargo, como dicha acción no era conveniente a los intereses de EE. UU., los mismos patrocinaron a los combatientes talibanes para que realizaran una guerra interna contra el Gobierno afgano y contra la presencia militar soviética. Esta ayuda a los talibanes y otras fuerzas, que luego fueron catalogados por los EE. UU. como grupos terroristas, se calcula en miles de millones, lo cual incluía tecnología militar de punta, para, incluso, derribar los sofisticados helicópteros de la Unión Soviética, como se pudo apreciar en la película Rambo III.
Es claro que Afganistán es un país con riquezas naturales y enérgicas inimaginables aún, pero quizá su mayor valor radica en que se encuentra dentro de una zona estratégica de mucha importancia, tanto para las potencias occidentales como para la actual Rusia y China.
Cuando el Gobierno Talibán se salió de control para EE. UU., al igual que Osama Bin Laden, quien fue pieza clave para los norteamericanos en su lucha contra la antigua URSS, entonces EE. UU. decide ocupar militarmente este país para perseguir a los terroristas responsables por los atentados del 11 de septiembre del 2001.
Luego de veinte años de ocupación por parte de EE. UU. y sus aliados de la OTAN en Afganistán, estos países se percatan de que se encuentran en un pantano que involucra la fuga de miles de millones de su presupuesto y deciden negociar con los talibanes, dándole así la espalda a sus viejos aliados.
De forma hipócrita y como es ya su costumbre en materia de asuntos internacionales, el actual presidente Joe Biden justifica la salida de sus tropas de Afganistán argumentando que su objetivo jamás fue instaurar la democracia, sino más bien minimizar a los grupos radicales terroristas que pudieran constituirse en una futura amenaza.
Rusia y China también juegan a la pelota y tratan de sacar algo de provecho de esta retirada estrepitosa de la OTAN y lanzan un guiño a los talibanes, con lo cual prometen ayuda a cambio de que se “dejen domesticar”, descartando todo el pasado de terror que dicho grupo instauró en Afganistán cuando estuvieron en el poder.
A Rusia, China y los aliados de EE. UU. poco parece importarles el hecho de que los talibanes, argumentando sus interpretaciones religiosas, cometan crímenes de lesa humanidad contra los ancianos, niños y principalmente las mujeres; a quienes no dudan en asesinar por cualquier gesto que en nuestros países se hubiera considerado un derecho de género, como el de ir a la escuela y a la universidad.
En nuestros sistemas de justicia, cuando un hombre golpea, maltrata psicológicamente o le quita la vida a una mujer se aplica la ley de manera rigurosa y el o los sujetos involucrados son condenados hasta a penas de cadena perpetua. Un hombre que odia a las mujeres es catalogado como un misógino y los que cometen múltiples asesinatos contra las mismas son llamados psicópatas. Esto nos lleva a la conclusión de que los talibanes no son más que un grupo de misóginos y alienados mentales que justifican sus acciones metiendo a Dios de por medio.
Quien ponga en duda el terror que sienten los afganos normales ante los talibanes solo tiene que mirar las imágenes de gente corriendo despavorida hacia los aviones en los cuales se “encaraman”, aunque tengan que morir de grandes alturas una vez estos despegan.
La ONU finalmente se pronunció sobre las múltiples violaciones de derechos humanos que se están cometiendo contra la población de mujeres, especialmente, en este país de oriente por parte de los Talibanes, pero todo quedará en condena simbólica. Al resto del mundo civilizado, que nos indigna el hecho de que a las mujeres se les prohíba incluso sonreír, solo nos queda decir en solidaridad: Todos somos Afganistán.