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- 11/09/2015 02:00
Cuatro años sin justicia
El tiempo tiene el poder de calmar el dolor y dar resignación, pero cuando recordamos el caso de los cinco jóvenes secuestrados y asesinados en La Chorrera, surgen la inconformidad y un sentimiento de tristeza. ¿Y cómo no sentir desesperanza, cuando recordamos toda la alevosía y maldad utilizadas para cometer tan cobarde hecho? ¿Cómo no sentir un sabor amargo, cuando han pasado cuatro años sin justicia para Sammy, Gina, Joel, Yessenia y Ken ?
Ninguna historia de un crimen tiene un ápice de agradable, pero hay casos que superan en aberración a otros, por cómo fueron cometidos.
El caso de estos panameños recoge toda la maldad y podredumbre humana que uno ni siquiera pudiera pensar que existía. Cobardía, codicia, crueldad, saña, sangre fría, son algunos de las características de los psicópatas involucrados.
Duele en el alma, porque cuatro de los cinco homicidios se hubiesen podido evitar, si quienes tenían el deber de investigar lo hubieran hecho de manera responsable.
Es preciso recordar cómo Yessenia Loo y Ken Woo fueron las primeras víctimas en el 2010. Los casos ocurrieron por separado, pero la poca efectividad de las autoridades para resolver el primer caso dejó impune a la peor banda de asesinos que, al sentir que podían salirse con las suyas, avanzaron confiados hacia la segunda víctima. En ninguno de estos casos se dio con los verdaderos autores de las desapariciones, donde se pagaba el rescate, pero no se respetaba el acuerdo de liberar a la víctima.
Y recordamos estos hechos, para que quienes lean este artículo comprendan que, cuando hay impunidad, la maldad aumenta, la mente criminal se hace fuerte y se afianza en busca de más inocentes.
Así llegamos a septiembre de 2011, Gina Lee, Sammy Zeng, universidad en la ciudad de Panamá, fueron secuestrados en plena autopista de La Chorrera, frente a cientos de conductores, cerca de las 6:15 a. m.
La propia familia de los desaparecidos hizo su investigación y da con un vídeo que mostraba a Alcibíades Méndez comprando las bolsas de basura que fueron utilizadas por los asesinos para marcar un camino donde se pagaría un rescate. Es así como se identifica a uno de los asesinos y se establece que este hombre era conocido por todas las víctimas, lo que facilitó el acceso a ellas.
Con este dato, proporcionado a las autoridades, es como llegan a capturar a Alcibíades Méndez y a Fermín Taveras y/o Ángel Betancourt (ambos dominicanos), quienes, junto a un grupo de personas, lograron lavar el dinero cobrado por el secuestro y gastarlo sin despertar sospechas. En El Trapichito de La Chorrera, una casa fue el escenario del peor de los crímenes registrados en nuestro país, pero a cuatro años, aunque usted no lo crea, no hay justicia.
Nada ni nadie pueden devolverles la vida a estos cinco jóvenes. Nada ni nadie puede llenar el vacío que dejaron como hijos, nietos y esposo. Nada ni nadie pueden calmar el dolor de sus familias, al conocer los detalles de cómo fallecieron. Es una responsabilidad compartida como sociedad pedir justicia para ellos y clamar porque se honre la memoria de Gina, Sammy Joel, Yessenia y Ken.
Los responsables de administrar justicia deben honrar la deuda social de esclarecer todos los hechos y ubicar a otros responsables que participaron en esta conspiración de maldad.
Hay que estar en los zapatos de quien pierde un hijo de esta manera, y tiene que seguir viviendo el día a día. Lo correcto y justo es hacer que paguen todos los que participaron.
Gina Lee, 18 años; Samy Zeng Chen, 19; Joel Liu Wun, 19; Yessenia Lou Kam, 18; Young Wu Ken, 27 , por todos ellos, exigimos que se castigue a todos los responsables. Para todos ellos pedimos que se honre su memoria, que se honre el deseo de su familia y ¿qué mejor manera que haciendo JUSTICIA? Prohibido Olvidar.
ABOGADO