• 05/08/2026 14:05

Apostemos por una gramática contextualizada

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La gramática: un pilar de la enseñanza del inglés. No se puede hablar de la enseñanza del idioma inglés sin mencionar la asignatura de gramática, ya que esta se ha consolidado como un componente fundamental y obligatorio en los planes de estudio de las escuelas secundarias oficiales y particulares de Panamá. Tradicionalmente, su enseñanza ha ocupado un lugar central en la formación lingüística, bajo la premisa de que el dominio de las reglas gramaticales constituye la base para el aprendizaje del idioma.

Paradójicamente, la gramática suele ser una de las asignaturas preferidas por muchos docentes, debido a que sus contenidos presentan una organización sistemática, facilitan la planificación de las clases y permiten evaluar el aprendizaje mediante ejercicios con respuestas claramente definidas. Sin embargo, esa misma característica la convierte, para numerosos estudiantes, en una materia poco atractiva. La memorización de reglas, el análisis aislado de estructuras, la escasa relación con situaciones reales de comunicación y la percepción de que aprender gramática consiste únicamente en evitar errores generan desmotivación y dificultan el aprendizaje significativo.

Cuando conocer las reglas no basta

A través de su enseñanza se procura que los estudiantes aprendan a escribir correctamente, aunque ello no garantiza que desarrollen la capacidad de comunicarse oralmente con fluidez y adecuación. Con frecuencia, los estudiantes son capaces de identificar estructuras gramaticales o completar ejercicios escritos, pero encuentran dificultades para utilizarlas espontáneamente en una conversación o al producir textos con una intención comunicativa específica. En este sentido, puede afirmarse que la enseñanza tradicional de la gramática resulta solo parcialmente eficaz: favorece el conocimiento de las reglas, pero no siempre logra que estas se transformen en herramientas para la comunicación.

¿Qué entendemos por gramática?

Desde una perspectiva lingüística, Noam Chomsky define la gramática como un sistema de reglas que permite generar y comprender un número potencialmente infinito de oraciones gramaticales. Para este autor, la gramática generativa representa el conocimiento mental e innato que poseen los hablantes para producir y comprender su lengua.

Por su parte, Emilio Alarcos Llorach entiende la gramática como la descripción sistemática de las unidades y estructuras que conforman una lengua y de las relaciones que se establecen entre ellas. En otras palabras, la lengua funciona como un engranaje en el que cada elemento adquiere sentido en relación con los demás y contribuye al funcionamiento coherente del sistema lingüístico.

El problema de una gramática descontextualizada

No obstante, la forma en que tradicionalmente se enseña la gramática en muchas aulas suele alejarse de esa visión integradora. Con frecuencia se presenta como un conjunto de reglas complejas que los estudiantes deben memorizar, clasificar y aplicar mediante ejercicios repetitivos, desvinculados de situaciones reales de comunicación. Como consecuencia, la gramática termina convirtiéndose en un verdadero talón de Aquiles para muchos estudiantes, quienes, aunque conocen las reglas, encuentran dificultades para emplearlas adecuadamente cuando necesitan comunicarse.

Esta forma de enseñanza da lugar a una gramática aislada y descontextualizada, en la que las estructuras lingüísticas se estudian como elementos independientes, sin relacionarlas con las funciones comunicativas que cumplen ni con los contextos en los que adquieren significado. En consecuencia, el aprendizaje pierde relevancia para el estudiante y limita la construcción de conocimientos verdaderamente significativos.

La gramática puede compararse con un rompecabezas compuesto por piezas individuales que solo adquieren sentido cuando se organizan de acuerdo con una imagen previamente conocida. De igual forma, las reglas gramaticales únicamente cobran valor cuando el estudiante comprende para qué sirven, cuándo deben utilizarse y qué significado aportan dentro de una situación concreta de comunicación. Aprender las piezas por separado no garantiza que se pueda construir la imagen completa.

La gramática al servicio de la comunicación

Esta concepción encuentra un sólido respaldo en la Lingüística Sistémico-Funcional de Michael Halliday, quien entiende la gramática como un recurso para construir significados en contextos sociales específicos. Desde esta perspectiva, la gramática deja de ser un simple inventario de reglas para convertirse en una herramienta que permite a las personas interpretar la realidad e interactuar eficazmente con los demás.

Esta visión funcional encuentra un complemento en los planteamientos de Teun A. van Dijk, quien sostiene que el lenguaje no puede comprenderse al margen de los contextos cognitivos, sociales y culturales en los que se produce. En consecuencia, enseñar gramática implica mucho más que explicar estructuras lingüísticas; supone ofrecer oportunidades para que los estudiantes utilicen esas estructuras en situaciones reales de comunicación, considerando la intención comunicativa, el interlocutor y el contexto en el que interactúan.

¿Cómo enseñar una gramática contextualizada?

Una gramática contextualizada no significa abandonar el estudio de las reglas, sino enseñar esas reglas dentro de actividades comunicativas auténticas. Analizar un tiempo verbal a partir de una noticia, utilizar las estructuras gramaticales para escribir un correo electrónico, debatir un tema de actualidad o elaborar una presentación oral permite que la gramática deje de ser un contenido abstracto y se convierta en un recurso al servicio de la comunicación. De esta manera, los estudiantes no solo aprenden cómo funciona la lengua, sino también cuándo, por qué y para qué utilizar cada estructura.

Una apuesta necesaria para la educación

En síntesis, la gramática constituye un elemento esencial para la construcción de discursos coherentes y cohesionados, indispensables para una comunicación efectiva. Sin embargo, su enseñanza solo alcanzará plenamente sus objetivos cuando deje de concebirse como un conjunto de reglas para memorizar y pase a entenderse como una herramienta para construir significado.

Por ello, las instituciones educativas deberían promover metodologías de enseñanza de la gramática contextualizada, orientadas a que los estudiantes empleen los recursos lingüísticos de manera pertinente para expresar mensajes claros, lógicos y adecuados a la intención comunicativa, al destinatario y al contexto de interacción.

En definitiva, enseñar gramática no debe consistir únicamente en formar estudiantes capaces de reconocer estructuras correctas, sino ciudadanos capaces de utilizar el lenguaje de manera consciente, eficaz y significativa en las diversas situaciones comunicativas que enfrentan en su vida académica, profesional y social.

* Departamento de Inglés, Universidad de Panamá
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