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- 05/08/2026 00:00
¿Hasta cuándo las escuelas rurales y comarcales serán las peor atendidas?
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Agrega La Estrella en Google ↗️Diversos estudios sostienen que en este país existen por lo menos tres Panamá. El primero, que corresponde a la zona metropolitana donde se ubican las provincias de Panamá y Colón, las más pobladas del país, tiene las actividades económicas más dinámicas y se concentra la mayor parte del PIB nacional, donde ocho de cada diez dólares que ingresa al fisco, proviene de esta zona.
El otro Panamá, corresponde al sector rural, donde tiene lugar la actividad agropecuaria de subsistencia, el empleo precario, algunas industrias atrasadas tecnológicamente y la falta o insuficiencia de servicios básicos para el desarrollo humano (agua no saludable, persistencia de letrinas, falta de electricidad y de internet, escasez de caminos de producción, entre otros).
El tercer Panamá está constituido por las 6 comarcas indígenas, donde la población no tiene acceso a una educación de calidad, la pobreza multidimensional es elevada, escasean los servicios de salud, de educación y es notoria la irregularidad de la asistencia del personal docente.
Esta débil estructura, que no garantiza el desarrollo humano tiene muchos decenios de existir, sin que haya sido posible impulsar políticas públicas y una planificación de largo aliento, para erradicar las causas de esta pobreza y desequilibrios socioeconómicos regionales. Existen experiencias demostrativas interesantes en Corea del Sur, Singapur y Uruguay, entre otros.
Las escuelas rurales y comarcales han sido generalmente desatendidas en la provisión de las condiciones necesarias a para asistir y mantenerse en el sistema, tales como, la infraestructura, la alimentación diaria, acceso al transporte, personal docente calificado y en el desarrollo de las capacidades de la tecnología digital.
Esta tecnología podría ser un diferenciador importante en estos centros educativos, por la capacidad de poseer fuerza innovadora, realizar proyectos interdisciplinarios y desarrollar las habilidades y competencias digitales que demanda la sociedad del momento. También facilitaría abrir espacios para trabajar junto a otros centros escolares del área y fomentar las prácticas integradas para la formación de los docentes.
Al personal docente este recurso tecnológico le permitiría disponer de materiales diversos para dinamizar las clases y fomentar aprendizajes de calidad, así como las condiciones favorables para la comunicación con las familias y otras organizaciones de la comunidad, llevar registros y cumplir con los informes periódicos solicitados por las autoridades educativas superiores.
En estos momentos todo lo anterior parece una utopía irrealizable, dada la escasez e inexistencia de escuelas y mobiliarios dignos, lo mismo que de recursos tecnológicos. Además, están afectadas por la falta de internet, y la existencia de recursos informáticos obsoletos, utilizados durante la pandemia; la falta de apoyo técnico para colaborar en el diseño de los materiales didácticos necesarios, desmotivación de los docentes por la falta de incentivos por estos aprendizajes, la carencia de programas de capacitación continua del docente en la propia escuela, de acuerdo con las características de esa institución.
Elevar la calidad de la educación en las comunidades rurales y comarcales es una exigencia ética y política. Este sector debería tener la más alta prioridad en las decisiones de gobierno y de la sociedad civil, con centros educativos dignos y comunidades conectadas a internet, con docentes bien formados y con incentivos para trabajar en áreas de difícil acceso, apoyados con tutores y mentores experimentados y un currículo enriquecido y flexible, con materiales de lectura en las diversas unidades de aprendizaje que correspondan a los estándares establecidos.
En estas escuelas transformadas, podrían obtenerse resultados educativos de alta calidad, iguales o superiores a los que se obtienen en las pruebas nacionales o internacionales que aplica periódicamente el Meduca. Para ello, es importante, integrar el diseño curricular y didáctico, a la gestión, la investigación, la capacitación continua, la evaluación y el seguimiento.
Al mismo tiempo, impulsar estrategias didácticas dinámicas basadas en la interacción personal y grupal de los alumnos, que fomenten el aprender a conocer, el aprender a hacer, el aprender a convivir con los demás y el aprender a ser, buscando destacar el valor de la solidaridad, el aprendizaje activo y ser intolerantes ante el acoso dentro de la escuela.
El personal docente debe buscar adaptarse a los ritmos y estilos de aprendizaje de sus estudiantes, mantener a los alumnos aprendiendo en el aula, evitar el abandono escolar, establecer centros de interés, promover el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la colaboración, el desarrollo de la autonomía, el control emocional y la responsabilidad social. Se debe impulsar una mayor coordinación entre los diversos niveles de la estructura administrativa del sistema: directores, supervisores de zona, autoridades regionales y del nivel central.
Los fundamentos teóricos y prácticos de referencia, para lograr esta escuela rural y comarcal transformada, se encuentran en experiencias realizadas en ALC y otras regiones del mundo, inspiradas en las obras de Jean Piaget, Jerome Bruner, John Dewey y María Montessori, entre otros autores.
Una innovación de esta complejidad, deberá ser una política continua que debe monitorearse y mejorarse de manera permanente. Esta transformación, bien podría contribuir a cerrar la brecha de la desigualdad y lograr mitigar la pobreza en Panamá.