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- 12/08/2014 02:01
La educación de ayer
No voy a decir que la educación en mi juventud era superior a la actual, la verdad no tengo ya a mi edad ganas de discutir nada. Creo que la felicidad de los viejos radica en aceptar la opinión de todos, aunque internamente sepamos la verdad de todo. No sé por qué, pero me parece que 69 años son un montón y lo que no he aprendido en 69 no quiero aprenderlo.
Yo estudie en el Colegio Javier, comencé en el Casco Viejo, contiguo a la iglesia de San Francisco, donde hice mi primera comunión y mi confirmación, y tengo muy buenos recuerdos del Colegio desde esa época. Entrabamos a la escuela a las 7:45 Primaria, 7:30 secundaria. Salíamos a las 11:45 para almorzar y volvíamos a entrar, para el turno de la tarde, a la 1:30, hasta las 4:45, que terminaba el segundo turno. Recuerdo que, como vivía en San Francisco, mi papá decidió que me quedara en el colegio a almorzar, semiinternos nos decían. Desde los primeros grados, aprendí a admirar a los de los años mayores, la mitad (o más, si no nos gustaba la comida) la usaban de carnada para pescar desde la baranda del colegio. Sacábamos tamboriles, que nos divertían al inflarse al tocarles la barriga, peces aguja y muy pocas veces algún cazón.
Todas esas experiencias se quedaron atrás al mudarnos a Perejil, un moderno colegio que nos impresionó a todos, tenía hasta piscina, pero no tenía ni gimnasio ni Iglesia, pero sí una capilla improvisada en el tercer piso. La misa, obligatoria, dominical la escuchábamos en la Iglesia del Carmen, donde los buses nos recogían el domingo solo para ir a misa, en uniforme de gala (saco y corbata) y luego retornar a casa. Sin embargo, todos los días de clases nos llevaban a misa a la capilla del tercer piso.
Recuerdo que en un año normal dábamos 10 materias, con clases de 45 minutos en el mismo salón, los alumnos permanecíamos y los profesores cambiaban. Las clases eran por semestre y entrábamos en mayo y salíamos en enero. Normalmente cada materia, salvo algunas que eran diarias, eran tres días a la semana. Eso sí, los jesuitas mantenían una rigurosa disciplina y solo al llegar a cuarto y quinto años fue que confraternizamos con los profesores. El Javier era de varones, como María Inmaculadas de niñas, Las Esclavas igual y La Salle de varones. Dos canchas enormes de fútbol, que servían igual para béisbol. Posteriormente se construyó el gimnasio del Colegio y finalmente la Iglesia. Siento que aprendimos de todo y bien educados, con disciplina y mucho respeto a los profesores, unos seminaristas, otros sacerdotes y algunos laicos. Yo, en retrospecto, siento que mi educación fue excelente.
Me casé, tuve mis hijos y empecé a vivir esa etapa que todos los viejos hemos pasado. Primero, la sorpresa de que el colegio ahora es mixto, luego que es de un solo turno, y para colmos, dan menos materias. Mis dos hijos, Frany y Mario, sin embargo, completaron su universidad sin problemas, una profesora graduada, el otro abogado con maestría de Columbia en USA. Hoy, los dos excelentes profesionales. Mi temor de que la educación de antaño era mejor y que con la que recibieron ellos no triunfarían, se disipó. Por eso cuando oigo a ‘viejos’ criticar la educación de hoy, me río, los tiempos cambian, y los métodos modernos van acorde al mundo moderno.
Pero tengo una queja. Siento que la religión que aprendí con las misas diarias y la obligación dominical, le hace falta a la educación de hoy. Si se oye la Palabra de Dios en el Evangelio diario, no le puede hacer daño al joven, se nutrirá de la espiritualidad que hoy no tienen. Sé que muchos ‘viejos’ no compartirán mi preocupación, pero, en un mundo donde no dudo que la próxima guerra mundial y muchas guerras regionales serán por problemas religiosos, tenemos que fortalecer la espiritualidad de las próximas generaciones.
Hoy, me duele ver egresados de colegios ‘católicos’ que no frecuentan la Iglesia, muchos salen del colegio y van esporádicamente a misa en domingo. Claro, eran otros tiempos, era mi juventud, cuando los colegios privados eran cuatro católicos, uno bautista y uno laico. Cuando un bus colegial se identificaba con el colegio, los colegios no eran mixtos. Y, de paso, los colegios oficiales eran igual de buenos, desde el Instituto Nacional al experimental Fermín Naudeau. Cuando se aprendía francés y latín, junto al inglés.
*INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.