• 06/03/2015 01:00

Una solución definitiva para Barro Blanco

'Las instalaciones de energía hidroeléctrica requieren la mayor de las inversiones iniciales y contaminan la atmósfera con gas metano'

El de Barro Blanco no es un conflicto entre inversionistas progresistas y obtusos indígenas Ngäbe Buglé; es un conflicto entre capitalistas inescrupulosos y protectores de la naturaleza y de los derechos comarcales.

Las instalaciones de energía hidroeléctrica requieren la mayor de las inversiones iniciales y contaminan la atmósfera con gas metano, producido por la descomposición de las plantas sumergidas en los embalses, que constituye alrededor del 7 % de los gases que causan el efecto invernadero, que a su vez aumenta las temperaturas atmosféricas; pero las hidroeléctricas panameñas a largo plazo son una de las mejores inversiones del mundo, porque, en lugar de barata, venden su energía al mismo precio que si la hubieran generado utilizando generadores que operan consumiendo combustibles derivados del petróleo, y cuyos costos de producción por kilovatio-hora son aproximadamente tres veces mayores que los de las hidroeléctricas. Por algo los políticos corruptos siempre han promovido la construcción de hidroeléctricas en Panamá.

Las plantas generadoras de energía termoeléctrica requieren la menor de las inversiones iniciales, pero sus costos de producción y la contaminación que causan son los más altos de todos; aunque los consumidores son quienes pagan por el mayor costo de producción a través de las altas tarifas aprobadas por el Gobierno. En cambio, sus ganancias a largo plazo son considerables, así que algunos inversionistas incluso sueñan con anclar barcazas conteniendo generadores termoeléctricos en la Bahía de Panamá.

Actualmente las dos principales clases de generación eléctrica realmente verde son producidas con luz solar y con vientos, no contaminan en nada el medio ambiente y además crean un mayor y variado número de empleos; pero, al presente, requieren inversiones iniciales que todavía son altas o intermedias, respectivamente, y estos dos factores contribuyen a que las ganancias a largo plazo sean menores que las de las hidroeléctricas o de los generadores termoeléctricos.

Así que todo se reduce a cuáles sean las prioridades del Gobierno: un medio ambiente más limpio, sano y fresco, o una mayor ganancia para los inversionistas inescrupulosos y los políticos corruptos. Naturalmente que cuanto más corrupto sea un Gobierno, más alta prioridad le dará a las hidroeléctricas y a los generadores termoeléctricos.

En Europa, donde la mayoría de los Gobiernos son relativamente honestos, hace años que no se observa la construcción de grandes represas hidroeléctricas ni la instalación de grandes plantas de generación termoeléctrica; mientras que en EE. UU. y Latinoamérica difícilmente tendremos abundante generación verde, mientras los capitalistas salvajes, incluyendo las poderosas compañías petroleras, sigan contando con políticos corruptos que se presten para promover plantas de generación eléctrica tecnológicamente obsoletas que contaminan más el medio ambiente, pero que producen mayores ganancias.

En el caso específico de Barro Blanco, la compañía Generadora del Istmo, S. A. (GENISA) inicialmente le aseguró a los indígenas que el embalse de su hidroeléctrica no inundaría ningún terreno comarcal, lo que permitió iniciar la construcción sin objeción alguna; pero, después de iniciada la construcción, la compañía unilateralmente decidió aumentar el tamaño del embalse, para poder generar más energía y aumentar sus ganancias. O sea, un típico caso de ‘juegavivo’ que los políticos corruptos defienden diciendo que se trata de un problema de ‘seguridad jurídica’.

Hay que aplaudir la forma en que nuestra vicepresidenta y canciller, Isabel Saint Malo de Alvarado, ha estado manejando este conflicto hasta el presente, evitando que GENISA se salga con su embuste; porque puede apreciarse una campaña de ‘relaciones públicas’ dando a entender que GENISA está siendo víctima inocente de unos indígenas intransigentes.

Hay que tener presente que si GENISA queda operando la hidroeléctrica, ésta se convertirá en un permanente dolor de cabeza; porque la historia demuestra que prácticamente la totalidad de las compañías hidroeléctricas prometen unas cosas, pero hacen otras, como GENISA ya lo ha demostrado, y como también solía hacer nuestro expresidente, quien posiblemente también esté metido en este embrollo.

Una solución definitiva al conflicto sería la nacionalización de la hidroeléctrica Barro Blanco, que podría considerarse como un proyecto ‘llave en mano’, incluyendo, por ser conveniente, el entrenamiento de algunos indígenas que velen porque las aguas del embalse nunca inunden alguna tierra comarcal; pero reconociéndole a GENISA solo el costo que hubiera tenido la represa si ha sido construida de menor tamaño, igual al proyecto inicial.

Así que el tiempo dirá si el presente Gobierno extirpa este brote de corrupción y si nuestro nuevo cardenal lo respalda decisivamente; o si, por el contrario, las cosas sigan igual que antes.

OPINION@LAESTRELLA.COM.PA

*JUBILADO DEL CUERPO DE INGENIEROS DE EE. UU.

Lo Nuevo