• 04/08/2026 12:00

Capira no cumple 171 años

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Cuando Capira obtuvo jurisdicción como distrito, a través de la Ley del 12 de septiembre de 1855 sobre división territorial, ya tenía 227 años de existencia como pueblo colonial. Una carta de la Audiencia de Panamá al rey informó que San Isidro de Quiñones de Capira fue fundado en 1628, como un pueblo de indígenas libres y con cura; y el rey los exoneró del tributo a la corona. Por tanto, el próximo septiembre, Capira no va a cumplir 171 años de fundación, sino de jurisdicción distrital. De fundación, son 398 años.

Fíjense que el artículo 2 de la Ley usa el verbo “erigir” y no fundar, porque los pueblos ya están creados. “Eríjanse en distritos las poblaciones que enseguida se expresan” y cuando abordan al Departamento de Panamá enumeran a “la ciudad de este nombre, y los pueblos de Arraiján, Capira, Cruces, Chame, Chepigana, Chepo, Chorrera, Gatún, Gorgona, Pacora, Taboga, San Carlos, San Miguel, Saboga y Yaviza”.

Erigir significa dar a alguien o algo un carácter o categoría que antes no tenía. De tal manera que todos eran pueblos ya existentes; ninguno se fundó con esa Ley.

De este error o mala interpretación se percató Penonomé (que también fue erigido distrito en 1855), cuando la comunidad se organizó para crear el Museo de Penonomé. Investigaron y consultaron historiadores prominentes y hubo versiones contrarias, pero la comunidad aceptó trabajar con la fecha del 30 de abril de 1581.

Precisamente, ahora que estoy investigando ad honorem (gratis) la historia de mi distrito para el proyecto del Museo de Lídice y la Cultura Capireña, me enfrento a una Capira que desconocía: ancestral, precolombina, de indígenas nómadas que cultivaron la tierra hace 7000 años en Monte Oscuro, de indígenas que vivían en cacicazgos (los que hablaban la lengua cueva), de un pueblo indígena (los Coclé) que rápidamente se volvió mixto; en fin, un territorio con una huella humana antigua, que una ley de división territorial dictada cuando intentamos ser Estado Federal de Colombia no puede opacar. Corrijo: No deberíamos permitirlo.

El libro Conquista, evangelización y resistencia de Alfredo Castillero Calvo cuenta cómo los indígenas Coclé (mencionados como belicosos) consiguieron que la Audiencia de Panamá les diese el cerro de Capira como pueblo, un sacerdote pagado y que el propio rey los exonerara del tributo a la corona española.

Este libro también indica que “en Junta de Hacienda del 15 de noviembre de 1628, la Audiencia de Panamá le fijó 300 pesos de 8 reales de estipendio al doctrinero durante un período de tres años”, ¿será este el día específico de fundación del pueblo colonial de Capira?

El libro Geografía de Panamá de Omar Jaén Suárez recoge un texto del Obispo de Panamá, Pedro Morcillo Rubio y Auñón, de 1736, donde da cuenta de las poblaciones de Panamá. Las descripciones que dio de Chorrera y Chame fueron despectivas, pero no fue severo con el pueblo capireño: “Síguese el Pueblo de Capira, gente más racional, hay más familias blancas; es la población más en forma que en Chame, y más cuantiosa, habrá hasta ciento cincuenta casas, o ranchos; y en todo género de gentes, chicos y grandes habrá hasta ochocientas almas” (sic).

El libro de Castillero Calvo nos ofrece otros detalles: para 1746, el sacerdote de Capira fue Luis Joseph Lascano y, para 1758, el pueblo contaba con tres religiosos.

Pero la historia de este territorio al oeste del istmo panameño es mucho más remota. Un estudio científico del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales evidencia que cuando el clima estaba cambiando del Pleistoceno Tardío (la última etapa de la Era del Hielo) al Holoceno Temprano (la transición hacia el clima actual), el indígena nómada, que vivía en comunidad pero que no se establecía en un sitio, habitó el territorio que hoy conocemos como Capira y cultivó maíz y zapallo, mediante la técnica de roza y quema (fuego). El estudio paleoecológico y arqueológico fue hecho por Dolores Piperno y John G. Jones en Monte Oscuro, Cermeño.

No vayan a pensar que fuimos los primeros agricultores del istmo, porque no es así. En La Yeguada, donde se ha hecho este tipo de estudios, obtuvieron registro de que el ser humano manipuló el bosque con fuego desde hace 11,500 años. Monte Oscuro vino a confirmar los datos de La Yeguada y ofreció información de alcance centroamericano.

Monte Oscuro constituye un archivo paleoecológico invaluable que demuestra la alta sensibilidad de los ecosistemas panameños a los cambios climáticos globales y documenta el profundo arraigo temporal de la huella humana en la configuración de los paisajes tropicales de la región de Panamá Oeste”. Con ese párrafo, Piperno finaliza su artículo científico, que publicó en 2003.

El proyecto del Museo de Lídice y la Cultura Capireña tiene como meta hacer una exposición de esa evidencia paleoecológica, que nos dice cuán ancestral es nuestra tierra. No acabamos de nacer, señoras y señores. Nuestro Capira no tiene 171 años y precisamente para esto sirve un museo y la investigación de la memoria histórica, para rescatar nuestra historia y conmemorar nuestras fechas cívicas no solo con fiesta. ¡Celebremos bien, con fiesta y con espacios que fomenten el conocimiento y la identidad cultural de nosotros, los capireños!

* La autora es investigadora ad honorem para el proyecto del Museo de Lídice y la Cultura Capireña
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