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- 16/01/2015 01:00
El caso de Lucy Molinar
Primero, lo positivo. El año anterior me tocó administrar dos cátedras en la facultad de Comunicación Social, de la Universidad de Panamá. Volví a darles clases a estudiantes de primer año. Debo admitir que ellos demostraron mayor capacidad, mejor nivel de educación, al compararlos con otros años. Frente a este panorama alentador, llamé a Lucy Molinar para decirle que no había arado en el mar. Los resultados positivos los sentí. Ello quiere decir que los cinco años como ministra de Educación estaban dando sus frutos.
En junio de 2009 cuando se mencionaba el nombre de Lucy para ocupar un puesto importante en el gobierno de Martinelli, me tomé el atrevimiento de llamarla. Le dije que no aceptara el cargo. ‘Es mejor que sigas como periodista; no mates la profesión que tanto amas’, le expresé. En ese momento no me imaginaba lo que sería Ricardo Martinelli como gobernante; no se me pasaba por la mente el final que iba a tener su administración. Voté por él, convencido en el cambio. Le di mi aprobación luego de llegar a la conclusión de que no necesitaría robarse un real del pueblo. ‘Es millonario, por lo tanto no cederá ante las oportunidades o las tentaciones’.
El consejo a Lucy Molinar estaba basado en mi experiencia. El aceptar ser el Secretario de Prensa, durante el gobierno de Guillermo Endara Galimany, provocó que dejara a un lado mi profesión como periodista. Luego de renunciar a la posición, para dejarle el espacio libre al nuevo Presidente de la República, recibí ofertas para volver a la que fue mi casa: RPC Televisión. El nivel ético del momento pudo más y no acepté. Lo mismo pasó con Televisora Nacional Canal Dos. Y es que el haber estado tan ligado a un gobierno minaba lo más importante en un comunicador social… la credibilidad.
Cuando supe que MEDCOM nombró a Lucy, luego de su paso por Educación, comenté que era un gran error, tanto del medio como de la periodista. Lucy tenía que dejar pasar un tiempo. En mi caso me puse un sabático de ocho meses. Era como lavarse la cara, quitarse las ataduras como funcionario y luego de ese proceso volver a los cauces del periodismo. Pese a los comentarios de muchos dirigentes educativos siento que ganamos una ministra pasajera, pero, perdimos a una excelente periodista. Hay marcas que perduran por mucho tiempo y la que adquirió, Lucy, como miembro del gabinete de Martinelli, la perseguirá por muchos años.
Igual proceso se dio con Giácomo Tamburrelli; él es amigo de mi esposa desde la infancia. Cuando se manejaba como alta figura de Cambio Democrático no provocó reacciones adversas, pero cuando fue nombrado en el Fondo de Emergencia Social, hoy PAN, le aconsejamos que, dada la reputación de su familia y la estabilidad financiera adquirida en buena lid, no era aconsejable meterse en esos vericuetos. El consejo cayó en saco roto y allí tenemos las consecuencias. No estoy señalando a nadie, tampoco acusando, pero, por lo que se ve, lee y oye, pareciera que hay muchas cosas podridas que emanan olores nauseabundos.
Reitero, lo que dije, hace un mes; con independencia de los señalamientos, Martinelli deja obras concretas que no se podrán borrar; cada vez que pasamos por los viaductos o abordamos el metro, muchos, en silencio, exteriorizarán un agradecimiento profundo. No sé en qué va a parar lo que está sucediendo. En mi caso me desligo de aquellos periodistas que festinan cuando ven a alguien esposado. Me aparto de los comentaristas que se alegran del dolor ajeno. Me uno a los que piden se aplique la justicia sin distingo, a los que rechazan los linchamientos mediáticos. Censuro a los que juegan con las reputaciones, a los que no dan cabida a la presunción de inocencia, a los que filtran folios de expedientes que solo deben ser del conocimiento del juzgador y del juzgado. Ahora, si el juzgado quiere airear parte del expediente eso sería harina de otro costal, pero si quien lo hace es el fiscal, juez, etc., entonces que le caiga el peso de la justicia divina.
*EL AUTOR FUE SECRETARIO DE PRENSA DE GUILLERMO ENDARA GALIMANY