Los capturados fueron ubicados en la comarca Ngäbe-Buglé, las provincias de Veraguas, Los Santos y Panamá
- 31/05/2019 02:00
¿Ya un hábito el cambio político cada cinco años?
Con amplia libertad, me he permitido estos comentarios dedicados a la juventud honesta de nuestro querido Panamá. Se trata, esta vez, de apuntamientos sobre Historia Patria a partir de la Segunda Mitad del Siglo XX hasta los Comienzos del Siglo XXI.
Me refiero, pues, a acontecimientos significativos, según mi leal saber y entender, pero consciente de que mi enfoque es humano y que ¿‘humanum errare est'?
No deja de ser muy significativo el hecho de que en todas las elecciones efectuadas después de la invasión de 1989 contra el Gobierno militar comandado por el general Noriega, todas las elecciones realizadas han sido ganadas por la oposición al Gobierno civil de turno en el quinquenio anterior. ¿Habremos desarrollado al respecto ya un Hábito Nacional, como consecuencia de una falta de Visión Nacional compartida'? ¿Se tratará, en cambio, simplemente de la Soberbia o hasta la Avaricia de que nos habla Fernando Díaz-Plaja en su famosa obra ‘El Español y los Siete Pecados Capitales'?
Los hábitos simplifican nuestros movimientos y disminuyen la fatiga, nos dice el distinguido sicólogo y filósofo William James. Y todo indica que nuestra única libertad consiste en observar y juzgar. Más aún, es de esperar que exista una fuerte unión entre nuestros hábitos y los más sentidos deseos.
No es posible concluir que todos los expresidentes, los integrantes de sus gabinetes ministeriales y otros asesores especiales hayan sido totalmente incompetentes. Tampoco que muchos de nuestros problemas no tengan respuestas adecuadas y hasta se agravan paulatinamente. O que, si bien conocemos algunas de las respuestas necesarias, ellas implican medidas políticamente inaceptables para los propios votantes.
¿Acaso muchos de nuestros problemas tengan raíces muy profundas en nuestro pasado, que ignoramos o nos cuesta reconocer?
Así, por ejemplo, observo que entre las críticas aparentemente contundentes contra el ahora saliente presidente Varela, se esgrime el hecho de que intervino indebidamente en el Órgano Judicial. Todavía frescas en la memoria, otras críticas incluían su insuficiente defensa del interés nacional cuando la repetida crítica internacional por los llamados ‘Papeles de Panamá'. O ‘la destrucción del barrio del Cangrejo', como resultado de la ampliación de aceras con la intención de facilitar el tránsito pedestre. O el supuesto nombramiento de numerosos comisionados ‘con salarios mensuales entre ocho mil y diez mil balboas'. O el manejo del tema de inmigración ‘bajo el control total de la Policía Nacional'.
¿No ha sido tradicional acaso que el Ejecutivo irrespete la necesaria independencia e idoneidad de nuestros jueces, empezando por la Corte Suprema, como señala la primeramente mencionada crítica a la gestión presidencial ahora por terminar? Mientras que reconocemos la deseable existencia de una verdadera oposición política a nivel del Órgano Ejecutivo, ella no tiene por qué extenderse al Órgano Judicial.
Tal vez en este sentido (y tantos otros) sea indispensable una novedosa política a partir del mes de julio de este año. Pero, estemos claros: ello no resulta fácil cuando desde la Colonia aprendimos a repetir aquello de que ‘¡La Ley se acata, pero no se cumple!'.
Pues bien, no puede resultar fácil, pero es indispensable cambiar una politización que conlleva con frecuencia a falta de idoneidad, profesional y ética, cuando un nuevo Gobierno enfrenta una situación de previa politización reinante. ¿Hasta qué medida seremos capaces de acercarnos al ideal democrático de ‘Un Gobierno más de leyes que de hombres'?
¿Es acaso concebible una elección de futuros magistrados no solamente compartida por los mayores partidos, sino además, que sean escogidos de listas preparadas por el Colegio de Abogados y otros organismos de la sociedad civil? ¿Acaso preferimos seguir dando la espalda a los estudiosos y consagrados profesionales de las leyes con que siempre hemos contado?
En todo caso, sobre otras significativas, deseables y posibles alternativas, comenzando con la educación, base del futuro de cualquier país, me permití una gran cantidad de consideraciones en un artículo de opinión publicado por la Decana de la prensa istmeña el pasado mes de febrero de este año.
ABOGADO Y ESCRITOR.