• 28/01/2011 01:00

Organización comunitaria

P odría haber hecho otro artículo denunciando los problemas que una parte de la población panameña ya conoce, pero es muy difícil que qu...

P odría haber hecho otro artículo denunciando los problemas que una parte de la población panameña ya conoce, pero es muy difícil que quien hasta ahora no se ha dado por enterado de problemas como la masacre en el Centro de Corrección de Menores, la crisis del agua, el negociado de la compra de los corredores por parte del Estado, la gaznatada diaria a la libertad de expresión, entre otros, se vaya a dar cuenta de ellos por medio de este artículo de opinión y quizás, cuando este artículo de opinión sea publicado, habrá muchos otros problemas sociales, políticos, económicos y culturales en la palestra.

Como decía, no es el objetivo de este artículo denunciar problemas, sino aportar una solución a aquellos.

A veces caemos en estados emocionales realmente pesimistas, cuestión común debido a los problemas personales que le van cayendo a uno. Prendemos la televisión, escuchamos la radio y abrimos los diarios como ciudadanas y ciudadanos responsables para informarnos de lo que pasa en el país y nos sentimos aun más derrotados, desconfiando hasta del vecino por la inseguridad, de los empresarios por el ánimo de lucro desmedido que se manifiesta en el alza continua de los productos más básicos para la vida diaria, y de los altos jerarcas del gobierno por las decisiones desafortunadas (por decir algo suave; no vaya a ser que aprueben alguna ley para meter preso a quien los insulta) que terminan por afectar siempre a las clases económicas menos favorecidas, llenándose ellos allá los bolsillos con cada movida politiquera… En fin, terminamos realmente disgustados con lo que pasa afuera, además de tener bastante con los asuntos propios.

Esa desconfianza a la que nos han acostumbrado degenera poco a poco en una malicia dañina, que nos hace pensar en la humanidad como un monstruo maligno. Pero seguimos siendo parte de ella, por lo menos hasta el día de la muerte y lógicamente no podemos permanecer de brazos cruzados, menos aún pretender que hartándonos de cervezas, jugando al casino o enviciándonos con las novelas en la TV o los juegos de fútbol, esa realidad desaparecerá haciéndonos inmensamente felices, pues luego, al acabarse el momento de esa diversión alienante, seguiremos sintiéndonos vacíos y enojados con nuestros semejantes.

Aquello de organizarse en familia o con los amigos a hablar de los problemas sociales es un buen comienzo, teniendo en cuenta que las cervezas o el licor son realmente prescindibles, incluso sin ellos se mantiene el orden de la conversa sin las incoherencias que se hablan con ‘las copas de más’. Es interesante, por ejemplo, conversar con los abuelos. Preguntándole a mi abuela, si alguna vez había vivido algo como la crisis del agua, me dijo que en 60 años de vivir en la ciudad jamás había experimentado algo como eso, con todo y los problemas propios de la falta de tecnología en cuanto a potabilización y distribución que se vivían en aquellos tiempos. Otra vez, en un conversatorio sobre derechos humanos en el Instituto Fermín Naudeau, nos retroalimentamos sobre el tema con cada estudiante, los planteamientos con que opinaban y la inteligencia con la que preguntaban superaban con creces los planteamientos absurdos de la media de los diputados al proponer anteproyectos de ley o a los servicios de ‘inteligencia y contra-inteligencia’ del Palacio de las Garzas, fundamentados en verdaderos bochinches politiqueros.

Organizarse con los vecinos para hablar sobre los problemas de la comunidad y tomar acciones es algo que solemos hacer en situaciones extremas, cuando todo ha fallado y no es que no esté bien aquello, pero con una ‘reunión de urgencia’ lo más que se puede hacer es buscar ciertos paliativos sin atacar los problemas de raíz. Por ello es una necesidad que las comunidades se organicen para discutir y tomar acciones pero dándole continuidad al asunto.

Es bien sabido que formas de organización como los partidos políticos tradicionales, han degenerado en grupejos que se movilizan según los intereses de uno o dos gamonales; y organizaciones del movimiento social, con objetivos específicos han pasado a llenar espacios de discusión y acción cada vez más necesarios en nuestro país. Por ello, creemos firmemente en la organización de las comunidades como una forma de combatir estos problemas sociales que nos aquejan.

*ESTUDIANTE DE DERECHO

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