• 05/06/2026 00:00

Conceptos literarios e información autobiográfica

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Por supuesto, estoy consciente de que un escritor no debe limitarse solamente a serlo con respecto a los temas tradicionales, propios de su especialidad, sin interesarse en investigar o incluso vivir otros temas que, como todo lo humano, pueden perfectamente ser abordados también por la creatividad de un autor talentoso. Pero semejante decisión no es siempre un deseo consciente, un compromiso claramente adquirido con otros aspectos de la vida...

Esto es así porque no todo lo que forma parte de un buen cuento, de una talentosa novela o de una serie de poemas con determinado estilo y temática es el resultado de decisiones siempre conscientes. El inconsciente juega también un papel fundamental en la escritura literaria, porque, a su vez, forma parte del mundo interior de quien escribe, de sus recuerdos y deseos no siempre a flor de piel. Lo que pasa en el mundo, sus logros y sus catástrofes, también afectan para bien o para mal a quienes escribimos.

También resulta fundamental tener claro que es muy importante dominar diversas técnicas narrativas, a fin de imprimirle variedad y sorpresa al texto creado. Así, escoger muy bien a los narradores de la historia, tomar en cuenta la importancia que puedan tener tanto la atmósfera como los hechos mismos relatados, resultará siempre absolutamente esencial.

Por otro lado, tanto el ensayo formal como los artículos de opinión y las reseñas críticas que se publican en revistas y en periódicos pueden formar parte también del interés de un escritor que se precia de serlo, independientemente de si el tema a tratar es de índole literaria o no. Sin embargo, debe quedar claro que no es obligatorio que así sea. Se puede ser solamente cuentista o novelista o poeta o dramaturgo o ensayista literario, como nada más ser cultor de uno solo de estos géneros literarios... Lo que debe prevalecer es la calidad.

Sin embargo, son variadísimos los temas que un autor toma de la realidad que lo rodea; o que de un mundo puramente imaginario “se saca de la manga”, que son capaces de alimentar una obra literaria escrita con responsabilidad y sentido crítico, sobre todo cuando tales temas entran en conflicto con las ideas o con la personalidad del escritor, o por lo contrario le son afines...

En rigor, no existe un tema sobre el cual no pueda escribirse un buen cuento, novela, poema, ensayo u otra teatral. Así, cualquier asunto –tanto de la Realidad como de la Irrealidad– puede entrar al ruedo “mágico” de un creador literario y convertirse en una obra de arte, siempre y cuando exista previamente una cualidad con la que se nace o no: el talento.

En los cursos de literatura creativa –como los que ofrecen desde hace años tanto la Universidad Tecnológica de Panamá como el Ministerio de Cultura–, al igual que en los buenos talleres literarios, explorar la creatividad de los asistentes es un primer paso fundamental mediante una serie de lecturas y ejercicios discutidos en clase, para sólo entonces abordar con el mayor detalle y objetividad posibles los textos de los participantes, independientemente del género literario de que se trate.

Si bien en Panamá Rogelio Sinán fue el primer escritor importante en revisar y aconsejarme acerca de mi primer libro de cuentos, “Catalepsia”, publicado en Panamá en un lejanísimo 1965 por el Ministerio de Educación, en mi caso particular la primera experiencia integral como cuentista en ciernes a nivel internacional ocurrió durante once meses de 1971 como escritor panameño becado en el ya desaparecido Centro Mexicano de Escritores, al haber obtenido una beca mexicana para ello a finales del año anterior estando aún en Panamá.

Ahí, bajo la tutela crítica de los muy reconocidos escritores mexicanos Juan Rulfo y Salvador Elizondo, escribí 40 cuentos en los que lo fantástico, lo onírico, el absurdo y la metaficción compartieron sitios muy poco frecuentados hasta el momento en la literatura panameña.

Por cierto, el primer crítico nacional en referirse por escrito a esa novedad fue el Dr. Ricardo J. Segura (1938-2002), profesor de la Universidad de Panamá. Y en México, la escritora Rosario Castellanos, en una columna suya en el periódico “Excélsior”. Y ahí habría de escribir los cuentos de mi libro más reconocido internacionalmente: “Duplicaciones”, que en 1973 publicó la Editorial Joaquín Mortiz, una de las más prestigiosas del momento. Pasando el tiempo, otra editorial mexicana, luego sendas editoriales españolas, y finalmente en Panamá la pequeña editorial de la Universidad de la Américas (Udelas), reeditaron el libro, con lo cual aumentaron los estudios críticos sobre sus contenidos, tanto localmente como en otros países.

Sobre todo debo mencionar y agradecer al chileno Fernando Burgos, la española Ángela Romero Pérez, y los panameños Fredy Villarreal Vergara, Yolanda Hackshaw, Danae Brugiati Bousounis, Rodolfo de Gracia Reynaldo, Ela Urriola y Melquiades Villarreal Castillo, entre otros, quienes hasta la fecha han seguido ocupándose del análisis de mis libros, junto con los mexicanos. Mónica Lavín, Lauro Zavala y Araceli Solí Soto, y los venezolanos Joel Bracho Ghersi y María de los Ángeles Pérez-Talavera.

*El autor es escritor, profesor jubilado, promotor cultural y editor
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