• 05/08/2011 02:00

La crisis sanitaria y nosocomial

MÉDICO SALUBRISTA. . H ay veces que la vida nos coloca frente a situaciones nuevas, las cuales, sin embargo, se nos antojan recurrente...

MÉDICO SALUBRISTA.

H ay veces que la vida nos coloca frente a situaciones nuevas, las cuales, sin embargo, se nos antojan recurrentes (El clásico ‘Déjà vu’ o ‘ya lo he visto’). Inicio estas reflexiones acordándome de las enseñanzas de un viejo maestro sanitarista, don Luis Peregrina Pellón, director de la Escuela de Salud Pública de México, hace ya tres décadas, quien nos decía, siempre sabio, cáustico y burlón, que los grandes hospitales eran a la Salud lo que los dinosaurios en la Tierra... grandes máquinas devoradoras de recursos y lábiles ante cualquier eventualidad. Es decir, eran no sostenibles. En un gran hospital, nos decía, se pierde la relación médico—paciente, se pierden los pacientes entre todos los otros pacientes, se pierden los médicos ante las autoridades, evaden responsabilidades y se pierden física y personalmente, se pierden los instrumentos, se pierde la paciencia, se pierde la honorabilidad y se pierde la seguridad. Para ejemplo nos hablaba de los problemas de un gran hospital del Distrito Federal, cuyo nombre no quiero mencionar por respeto a la enorme carga de problemas acumulados sobre el sufrido y estoico pueblo mexicano.

Estos recuerdos acuden a mi mente recurrentemente ante la trágica realidad del CHM, donde, crisis tras crisis, se pierde el rastro de las responsabilidades y se pierde la confianza de la población.

La asertividad de estas declaraciones se ponen en evidencia ante las honrosas excepciones producidas por el funcionamiento regular y consistente de la pequeñas adquisiciones realizadas en la época del profesor Jované, tales como el hospital de especialidades Pediátricas y el Susana Jones.

El caso del CHM es tan polémico como el de los dinosaurios: ¿Qué los extingue? ¿Su capacidad devoradora de recursos hasta agotarlos o su falta de adaptación a los cambios que exigen los tiempos? Me resisto a concentrar las imputaciones solo en las personalidades directivas, no porque no tengan culpa, que la tienen por incapacidad y omisión de responsabilidades (y por comisión, lo cual sostengo a nivel de sospecha). A fuer de verdad cada administración es más gris que la anterior, pero el problema viene de atrás, de la concepción de servicios. Me rehúso a darle a estas grises personalidades las características apocalípticas para, de por sí solas, marcar un destino hacia la disolución de la seguridad social.

Hay en el fondo un factor de la concepción de servicios alejados de la población, un dinosaurismo que se hereda y cultiva en el paso entre una y otra administración. De este pecado no se libran ni los dirigentes de la Junta Directiva, ni los gremios cuya visión del contexto es obnubilada por la reivindicación particular. En el fondo del bosque lo que se ve es un curso inexorable hacia el reparto privatizador, alimentado por la escusa de los malos resultados del actual modelo de gestión. Así, del pasado modelo público, estamos transitando por el camino público—privado que nos llevará a una privación total de derechos por parte de los trabajadores. Pero esta imposición de modelos se realizará sobre el rastro de lágrimas y dolores provocados por la acumulación de grandes crisis, tales como: las diálisis contaminadas, los jarabes envenenados y el desgreño administrativo e higiénico actual, que permite el anidamiento de bacterias resistentes.

Proyectos faraónicos vs sostenibilidad La historia de la Humanidad nos enseña que los grandes grupos biológicos tienen un equilibrio precario que se basa en el avance continuo; cuando este paso no progresa le pasa lo que a la bicicleta detenida: se cae.

Así, el destino siempre pasa por la elección entre lo grande y lo chico, y precisar qué es lo que nos da sostenibilidad y equilibrio. Cuando tocó la hora de la finalización de los gobiernos oligárquicos del largo periodo inicial de la República, al doctor José Renán Esquivel le correspondió opcionar por la proliferación de múltiples unidades pequeñas de salud, que le dieran sostenibilidad al esfuerzo de la maduración independiente de la república. Hoy, en la hora del regreso oligárquico volvemos a esquemas superados, como el proyecto del súper complejo a los pies del Puente Centenario, el cual se arguye como la panacea a los problemas que se confrontan en el momento, causados entre otras cosas por el gigantismo.

Un viejo zar sindical mexicano, pilar de la sostenibilidad del régimen priista, a quien le correspondía el honor de la proclamación del nuevo delfín presidencial aconsejaba a sus pupilos: ‘Como gobernante, si quieres prosperar (tú), construye’ (con el dinero público).

El gigantismo no funcionará, se producirá una tendencia a la mixtura de servicios público—privados que resultarán más privados progresivamente. Asistiremos a una recurrencia de los problemas y, finalmente, se expropiará al pueblo de sus dineros y de su salud.

En medio de todo esto, asistimos a una serie de puestas en escena de escenarios de seudo diálogos, frente a los cuales solo nos queda indagar: ¿Qué se pretende legitimar en las convocatorias y en dónde queda la real participación y contraloría de la sociedad? Indagar y responder a esto implica todo un programa de movilización social.

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