• 08/09/2026 00:00

Cuando el pensamiento crítico se ausenta de la academia, pululan las cantinfladas

En las últimas décadas nuestra Educación universitaria ha sido reprochada de ser una entidad que ha dejado de responder a los intereses nacionales y populares que les dieron origen. Esta acusación, que salvo honrosas excepciones no tiene un ápice de calumnia, se refleja en el hecho de que cada vez producen menos conocimientos para resolver problemas sensitivos de la comunidad nacional, papel desempeñado de alguna manera hasta los años anteriores a la invasión norteamericana que sufrimos en 1989.

No es que no existan quienes desde la docencia y la investigación (cuando esta existe) promuevan y produzcan Pensamiento crítico en nuestras universidades, la cuestión es que este ha sido sistemática y cínicamente liquidado en pro del mal llamado pensamiento “pragmático”, presuntamente útil al desempeño de los profesionales en los mercados de trabajo que se suponen habrán de insertarse al graduarse. En creciente medida, en las aulas no se enseña a pensar con base en razonamiento científico y cuando esto se dice hacer, en el fondo está orientado por los cánones del razonamiento pseudocientífico colonialista y racializado de origen euro y anglo centrista que siguen un principio epistemológico: Lo bueno, válido y correcto solo vienen de los europeos y norteamericanos caucásicos.

En esta perspectiva, se vacía al pensamiento crítico de aquellas disciplinas humanísticas (Filosofía aplicada y Ciencias sociales) que, cuando han sido impartidas por docentes destacados, le han dado su mayor cuota a la profundización de la imaginación que lleva a la innovación y al encuentro de las causas últimas de los problemas. La cruzada por hacer desaparecer de los currículos a tales disciplinas ha tenido sus frutos devastadores en la capacidad de resolución de problemas nacionales y locales en nuestro país.

De esto he sido testigo en los últimos años, cuando he laborado en proyectos de inversión. Hubo uno en el cual los ingenieros de la empresa contratista, con probada experiencia y sin dependencia mental del conocimiento eurocéntrico, hicieron una aplicación novedosa de gran eficiencia demostrada en otros sitios del país. Para sorpresa del contratista y mía, el joven ingeniero supervisor de la obra, formado en el pensamiento eurocéntrico “tecnológico”, subestimó lo hecho por sus colegas y ordenó rehacer todo un tramo de tuberías subterráneas pero con los parámetros que el conocía...nada de permitir innovaciones autóctonas. ¿Resultado? Por un lado, un mayor costo de la obra; por otro, desaliento de la capacidad innovadora del profesional nacional y por último, la demora en la entrega de una obra necesitada por comunidades pobres.

Este mismo orden de desempeño que revelan total ausencia de pensamiento crítico entre ingenieros de las nuevas generaciones, lo he constatado en la Atención médica, en la Informática, en la Arquitectura y hasta en las profesiones de servicios escolares públicos y privados.

Otro escenario de ausencia de la aplicación de pensamiento crítico se revela en las propias autoridades académicas al hacer intervenciones que pretenden convencernos de que no es cierto que están de espaldas a los problemas nacionales. Hace poco las autoridades académicas de nuestra Universidad hicieron público un “Pronunciamiento del consejo académico de la universidad de panamá sobre temas de interés nacional”, a saber, “la realidad del sector agropecuario panameño, el proyecto de embalse del Río Indio, las relaciones de Panamá con los Estados Unidos de América y la actividad minera” (Consejo Académico N° 7-26 del 18 de agosto del 2026).

Con excepción del tema de las Relaciones de Panamá con EUA, donde lo dicho mantiene una tradición institucionalizada frente al tema nacional, la ausencia de pensamiento crítico resulta notoria en el resto de los temas. En unos casos, ofreciendo soluciones tecnocráticas, que, además, no corresponde hacerlo en este nivel de autoridad que es político-académico, tal como recomendar la profundización de la mecanización en el agro ¿En qué momento se han analizado otras opciones que no sea esta que representa el dominio de los combustibles fósiles que atentan contra la vida del planeta además que eleva los costos de producción? ¿Será que “no desean” que se conozcan los avances de las tecnologías orgánicas agrarias? ¿Por qué? ... Preguntas del pensamiento crítico que obviamente rebasan los límites tecnocráticos y que el documento citado no muestra poseer.

Cantinflesca parece el admitir como “alternativa viable” el “someter a referendo o consulta popular la eventual reapertura de la mina” (Ibidem, página 6) cuando ya existe una decisión en firme del máximo organismo de la justicia estatal panameña que cerró ese capítulo, por lo cual, admitir cualquier fórmula de potencial reactivación, se revela como un ardid contrario a lo que se enseña a nuestros futuros abogados sobre las sentencias de la Corte Suprema de Justicia, misma que valoró la soberanía económica, la justicia social y ambiental en alto nivel al argumentar su fallo. La verdad, por mi salud mental, mejor pensar en que esto lo discutieron en ausencia de representantes académicos de las Facultades de Derecho, Medicina, Economía, Ciencias Naturales y Humanidades.

* El autor es sociólogo, catedrático investigador
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