Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
A pocos días de los recientes acontecimientos acaecidos en el país, que están relacionados a los eventos telúricos, llámese temblor, sismo o terremoto, desmitifican gran parte de los conceptos arraigados al común de los panameños, de que esta tierra no sufriera del “choque de las placas tectónicas” al interior de la corteza terrestre y las diversas expresiones de los movimientos geológicos. Siempre ha existido, quizás no con la intensidad, perplejidad, asombro, ni periodicidad al que hemos estado acostumbrados y la experiencia de otros países comparándolos con el nuestro, caso Venezuela, Colombia y otras latitudes.
Fue un sismo de magnitud de 7.5 y se sintió en casi todo el país, al igual que sus posteriores replicas—ya van casi más de 500 registradas—creando pánico y zozobra entre los habitantes de nuestra república, tomando de sorpresa a la mayoría de la población, por lo inusual de la magnitud de este.
Observamos y sentimos los estragos causados a lo largo y ancho de la nación, especialmente en las provincias de Los Santos (Las Tablas, Olivos, La Villa de los Santos, Sabana Grande, Colorada, Isla Cañas, Macaracas, El Guabo, Tonosí, Bajos de Güera, Pedasí); Veraguas (Soná, Torio, El Tigre y los Amarillos, Malena, La Pitaloza, Mariato, Bombacho, Búcaro, Cambutal, Cacao, Quebro, Arenas) Coclé (Penonomé, Aguadulce, Antón, Natá); y Herrera (Los Pozos, Pitaloza, Las Minas, Pese, Chitré, Ocú, Parita, Santa María). Todas estas provincias y comunidades —junto con otras no mencionadas— sufrieron graves daños materiales en carreteras, escuelas, hospitales, iglesias, hoteles, comercios y viviendas, y hasta la fecha se ha registrado la pérdida de una vida humana. Cada uno a su manera, campo y ciudad, vivió desde el viernes 9 de octubre, sensaciones de incertidumbre, temor, desasosiego, frente a lo desconocido, diversas expresiones de sentimientos encontrados, vivencias personales inenarrables, observando también privación de sus viviendas y enseres personales.
En cuanto al sector agropecuario, cabe señalar que las áreas geográficas arriba citadas, son regiones de gran potencial productivo y permanentemente están suministrando y abasteciendo de alimentos a la urbe capitalina y demás lugares del país.
Ya se ha mencionado que el epicentro se localiza muy cerca de la comunidad de La Pitaloza y del distrito de Tonosí (Los Santos), áreas altamente productivas y desde un principio, aparte de los impactos del temblor, con la destrucción de estructuras físicas y casas, la gran mayoría de las vías de acceso terrestre, a estas zonas productoras, se vieron afectadas por derrumbes, deslizamientos de tierra, deslaves, grietas en el pavimento, imposibilitando el transporte y traslado de productos agropecuarios. Hubo un colapso de las vías rurales.
Paulatinamente se han ido limpiando y reparando los caminos y carreteras a estas comunidades y lo que representa para estas zonas productoras, y el país pues para el caso de Tonosí, que es una zona con un alto nivel de producción de leche, carne, tomate, arroz y otros rubros, al inicio del suceso estuvo incomunicada. Es necesario que los camiones recolectores puedan recoger la producción diaria hacia los centros de consumo.
Específicamente en Tonosí se reportó que la producción de arroz comprometido o en riesgo inminente, oscila en alrededor de 4,000 y 5,000 has de un total aproximado de 7,000 has. sembradas. Igual ocurre con otros cultivos. Es oportuno recordar el fenómeno del Niño, con sus propias características. Lo que atañe al hato ganadero, se están evaluando condiciones, perdida y el impacto de producción de carne y leche. Confirman carencia materiales en viviendas de los productores como en las instalaciones de trabajo. Algunas galeras de manejo y ordeño han sufrido daños severos en su estructura o fueron derrumbadas totalmente.
Igualmente, la Anagan, capítulo Panamá Oeste, de acuerdo con manifestaciones de productores del área afectada, muchos animales han sufrido estrés debido a la sensibilidad del ganado vacuno y otras especies frente a los movimientos telúricos. El ciclo diario de la producción de leche puede sufrir alteraciones y la característica perecedera de su ciclo puede modificar su ritmo de producción, riesgo sanitario en las vacas e impacto en las crías. El otro aspecto, muy importante, tomar en cuenta el aprovisionamiento nacional de los alimentos que se producen en estas áreas., como hemos manifestado anteriormente. El evento puede desestabilizar la disponibilidad de los productos agropecuarios, variabilidad en los ingresos de los productores y las distorsiones de cadenas de valor o suministro de bienes y servicios.
El Gobierno Nacional ha decretado Estado de emergencia en todo el país, adoptando medidas que permitan el restablecimiento normal de las actividades de manera gradual y apoyando a las comunidades más apartadas y que han sufrido los embates de la naturaleza, proporcionando comida seca, artículos personales, agua, ropa y atención médica, habilitando albergues y refugios.
A pesar de la catástrofe y calamidades, personales y colectivas, los productores nacionales no han desmayado en los esfuerzos de garantizar la producción de alimentos y aunque la tierra realice sus convulsiones internas, la naturaleza siempre envía un mensaje de lucha, combate y esperanza. Los agricultores, campesinos y productores de mi país y el mundo, al igual que los técnicos del sector agropecuario, no se amilanan ante la adversidad.