• 15/10/2026 00:00

Panamá: la resiliencia que permite que el mundo siga fluyendo

La fortaleza de un nodo logístico no consiste en evitar todas las perturbaciones, sino en mantener el comercio en movimiento y reducir sus efectos sobre las personas.

El terremoto del 9 de octubre puso a prueba a Panamá. Afortunadamente, según los reportes disponibles hasta el 10 de octubre, no se habían confirmado víctimas mortales. Aunque algunas personas resultaron heridas y numerosas familias enfrentan daños en sus viviendas y otras edificaciones, es motivo de alivio que un evento de esta magnitud no haya dejado pérdidas humanas confirmadas.

El terremoto también nos invita a reconocer una responsabilidad que muchas veces pasa inadvertida.

Durante décadas, ingenieros, arquitectos, académicos, constructores, inversionistas, autoridades y hasta los sindicatos han contribuido al desarrollo de normas y prácticas de construcción destinadas a proteger vidas e infraestructura. Son decisiones cuyos beneficios no siempre resultan visibles, especialmente cuando transcurren años sin una emergencia de esta magnitud. Pero precisamente allí radica su importancia: prepararse para lo que todavía no ha ocurrido.

En medio de esta situación, el Canal de Panamá mantuvo el tránsito de buques mientras se activaban protocolos de seguridad y se realizaban inspecciones. La continuidad de este servicio esencial nos recuerda que preparar la infraestructura y organizar una respuesta adecuada también contribuye a que el comercio internacional siga funcionando.

La capacidad de respuesta de Panamá también se ha manifestado frente a otros desafíos. En junio de 2020, un buque impactó el puente ferroviario de Gamboa e interrumpió el servicio del tren. Durante la reparación, los camiones apoyaron el traslado de contenedores entre ambos océanos, ofreciendo una alternativa para que parte de la carga siguiera moviéndose, aunque con dificultades.

Durante 2026, los cambios operativos y comerciales en Balboa y Cristóbal pusieron a prueba al sistema portuario. Mientras estas terminales perdían movimiento, otras aumentaban su actividad. Hasta agosto, los puertos panameños movilizaron aproximadamente 6.75 millones de TEU, un crecimiento de 2.78% frente al mismo período de 2025. El resultado refleja la capacidad de adaptación del conjunto, aun cuando algunas terminales enfrentaron dificultades.

Estos acontecimientos son distintos, pero comparten una lección: la fortaleza de Panamá no reside exclusivamente en una instalación. El Canal, los puertos, el ferrocarril, las carreteras y los servicios logísticos conforman una plataforma interconectada, con alternativas que ayudan a sostener la actividad cuando una parte enfrenta dificultades. Eso no significa que todas las interrupciones puedan evitarse, sino que existen recursos para reducir sus consecuencias.

Hay también una dimensión humana que pocas veces destacamos. Detrás de cada buque que transita y cada contenedor que llega a su destino hay empresas que necesitan insumos, trabajadores que dependen de su actividad y familias que necesitan productos esenciales. Mantener la logística en funcionamiento no consiste únicamente en proteger infraestructura o preservar volúmenes de carga: también significa limitar, en la medida de lo posible, los efectos de las perturbaciones sobre las personas.

Por eso, fortalecer el nodo logístico panameño no es solamente una prioridad nacional. También es una contribución de Panamá a la estabilidad y confiabilidad del comercio internacional. Cuando Panamá mantiene sus conexiones, ayuda a que el mundo siga fluyendo.

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