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- 30/11/2025 05:36
Cuando los partidos políticos le temen a sus propios inscritos
La Comisión Nacional de Reformas Electorales (CNRE) aprobó la renuncia tácita de aquellos ciudadanos que, siendo miembros de un partido político, apoyen con su firma a candidatos de libre postulación.
Esta decisión se toma a pesar de que, en el año 2015, la Corte Suprema de Justicia, anuló está “limitación”, que impedía a los ciudadanos inscritos en partidos políticos apoyar a candidatos independientes. Desde entonces, algunos dirigentes de las distintas organizaciones políticas han advertido que esta apertura permite a sus propios miembros “jugar doble”, respaldando en la práctica “a dos aspirantes presidenciales, diputados, alcaldes o representantes”.
Tal afirmación carece de sustento, no solo porque cada elector tiene derecho a votar por un solo candidato, sino también porque plantea un escenario en el que los partidos buscan, de alguna forma, regular a sus propios simpatizantes e impedirles apoyar la postulación de un candidato independiente.
La base de toda democracia son los partidos políticos, esto es una verdad irrefutable. Panamá no escapa de esa realidad. Cuando una sociedad se politiza y participa activamente en la construcción social, son los partidos los que organizan esas iniciativas, la ordenan y la convierten en representación.
Pero hoy, en la sociedad panameña, ¿las organizaciones políticas realmente cumplen ese rol fundamental? Días atrás, una amiga y analista me comentaba que la democracia estaba cambiando y que la libre postulación podría convertirse en la nueva vía de participación electoral, incluso para las propias organizaciones. Su lectura no es ajena a la percepción ciudadana.
En nuestra encuesta de marzo 2025, el 69 % de los encuestados manifestaban que no simpatizaban con ninguna organización política o movimiento. Mientras que, en la encuesta de enero, fue de 64 %, aumentando 5 %. A pesar de estos números, en el boletín del 20 de noviembre, la cifra de ciudadanos inscritos en partidos políticos es de 1,548,907 ciudadanos, lo que representa el 52% del padrón electoral del año 2024.
Aunque estas cifras parezcan contradictorias, es importante distinguir las múltiples razones por las que un ciudadano puede estar inscrito en un partido. Y, sobre todo, debo aclarar que estas estadísticas reflejan simpatizantes registrados, no militantes activos. Estar inscrito no implica participar, comprometerse o formar parte de comités o estructuras internas. La militancia conlleva a otras características, requiere acción, responsabilidad y pertenencia real.
Dentro de los motivos que los ciudadanos esgrimen en los distintos estudios cualitativos realizados, plantean que muchos se han inscrito en los partidos que ganan las elecciones con la esperanza de poder acceder a un empleo en la administración pública. Otros ciudadanos explican su inscripción en los partidos como parte de una “herencia histórica”, cita textual de un participante: “En esta casa todos somos del partido, quienes no se inscriban lo excomulgan y eso viene desde mis abuelos. A pesar de que yo nunca he votado por ellos”, lo que demuestra que la simpatía, genera afiliaciones sin militancia.
Pero volvamos al inicio, la discusión sobre la renuncia tácita revela algo más profundo que una simple norma electoral, muestra la tensión entre un sistema de partidos que busca preservar su control y una ciudadanía que, cada vez más, se mueve entre la desconfianza y nuevas formas de participación. Los partidos siguen siendo esenciales para la democracia, pero solo sobrevivirán si entienden que el país cambió y que sus propios simpatizantes ya no se mueven por lealtades automáticas, sino por expectativas reales de representación.
La pregunta de fondo no es si deben regular a quienes firman por un independiente, sino si están dispuestos a renovarse para volver a ser los protagonistas del sistema político. Ese es el verdadero debate que Panamá y sus partidos tienen pendiente.