El jugador panameño analiza el séptimo lugar de Panamá en el Mundial de Flag Football y detalla el proceso clasificatorio hacia Los Ángeles 2028
¿Está usted satisfecho con el desarrollo del país? ¿Le parece que la economía está en crecimiento?
Me hago yo mismo estas preguntas porque el contraste de lo que indican los voceros gubernamentales con lo que yo percibo es abismal. A veces me pregunto si yo vivo en el mismo país que esa gente describe.
Mientras veo lo que cuesta comer, o simplemente existir en un país sin oportunidades laborales, ni de negocio, escucho el monólogo de turno que dice que somos “el polo de crecimiento de la región”...
-“Aguanta, ¿de qué está hablando este tipo?” es la duda que salta en mi mente de inmediato.
A pesar de lo que digan los esbirros estatales, de que los que señalamos la realidad nacional somos enemigos del progreso, simplemente porque no decimos las mentiras que ellos promueven por módicas sumas en sus páginas y redes sociales, la abrumadora realidad es que el pueblo no la está pasando bien.
En las latitudes más lejanas del presupuesto nacional, y por alejados no me refiero a distancia sino a preferencias, las únicas cosas que van en aumento ahora mismo son la sed, el calor, y la canasta básica familiar, junto con los índices de inseguridad. Nada bueno se percibe en el horizonte del ciudadano real, que se arrastra día a día para llegar a poner un plato de comida en la mesa de su morada, aquel que tenga la bendición de poder hacerlo.
Y sí, en el mismo país en que muchas personas pasan hambre, los habitantes del hemiciclo exigen viandas exquisitas pagadas por el pueblo, que no con su abultado salario, como requisito para hacer nada, pues también quieren cobrar sin tener que trabajar.
Haciendo memoria, esto no es nuevo.
El libertinaje ha degenerado en un descaro flagrante, que dice a los cuatro vientos que el país y sus ciudadanos existen para servir a los reyezuelos del hemiciclo, y a los cercanos al poder, quienes al ser señalados por los mortales que dicen que su accionar es errado, espetan con la boca llena de pulpo asado un sonoro y asqueroso “¡¿Y QUÉ?!”
Si bien pareciera que describo una nueva versión del Port Royal de Jamaica, la dura realidad nos trae al siglo XXI, en plena época tecnológica, aún existen sitios en los que la ley no lo es para todos, y la justicia tiene precio.
¿Alguien supo qué causó la fuga masiva de presos, y si ya los recapturaron a todos? Las respuestas son no y no. Y mientras los gladiolos del gobierno salen a elogiar sus dudosas hazañas, el sistema injusto de justicia sigue sin poder, o sin querer, echarles mano a los mayores piratas de la historia nacional. No solo no recapturan a los que tenían, sino que tampoco agarran a los que tienen ubicados, con cuentas y redes sociales en uso, y en campaña.
¡Carajo! Port Royal era un detalle al lado de nuestra actualidad.
Mientras la gente vive de manera precaria, los banquetes del poder continúan.
Es claro que para los que viven la mejor época de sus vidas, esto es, enorme salario garantizado por 5 años sin necesidad de conocimiento, pero con poder, beneficios y seguridad, el país está en su mejor momento. La rosca es sabrosa, y puede nublar la visión real.
Pero ese grupito de oradores de monólogos es muy pequeño. La mayoría del país está compuesta por personas que juntándose entre varios no llegan a percibir anualmente lo que un ungido del poder cobra mensualmente, por hablar yerba, o por ni siquiera presentarse a trabajar.
Autoridades circuitales que en vez de procurar resolver temas tan importantes como los del agua potable, están más ocupados defendiendo su derecho de importar vehículos libres de impuesto, o de que se le pague la cuenta de su celular, o de que se le nombre a la querida.
Señores, esto no es relajo.
Existe una población condenada al franco retroceso nacional, pues otrora eran la “tacita de oro” pero ahora podrían formar parte de un récord Guinness al ser la comunidad con más tiempo sin acceso al agua potable en el mundo, después de haberla tenido.
No se ocupe en buscarlo. Ya lo hice. Bien podríamos ser nominados porque ese indeseado récord está vacante ahora mismo. Hablando de récords, también podríamos otorgar los títulos de autoridades que más cobran y menos producen.
También lo busqué, están vacantes, y también podríamos nominar gente. ¿Le vienen algunos nombres a la mente, amigo lector?
Creo que luego de este ejercicio mental, puedo entender que lo que nos dicen los oradores de monólogos lleva un atisbo de cierto, pero lo tergiversan en su mensaje, al igual que todo.
Sí somos un país de récords. Pero son récords indeseados y que nadie quisiera poseer.
Acá va otro récord, mayor inversión estatal sin resultados, y sin rendición de cuentas. Hay varios peleando ese título.
Y no es para reírse. Es todo lo contrario. No hay indicadores que sugieran que el rumbo cambiará hasta el fin del lustro administrativo. Pero también llegará a su final.
A ver si aprendemos a elegir.
Dios nos guíe.