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- 30/08/2026 00:00
La capacidad de aprender: una condición para el desarrollo de Panamá
Durante mucho tiempo dimos por sentado que el camino hacia una vida laboral estable era relativamente sencillo: estudiar, aprender una profesión, adquirir experiencia y ejercerla durante buena parte de la vida. Ese modelo no ha desaparecido, pero ya no es suficiente.
La velocidad con que cambian la tecnología, las ocupaciones y las necesidades de las empresas está transformando profundamente el trabajo. La pregunta, por lo tanto, ya no es solamente qué debemos aprender para conseguir un empleo, sino si seremos capaces de seguir aprendiendo, adaptándonos y reinventándonos durante toda nuestra vida laboral.
En ese sentido, el reciente informe Tendencias Globales de Capital Humano 2026, de Deloitte, plantea que estamos pasando de un mundo en el que las organizaciones podían gestionar cambios relativamente diferenciados a otro en el que deben desarrollar una capacidad de adaptación continua. Según su encuesta global, siete de cada diez líderes empresariales consideran que su principal estrategia competitiva para los próximos tres años será ser rápidos y ágiles, capaces de adaptarse a los cambios en las necesidades del negocio, los clientes y el mercado.
Esta realidad debería obligarnos a mirar con nuevos ojos la relación entre educación, empleo y desarrollo nacional.
Panamá necesita aumentar su productividad, diversificar su economía y generar más y mejores oportunidades. Para lograrlo requerimos inversión, infraestructura, instituciones eficaces y nuevas tecnologías. Pero nada de ello será suficiente sin una población capaz de aprovechar las oportunidades y adaptarse a los cambios.
Aquí reside uno de nuestros grandes desafíos. La educación no puede terminar cuando una persona obtiene un diploma, un título técnico o universitario. La formación inicial seguirá siendo fundamental, pero deberá proporcionar también la base para algo todavía más importante: aprender a aprender.
El informe de Deloitte resulta especialmente ilustrativo en este punto. El 85 % de los líderes empresariales consultados considera fundamental desarrollar la capacidad de adaptación de las organizaciones y su fuerza laboral. Sin embargo, apenas el 7 % afirma estar a la vanguardia en ayudar a sus colaboradores a crecer y adaptarse continuamente. La brecha entre reconocer la necesidad y estar preparado para responder a ella es enorme.
Si esta es una preocupación de las principales organizaciones del mundo, Panamá debería preguntarse si cuenta con los mecanismos necesarios para garantizar oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida.
Esto implica mucho más que ofrecer cursos ocasionales. Significa articular la educación básica y media, la formación técnica y profesional, las universidades, la capacitación empresarial y las políticas públicas de empleo. También facilitar que un trabajador pueda actualizar sus competencias o prepararse para una nueva ocupación sin abandonar su vida laboral. La reconversión profesional será, cada vez más, una experiencia normal y no una excepción.
La inteligencia artificial hace todavía más urgente esta discusión. Deloitte sostiene que la mayor oportunidad está en rediseñar el trabajo para combinar deliberadamente las capacidades humanas y tecnológicas.
El desafío para Panamá, entonces, no es prepararnos para competir contra la inteligencia artificial. Es preparar a nuestra población para trabajar con ella, utilizándola para ampliar sus capacidades y crear mayor valor. Esto aumenta la importancia de cualidades difícilmente reducibles a una rutina automatizable: creatividad, pensamiento crítico, juicio, resolución de problemas, colaboración y adaptabilidad.
El propio informe propone pasar de la tradicional “gestión del cambio” a la adaptabilidad continua: asumir que aprender, experimentar y evolucionar se han convertido en condiciones permanentes del trabajo y de la vida productiva.
Llevado al ámbito nacional, esto plantea una idea aún más amplia: Panamá necesita desarrollar una capacidad colectiva de aprendizaje y adaptación continua.
No se trata únicamente de que cada trabajador sea responsable de actualizarse. El desafío corresponde también a las empresas, que deben invertir en sus colaboradores; a las instituciones educativas, que necesitan revisar permanentemente la pertinencia de sus programas; y al Estado, que debe facilitar el aprendizaje, la capacitación y la reconversión laboral.
Debemos, además, prestar atención a la equidad. Si las oportunidades para actualizar conocimientos y adquirir nuevas habilidades quedan reservadas para quienes ya tienen mejor educación, mayores ingresos o empleos formales, la aceleración tecnológica podría ampliar las desigualdades existentes. El aprendizaje permanente debe convertirse, por el contrario, en una oportunidad accesible para todos.
Esta es, en última instancia, una cuestión de desarrollo. La competitividad de Panamá dependerá no solo de los recursos que tengamos, sino de nuestra capacidad para transformarlos continuamente en nuevas capacidades y oportunidades.
Tal vez esa sea una de las tareas más importantes que tenemos por delante: pasar de un modelo centrado en formar para una profesión a una verdadera cultura nacional orientada a aprender durante toda la vida.
Porque, en un mundo que cambia cada vez más rápido, la educación inicial seguirá abriendo puertas. Pero será la capacidad de seguir aprendiendo la que permitirá mantenerlas abiertas.
Reconocimiento: Este artículo toma como punto de partida los aportes del informe Tendencias Globales de Capital Humano 2026, de Deloitte, y del documento La nueva empleabilidad: por qué aprender una profesión ya no es suficiente. Las reflexiones sobre su pertinencia para el desarrollo de Panamá son responsabilidad del autor.