El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 16/07/2026 00:00
Decidir su futuro: el derecho que debemos garantizar a las juventudes
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Agrega La Estrella en Google ↗️Las juventudes no necesitan que decidamos por ellas. Necesitan tener las condiciones para decidir su propio futuro. Ese es, quizás, el mensaje más poderoso que nos deja el Día Mundial de la Población este año. Detrás de cada tendencia demográfica existen personas, proyectos de vida y decisiones profundamente humanas. La directora ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Diene Keita, nos invita a escuchar con atención lo que las juventudes están diciendo sobre sus aspiraciones y los desafíos que enfrentan para hacerlas realidad.
La Encuesta sobre el Futuro Demográfico 2025-2026 del UNFPA, presentada en el informe Vidas, decisiones y futuro, revela que las juventudes siguen valorando la vida en pareja y la posibilidad de formar una familia, pero sienten que las condiciones necesarias para alcanzar esos proyectos de vida son cada vez más difíciles. Las limitaciones económicas, la dificultad para acceder a una vivienda, la incertidumbre laboral y el aumento de las desigualdades son hoy algunos de los principales obstáculos para construir el futuro que imaginan. Aun así, la encuesta deja un mensaje esperanzador: dos de cada tres jóvenes mantienen una visión optimista sobre su futuro.
El escenario panameño. Panamá atraviesa una transición demográfica caracterizada por una disminución sostenida de la fecundidad y un aumento de la esperanza de vida. Al mismo tiempo, aún contamos con el bono demográfico (cuando la población en edad de trabajar supera a la dependiente), pero las juventudes panameñas enfrentan barreras estructurales que limitan el ejercicio de sus derechos y condicionan sus proyectos de vida.
Según datos del INEC para septiembre de 2025, el desempleo juvenil alcanzó el 19.9 %, casi el doble del promedio nacional (10.4 %), y afectó especialmente a las mujeres jóvenes, cuya tasa de desempleo ascendió a 25.4 %. A ello se suma que el 54 % de las juventudes ocupadas trabaja en el sector informal, lo que limita su acceso a la protección social, reduce su estabilidad económica y dificulta la construcción de un proyecto de vida.
Hablar de demografía es hablar de las personas. Detrás de cada cifra existen decisiones profundamente humanas: cuándo estudiar, cuándo trabajar, cuándo independizarse, cuándo formar una familia o cuándo tener hijos e hijas. Estas decisiones solo pueden ser verdaderamente libres cuando las personas cuentan con información, derechos garantizados y oportunidades reales.
La falta de oportunidades reales se demuestra en que hoy las juventudes panameñas alcanzan mayores niveles educativos que generaciones anteriores, sin embargo, no logran incorporarse al mercado laboral en áreas acordes con su formación. Esta desconexión entre la educación y el empleo retrasa la independencia económica y condiciona sus proyectos de vida. El acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva también es un desafío que persiste. La permanencia del embarazo adolescente entre los grupos con menos oportunidades continúa reproduciendo pobreza y exclusión, limitando el pleno desarrollo de miles de adolescentes y jóvenes, y afectando el potencial de desarrollo del país. En otras palabras, la generación llamada a impulsar el próximo salto de desarrollo de Panamá enfrenta hoy barreras que limitan su capacidad para alcanzar su máximo potencial.
Escuchar a las juventudes e invertir en su desarrollo. Hace poco tuve la oportunidad de dialogar con adolescentes y juventudes de distintas provincias y comarcas del país. Les pregunté: “Si pudieran diseñar el Panamá de 2030 como si fuera una aplicación de celular, ¿qué función o ‘botón’ no podría faltar para que nadie quedara fuera del sistema?”.
Las respuestas fueron diversas, pero compartían un mismo anhelo: vivir en un país donde las oportunidades no dependan del lugar donde nacieron, de su condición económica, de su género, de su origen étnico o de si viven o no con una discapacidad. Ese diálogo confirmó algo que la evidencia internacional también indica, que las juventudes solo piden que eliminemos las barreras que limitan sus opciones. La respuesta a sus demandas es ampliar sus oportunidades, mediante políticas públicas que garanticen educación, empleo digno, vivienda, igualdad de género, sistemas de cuidados, salud sexual y reproductiva, innovación, participación y protección social.
Esto exige inversiones sostenidas, políticas basadas en evidencia y alianzas entre el Estado, la sociedad civil, la academia, el sector privado, las comunidades, las propias juventudes y el Sistema de las Naciones Unidas, porque en un contexto global de creciente incertidumbre, el multilateralismo y la cooperación son esenciales para afrontar desafíos que trascienden las fronteras.
Este compromiso de Panamá con los jóvenes se encuentra reflejado en el Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, que reconoce a las juventudes como protagonistas del desarrollo sostenible y reafirma el derecho de todas las personas a desarrollar plenamente su proyecto de vida, sin dejar a nadie atrás.
Hoy el desafío es fortalecer la resiliencia demográfica de Panamá: anticipar los cambios en la estructura de la población y responder con políticas públicas capaces de convertirlos en oportunidades para el desarrollo. La transformación demográfica ya está en marcha; la diferencia la marcará nuestra capacidad para prepararnos. Escuchemos a las juventudes, confiemos en ellas y brindémosles las condiciones necesarias para que construyan la vida que anhelan. Esa es la mejor inversión que Panamá puede hacer en su propio futuro.