• 10/01/2023 00:00

Decodificando valores: Tradiciones (II)

Después de describir en la primera parte la “razón de ser” de la tradición como apaciguador de una naturaleza humana negativa, consideramos su influencia en nuestra vida al enfrentarnos con decisiones cruciales, como la elección de profesión o pareja y con decisiones ordinarias, como colarnos en la fila o aprovecharnos de otros.

Después de describir en la primera parte la “razón de ser” de la tradición como apaciguador de una naturaleza humana negativa, consideramos su influencia en nuestra vida al enfrentarnos con decisiones cruciales, como la elección de profesión o pareja y con decisiones ordinarias, como colarnos en la fila o aprovecharnos de otros. ¿Acaso la tradición influye positivamente en estas decisiones, especialmente aquellas morales y sobre nuestro futuro personal?

Decisiones cruciales se toman como acto de fe, pues, nos es imposible saber de antemano si tendremos éxito o no. No podemos saber si nuestra profesión nos invocará satisfacción, alegría, y sustento; tampoco si después del enamoramiento inicial y cegador, lidiaremos exitosamente con decisiones como donde vivir, la educación de los hijos, el presupuesto familiar o con cuál familia disfrutaremos de la Navidad. Después de haber invertido años en la universidad o tener hijos, nos deprimirá descubrir la profesión, nos amarga o nos casamos con la persona equivocada.

Esto está relacionado con la tradición, pues al entender el compromiso y costo que pagaremos por una decisión equivocada, optaremos naturalmente por no alejarnos del marco “tradicional” en el que crecimos para aumentar la probabilidad de tener éxito: si te casas dentro de “nuestra” sociedad, religión o raza (y no con la pareja de tus sueños) tendrás más en común y menos conflicto; si te ganas la vida en una profesión valorada por la sociedad o como la de tus padres (y no la que te gusta), contarás con una mejor base y asesoramiento. Aun en la pobreza, la “estabilidad” de la tradición es más atractiva que una aspiración a la felicidad en pareja o que una movilidad social ascendente.

Aun así, muchos se arriesgan a alejarse de su marco tradicional. ¿Qué los lleva a hacerlo? Me parece, la respuesta esta dentro de una tradición que, en vez de limitar las opciones, alienta a expandirlas, valorando la superación, la tolerancia y una infinita búsqueda por un ideal que, aunque más riesgoso y difícil, podrá brindarnos mayor prosperidad y felicidad. Esto no significa abandonar el núcleo de la tradición. Podemos creer en un Dios misericordioso y aun ejercer la medicina; podemos celebrar Halloween sin creer en demonios.

La vida trae consigo una variedad de retos y la tradición puede ayudar a concretizar esa mejor versión de nosotros mismos, considerando el esfuerzo valdrá la pena. Por ejemplo, decisiones como si estudiar en una mejor institución, pero lejos de la familia o pagando más; o trabajar más en vez de divertirnos; o de aceptar hemos errado en vez de insistir estar en lo correcto. Estas cualidades determinan en gran parte nuestro éxito y dependen de los valores transmitidos por los adultos quienes nos han criado. Por ejemplo, se ha descubierto en personas exitosas la cualidad de la gratificación aplazada, por ejemplo, la abstención a abrir los regalos antes del 25 de diciembre.

En decisiones ordinarias, las tradiciones también juegan un papel central, considerando son el marco principal de nuestra escala de valores. Estas nos guían a tomar importantes decisiones sobre nuestro comportamiento y nuestra relación con los demás, al vernos en una situación compleja o conflictiva.

Por ejemplo, ¿cómo corregir a un colega que ha hecho un terrible error? Por un lado, podemos hacerlo públicamente ganando “puntos” con el jefe y enriqueciendo nuestro ego en el camino. O, podemos hacerlo con modestia y sensibilidad. La respuesta depende si crecimos bajo una tradición “oportunista”, sin considerar al prójimo (sin entender en la próxima vuelta puedo serlo yo) o creyendo somos mejores o necesitamos del elogio público como a una droga (la base psicológica de los “likes”). Muchas tradiciones, desgraciadamente, están basadas en un sentimiento de superioridad, como “la ideología perfecta” o “la raza aria”, con consecuencias fatales como el infame Estado Islámico y el holocausto respectivamente.

Pero muchas tradiciones, aún radicales, pueden ser aceptadas con la condición no sean coaccionados sobre otros. Los Amish, por ejemplo, no invaden a sus vecinos con armas, amenazándolos a vivir en simplicidad como ellos. Al tratar de convencer a otros de cómo vivir, ya sea con ciertas ropas o costumbres, se promueve el conflicto y la desidia, convirtiendo la tradición en tiranía. Pero si crecemos en una tradición de modestia, entendiendo: no todos deben vivir como yo; no siempre ganaré; no siempre seré el mejor y aun al tener éxito, no todo depende de mí; no debo ofender al otro; “vivir y dejar vivir” entre muchos más, gozaremos todos de una vida mejor, más tranquila y con más chance de éxito.

Esta diferencia en actitudes existe no solo a nivel político e internacional, pues comienza, primero que todo, a nivel personal. Por ejemplo, en el reciente mundial vimos a ciertos jugadores victoriosos consolar a los perdedores mientras otros se regocijaban ante su tristeza. La historia nos ha enseñado los engreídos y ostentosos al final caen, así como sucedió con muchos “imperios”, desde el persa, el mongólico hasta el otomano y británico. En la tercera parte consideraremos como tradiciones han influido en ciertas sociedades a tener éxito y sobrevivir.

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