• 09/02/2026 00:00

Desarrollo de economía verde azul desde el nivel local basada en humedales y manglares

La economía verde azul no exige escoger entre el bienestar y el planeta; lo que hace es unirlos. Los esfuerzos locales en todo el mundo demuestran que la protección de los humedales y los manglares genera resiliencia, empleo e ingresos. Invertir en la conservación de ecosistemas costeros, por ejemplo, los manglares y los humedales, genera beneficios económicos en vez de ser un gasto. Estos “carbonos azules” retienen CO2, protegen las costas de las tormentas y mantienen pesquerías que nutren a las comunidades. En lugar de renunciar a las ganancias, crean cadenas de valor en el ecoturismo y la acuicultura sostenible, logrando un equilibrio entre los beneficios económicos reales y los del medioambiente.

Los desastres como las inundaciones y la disminución de biodiversidad empeoran cuando estos ecosistemas se pasan por alto ante el cambio climático. Sin embargo, restaurarlos aumenta la adaptación local, reduce los peligros y permite el surgimiento de mercados de carbono azul. Es una solución práctica que fusiona la apremiante necesidad de proteger el medio ambiente con las oportunidades de conseguir ingresos estables para cooperativas y PYMES. Es fundamental priorizar los humedales y los manglares a través de la restauración ecológica. Desde el turismo hasta la protección costera, estos servicios ecosistémicos son valorados en miles de millones a nivel mundial y se obtienen a partir de estas soluciones, que son más económicas que las infraestructuras grises.

En El Salvador, las cooperativas salineras de Bahía de La Unión, con la ayuda del GEF, rehabilitaron 40 hectáreas de manglares. Esto permitió que el consumo de madera disminuyera y que los medios de vida mejoraran gracias a la pesca sustentable y al ecoturismo; se recaudó un total de $82,660 en cofinanciamiento comunitario. En China, las pequeñas y medianas empresas de Beihai y Qinzhou llevaron a cabo una reforestación de 120 hectáreas para la eco-acuicultura, sembrando 20,000 plántulas y fusionando la conservación con la producción de mariscos que resultan rentables. En Ecuador, las comunidades de Naranjal han implementado el ecoturismo en los manglares a través de pequeñas y medianas empresas locales, protegiendo 161,835 hectáreas y generando puestos de trabajo.

El Banco Mundial respalda la financiación de carbono azul en manglares y PROBLUE. El BID ofrece a las pequeñas y medianas empresas rurales 150 mil dólares estadounidenses no reembolsables para la conservación comunitaria. La CAF se compromete con 2,500 millones de dólares hasta el año 2030 en la economía azul de América Latina. Asimismo, el Banco Europeo y el Asiático de Inversiones apoyan iniciativas parecidas en Europa y Asia, proporcionando acceso a través de convocatorias para cooperativas.

Los tomadores de decisión a nivel local en Panamá deben utilizar estos fondos para los humedales costeros. Fortalecer esta microeconomía verde azul, no sólo beneficia a las comunidades, sino que impacta positivamente la macroeconomía nacional al reducir costos estatales por desastres, estabilizar el suministro de recursos y abrir mercados de exportación sostenibles. Además, este enfoque es una vía directa para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), principalmente el ODS 1 (Fin de la pobreza), ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico), ODS 13 (Acción por el clima), ODS 14 (Vida submarina) y ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres).

Invertir en cooperativas y PIMES que restauren los manglares y humedales generan ya prosperidad compartida. El momento es ahora.

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