• 25/04/2021 00:00

Otro día del libro

“El Instituto Cervantes de Estambul, fiel a su misión, organizó una lectura continuada y a los que fuimos invitados se nos asignaron los párrafos que debíamos leer y enviarlo grabado”

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El pasado 23 de abril, como tradicionalmente se viene haciendo desde 1995, cuando fue declarado como tal por la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se celebró el Día Internacional del Libro. La fecha no fue escogida al azar, ese día, el mismo año 1616, murieron tres grandes escritores, a los que se honra: Miguel de Cervantes Saavedra, el autor del Quijote y el padre de la lengua española; William Shakespeare, dramaturgo y escritor inglés que también se le reconoce la paternidad del lenguaje anglófono y el Inca Garcilaso de la Vega, de origen peruano pero radicado en España. ¿Coincidencias? No existen. Ha sido muy valioso que se haya respetado la historia y se honren a estos grandes escritores con esta designación en forma anual. También se conmemora el día que murió Saint Jordi, el soldado mártir, en el año 303, que nació en Capadocia, Turquía y que se le representa al lomo de un caballo, matando a un dragón y de la sangre mana una rosa, que el valiente caballero le ofreció, según la leyenda, a una princesa que iba a ser devorada por el animal. Saint Jordi es el patrón de Cataluña.

Todos los años las embajadas de España en todo el mundo organizan la lectura continuada del Quijote, y en Barcelona, sede de las industrias editoriales, en la Rambla, es toda una celebración: se regalan libros y rosas. Los escritores están accesibles al público en puestos de venta de las diferentes librerías. Es una verdadera fiesta cultural y este año lo estuvieron haciendo con las medidas sanitarias establecidas.

Desde hace unos años la representación española en Panamá adoptó esa costumbre y este año la continuaron desde la Casa del Soldado, y leyeron la Primera Dama, Yazmín de Cortizo, que es una gran lectora, la señora Canciller, Erika Mouynes, la directora de la Cámara Panameña del Libro, Orit Btesh, la Directora del Museo Arqueológico El Caño Julia Mayo Torné y el escritor Juan David Morgan. Por ser el formato virtual y enlazándose con el Círculo de Bellas Artes, se empezó a las seis de la mañana.

No recuerdo si el año pasado se realizó la actividad. Estábamos empezando este calvario que ha sido la pandemia de la COVID y como vino sin manual de uso, nos tomó de sorpresa. Hace dos años, por cumplir 500 años la primera ciudad fundada por los españoles en el Océano Pacífico, se realizó desde el Museo de Panamá Viejo, frente a la torre de esas vetustas ruinas y continuó todo el día, leyendo todo el que quisiera, pero solamente cuatro tuvimos el honor de leer para todos los que estaban en el enlace, entre ellos el presidente de este diario, Eduardo Quirós, y el hoy Ministro del Canal, Aristides Royo.

En Turquía no celebran el 23 de abril el día del libro porque coincide con el Día Nacional de la Soberanía y la Infancia, es feriado y se ondean banderas en todos los edificios y residencias. Se conmemora la fundación de la Gran Asamblea Nacional de Turquía, el 23 de abril de 1920. Es la única fiesta que Mustafá Kemal Atatürk dedicó a todos los niños del mundo. Hay una biblioteca en la provincia de Karabuk, al norte de Turquía, que está diseñada como una estantería de libros apilados, parecida a la Biblioteca Pública de Kansas, Estados Unidos. Está dentro del campus de la Universidad de Karabuk y financiada por un filántropo turco llamado Kamil Gulec. Tiene unos 60 mil libros impresos y seis millones digitales. Las personas que tomen prestados libros de allí pueden devolverlos en quioscos equipados con sistemas de autoservicio. El año pasado, en otra provincia al noroeste de este país, Sakarya, se imponían multas de lectura de 10 libros, además de tres días de cuarentena y el equivalente a $120 dólares en liras turcas al que no llevara mascarilla.

El Instituto Cervantes de Estambul, fiel a su misión, organizó una lectura continuada y a los que fuimos invitados se nos asignaron los párrafos que debíamos leer y enviarlo grabado. Yo metí el papel en el ejemplar de colección del Quijote que me traje. Fue un gran honor participar desde Turquía en esta actividad, el país que vio nacer a Saint Jordi.

Una vez más debemos decir, ¡Viva el libro!

Arquitecta, embajadora de Panamá en Turquía.
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