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- 20/11/2020 00:00
Diputados de ayer y de hoy: la gran diferencia
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Agrega La Estrella en Google ↗️Hace algunos días, por curiosidad, escuché las intervenciones de algunos diputados y realmente salí sumamente preocupado por la dialéctica tan pobre que utilizaban en sus proyectos y las intervenciones que hacían. Esto me hizo remontarme inmediatamente al pasado reciente.
La Asamblea Nacional de entonces sesionó en varios sitios. Uno de ellos fue el abandonado Teatro Nacional, que pasó de ser un cinematógrafo, donde daban las películas de aquel entonces, muy popular, de Nelson Eddy y Jeanette MacDonald.
Del Teatro Nacional pasaron a legislar los diputados al antiguo Palacio de Justicia en la Plaza de Francia.
No fue hasta que llegó a la Presidencia el coronel José Antonio Remón, cuando contrató al arquitecto Ernesto de la Guardia III para que hiciera los planos del nuevo Palacio Legislativo Justo Arosemena en el sitio donde está hoy y tuvieron los diputados “casa propia”. Anteriormente en ese lugar había un pequeño zoológico que hizo el alcalde Carlos Manuel de la Ossa. Con los años este fue abandonado y el terreno quedó baldío, que es el que ocupa hoy la Asamblea.
El lugar y la época en que sesionaban los diputados estaba siempre llena de público, especialmente de jóvenes estudiantes, que iban a oír a esos extraordinarios oradores como: José Isaac Fábrega, Diógenes de la Rosa, Felipe O. Pérez, Jorge Illueca, Carlos Iván Zúñiga, Aquilino Boyd, Juan Arias y otros que se me escapan de la memoria. Estos diputados tenían mucho respeto por ellos mismos y, por lo regular, tenían puntos de vista distintos, pero jamás se le ocurrió a ninguno de ellos decir, como sucede hoy, “¿qué hay para mí?”. Siempre actuaban con gran decoro personal. ¡Qué diferencia entre ellos y los actuales!
En esos años no existían “las partidas circuitales”. Los gobernantes, por lo regular, complacían algunas veces a sus copartidarios en la Asamblea incluyendo en el Plan General de Inversiones algunas de sus recomendaciones, como puentes, carreteras y caminos rurales, etc.
Las partidas circuitales fueron un invento que se llevó a cabo durante el Gobierno del presidente Endara. Fueron los diputados de la Democracia Cristiana, con su gran mayoría en la Asamblea, los que lo hicieron realidad. El presidente de ella fue mi gran amigo y compañero de clase en el Colegio La Salle, el Dr. Carlos Arellano Lennox.
Pocos meses después de instalada la Asamblea, los demócratas cristianos se separaron del Gobierno el presidente Endara. Prescindió totalmente de la Asamblea y gobernó a base de decretos.
En la siguiente elección general, la Democracia Cristiana sufrió una aplastante y humillante derrota. Tuvieron la vigencia del partido, pero no sacaron ningún legislador. Se salvaron porque, en esa época, la ley electoral les daba a los partidos que habían sobrevivido las elecciones, pero no habían sacado diputados, que esos partidos tuvieran un legislador al que llamaban popularmente “el llanero solitario”. Dentro de su propio partido el candidato que más votos sacara obtenía la curul. En este caso, obtuvo el puesto el Dr. Rubén Arosemena.
El presidente de la Democracia Cristiana, el Dr. Ricardo Arias Calderón (q. e. p. d.), fue un hombre de gran mérito; fue idealista, honestísimo, desinteresado en beneficios personales, no tuvo rencores, siempre actuó con patriotismo buscando el beneficio del país, pero, lamentablemente, fue mal político.
En Panamá, veo negros nubarrones; muchos políticos con corta visión del futuro y ningún estadista que pueda conducir al país por senderos de estabilidad y progreso.