• 01/01/2026 14:02

Dones artísticos de la poesía de Salvador Medina Barahona

La poesía, como género literario, y por tanto artístico, es probablemente la tradición más antigua entre las artes que tienen como característica presencial un formato hecho de escritura. Y, sin embargo, son las emociones, junto con una muy fina sensibilidad, y un prestante intelecto extremadamente alerta, lo que suele permitir que ese tipo de arte en verdad lo sea. Y que por tanto trascienda los límites del tiempo para continuar siendo trascendente y por tanto significativo en cualquier época y lugar.

Así, independientemente de estilos muy diversos, y de muy variadas interpretaciones de la realidad y de la fantasía que a menudo le es consubstancial, un buen poeta es capaz de plasmar aspectos singulares que otras personas menos sensibles no suelen captar en su vivencia diaria. De ahí entonces que ser un auténtico poeta implique no sólo una sensibilidad muy particular, muy fina, sino además el ser dueño de un conocimiento muy particular que rebasa la simple sabiduría aprendida en libros.

Puedo equivocarme, pero a mi juicio los poetas que en el Panamá actual disfrutan de estas singulares características no abundan tanto como los narradores de ficción (sobre todo los cuentistas), al menos de una forma continua y consistente en cada poemario que dan a conocer. Si bien son numerosos nuestros buenos poetas vivos, aquellos que gozan de una sensibilidad extraordinaria y consistente en cada libro que publican son relativamente pocos.

Me atrevo a mencionar a algunos, a riesgo de equivocarme... Entre las mujeres, destacan como poetas actuales Sydia Candanedo de Zúñiga (la más longeva), Moravia Ochoa López, Bertalicia Peralta, Giovanna Benedetti, Magdalena Camargo Lemieszek, Alessandra Monterrey Santiago, Ela Urriola, Eyra Harbar, Consuelo Tomás Fitzgerald, Mariafeli Domínguez, Mar Alzamora-Rivera, Lucy Cristina Chau, Gloria Young, Indira Moreno, Kafda Vergara, Sonia Elhers, Aura Sibila Benjamín, Corina Rueda Borrero, Isabel Burgos y Julia Aguilera, entre otras. Grandes poetas nacionales ya fallecidas fueron sin duda alguna Stella Sierra (1917-1997), Elsie Alvarado de Ricord (1928-2005) y Diana Morán ( 1929-1987).

Y entre los varones: Manuel Orestes Nieto, Salvador Medina Barahona, Pedro Rivera, Javier Alvarado, Porfirio Salazar, Gorka Lasa, Jhavier Romero Hernández, Melitón RoblesEsquina, David Róbinson, Jaiko Jiménez Caín, David Ng, Ariel Romero, Rafael Alexander y Luis Wong Vega, entre otros. Y entre los ya fallecidos, poetas nacionales de enorme relieve fueron, a mi juicio: Ricardo Miró (1983-1940); Rogelio Sinán (1902-1994); Ricardo J. Bermúdez ( 1914-2000); Tristán Solarte (Guillermo Sánchez Borbón; 1924-2019); Roberto Luzcando (1939-1922); José Franco (1936-2022) y Eduardo Ritter Aislán (1916-2006), entre otros.

¡Sin duda un repertorio variado y de lujo! Todo este preámbulo para comentar que el próximo 6 de enero, a las 6:00 p. m., en la Universidad Panamericana, se estará presentando el más reciente libro de Salvador Medina Barahona, He dicho nostalgias, una trilogía que resume 25 años de escritura poética, y que comprende tres obras anteriores: Pasaba yo por los días, La hora de tu olvido y Viaje a la península soñada.

Una obra triple cuya lectura me permito recomendar enfáticamente. Se trata de uno de nuestros más meritorios poetas vivos, quien además es, literalmente, un muy eficiente conocedor en la adecuada enseñanza de tan compleja materiaque imparte en el Diplomado en Creación Literaria que fundé en 2001 en la Universidad Tecnológica de Panamá, y que desde hace 24 años se dicta en esa institución, abarcando además otros géneros literarios y periodísticos.

De Medina Barahona ha dicho la fina poeta y cuentista nacional Consuelo Tomás Fitzgerald: «...es un animal poético. Todo un tren que se abre paso por la vida y la literatura». Y entre otras cosas, nuestro gran poeta nacional Manuel Orestes Nieto ha señalado sobre su poesía: «En propuesta y tallado literario, en territorio poético y canto limpio, estamos, sin duda, ante un representante insigne de la poesía panameña contemporánea, con oficio y vocación a cuestas y a conciencia».

Y en la Introducción que tuve el honor de hacerle a dicho libro señalo: «La vida es en la práctica lo único real que tenemos, pero igual puede ser un oasis que un tinglado. Entre los extremos navegan las peripecias que debemos afrontar a diario y los ideales que son capaces de mantenernos a flote indefinidamente. Si esto es así, la poesía navega como la gran mediadora porque nos ofrece formas de conservar el equilibrio a fin de no enloquecer. Una de esas formas es una mezcla de lo bello con lo admirable, pasando por la capacidad que tenemos los humanos de sobreponernos a la diversidad anulando lo negativo y salvando del naufragio al ideal...».

«Y los poetas -sigo diciendo- son una especie de mediadores entre el bien y el mal cuando nuestra poesía, independientemente del estilo que adopte la escritura, irradia luz en medio del a menudo inevitable sufrimiento; también esperanza pese a la tristeza. Así, la poesía escrita hasta el momento por Salvador Medina Barahona participa en mayor o menor grado de estos parámetros, por más que a ratos sus textos rompan las pocas reglas aún existentes en un más que justificado afán de experimentación, como lo hace todo artista... Y es que, habitualmente, en sus versos fluye la poesía, y pésele a quien le pese certifica así su verdad íntima sin mayor tropiezo».

Sin duda alguna, la poesía de Medina Barahona merece una mayor divulgación, y muchos más lectores sensibles. La publicación de este nuevo libro suyo nos ofrece esa oportunidad y ese privilegio.

*El autor es escritor, profesor jubilado, promotor cultural y editor
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