• 30/07/2026 00:00

El trabajo infantil en las actividades agropecuarias

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Considere prudente pergeñar algunas líneas a raíz de una investigación-denuncia publicada recientemente en un diario local, sobre una situación que ocurrió, referente a muertes de menores de la etnia ngäbe-buglé que viajaron junto a familiares a la hermana república de Costa Rica para participar en la recolección y cosecha del grano de café, durante ciertas épocas del año.

Esto tiene connotaciones y repercusiones en la sociedad panameña, por lo que representa, ya que se trata de menores de edad y en una actividad que, aunque no está prohibida, restringe la formación integral del individuo, en un periodo fundamental de su existencia como ser humano.

La pesquisa, entre los años 2020 y febrero 2026, arroja que al menos 19 menores de edad de origen panameños perecieron en el área de producción cafetalera, ubicada en el sector de Los Santos. La mayoría resultó ser hijos de trabajadores ngäbe-buglé.

Lo que sí es importante destacar es que esta situación no es nueva, ni actual. Revisamos estudios y análisis sobre estos temas y nos percatamos de que en gran parte de los países del mundo, en América Latina, Panamá no es la excepción, pues esta práctica o actividad es realizada en mayor o menor grado, desde hace tiempo, en las culturas y sociedades rurales o de campo y se extiende, no solo al cultivo de café, sino también a las grandes plantaciones de banano, caña de azúcar y, quizás, en menor grado a otros cultivos tales como: hortalizas, bromeliácea (piña), solanácea (papa) y tubérculos.

Algunos factores conocidos hacen de esta labor una faena agotadora consuetudinaria en nuestros campos agropecuarios. Podemos mencionar: requerimientos económicos necesarios y obtención de ingreso adicional, mano de obra barata, cierto apoyo de los hijos con capacidad de laborar, pobreza extrema en esas áreas, algún nivel de tradición ancestral, patrón de comportamiento o costumbre en que los niños deben trabajar a temprana edad. Pueden existir otros componentes que giran en torno a esta realidad.

Muchas veces esta migración hacia las regiones cafetaleras de Costa Rica coincide con el periodo de vacaciones escolares de los niños y viajan en compañía de sus familiares y mujeres embarazadas, asumiendo precarias condiciones hacia esas áreas, contribuyendo en alguna medida a la ayuda de sus padres. Espejismo fatuo e imperativo categórico que ha acompañado la pobreza y miseria durante muchos años a estos habitantes de zonas marginales. Tampoco pretexto de que están aprovechando tiempo libre o vacaciones escolares para el apoyo familiar.

Lo que muchas veces pasa desapercibido es la ocurrencia de mortalidad en la población infantil, debido al estado y entorno de las características que rodean el mismo viaje en sí y la llegada a los sitios de producción, así como el desarrollo del drama humano durante el periodo de la cosecha.

Dicha noticia se da en función de un informe del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), la principal institución de investigación criminal del país vecino, revelando la desaparición física de estos 19 menores de edad durante el tiempo transcurrido mencionado.

Estas muertes, hijos de trabajadores ngäbe-buglé procedentes de Panamá suceden en la zona cafetalera ya mencionada y se presume que fueron víctimas de enfermedades prevenibles, dificultades y formas inestables e inseguras de salubridad, alojamientos antihigiénicos, ambientes malsanos y lugares infestados, así como limitados accesos a los servicios de salud.

Un aspecto importante y necesario que hay que destacar es la peculiaridad de las características atmosféricas, refiriéndonos al cambio de clima, pues nuestra realidad es cálida y tropical con altas temperaturas, calor permanente, soles reverberantes y en el recorrido que hacen estas personas soportan el riguroso viaje, tratándose de aclimatarse y adaptarse a los nuevos escenarios de la recolección y cosecha del grano, en donde imperan regiones más frías, frescas y un clima benigno.

Existen varios elementos descritos en la investigación que hemos señalado rápidamente: contempla viviendas improvisadas, hacinamiento, familias completas habitando espacios reducidos, mala ingesta. Los albergues son distantes, la atención medica es deficiente, casos de parasitosis, partos difíciles.

Dentro de estas certezas, cabe apuntar que la bronconeumonía fue la principal causa, vinculados con los 10 fallecimientos asociados a esta enfermedad respiratoria y, de acuerdo con el personal médico y científico, pudo haberse impedido a través de una vacunación preventiva temprana, atención médica oportuna y el seguimiento adecuado.

Sin embargo, pese a este panorama sombrío que ha imperado durante largo tiempo, querellas, manifestaciones de organismos nacionales e internacionales, en que ha sobresalido de una manera u otra, abuso, maltrato infantil, alimentación inadecuada y tantas otras causas señaladas anteriormente y en que contexto ocurren; se hace necesario, con las denuncias señaladas, admitir avances en materia de salud, reconocimiento a su estatus de migrantes, comienza un proceso de reconocimiento a través de una tarjeta binacional, registro, trazabilidad, mejoras en los alojamientos, apropiada dieta alimenticia.

Quizás entonces impulsar en las áreas originarias, formación humana abarcadora, fortaleciendo programas de acompañamiento en materia social, establecer parámetros de una mejor educación preescolar, respetando sus costumbres y tradiciones.

Es posible que no podamos defenestrar o eliminar hábitos, patrones culturales antiquísimos —caso Cepo, religión Mama-Tata—, pero sí podemos ofrecer mejores días y acciones para los hermanos originarios.

* El autor es ingeniero agrónomo
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