• 15/12/2023 16:20

En honor a los caídos y desaparecidos

[...] cuando se mete un ente extraño a tu casa, no importa cuántas o que tan grandes son tus divergencias con tu pareja o tus hijos, tienes la obligación de defender la casa

A finales de septiembre pasado, por amable invitación de la profesora Mariafeli Domínguez, tuve un conversatorio con estudiantes de la Escuela de Español del Centro Regional Universitario de Coclé de la Universidad de Panamá. Intercambiamos sobre mi novela “El doloroso Humo de la Noche”. Fue un evento muy ameno e interesante con la participación entusiasta de los estudiantes, algunos profesores, y personal de la biblioteca. En un momento determinado, a los más adultos nos sorprendió el hecho de que casi el cien por ciento de los estudiantes tenían menos de 30 años y, por consiguiente, no habían vivido ni tenían mayor influencia sobre algunos hechos históricos que se presentan en la novela, en particular, la Invasión del 20 de diciembre de 1989, un hecho que ha marcado la vida de las generaciones que la vivimos.

Han pasado 34 años, y a pesar de las reevaluaciones que uno hace en la vida sobre los acontecimientos, como escribí anteriormente, mi posición es clara y voy a tratar de simplificarlo: cuando se mete un ente extraño a tu casa, no importa cuántas o que tan grandes son tus divergencias con tu pareja o tus hijos, tienes la obligación de defender la casa. Por eso debemos un honor especial a los caídos en esa fecha.

Lo más probable es que entre varios sectores de la población no nos vamos a poner de acuerdo sobre las causas y las culpas de la Invasión. Y para los más recalcitrantes, señalo que los eventos históricos (tiempo después y per sécula seculorun), son estudiados desde varias perspectivas y es de humanos, medianamente educados, tomar en cuenta las diversas narrativas para formar un contexto que permita entender el retrato histórico en sus variadas dimensiones.

Lo que si es cierto – dicho anteriormente – es que nuestra sociedad no ha madurado lo suficiente como para evaluar la invasión del 20 de diciembre de 1989 en un contexto imparcial y equilibrado que examine los abusos cometidos y las repercusiones sociales y políticas en el seno de la sociedad. No solo verlo como el derrocamiento de la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega o los “21 años de dictadura” que otros, con odio, miden con la misma vara.

Ese momento de ruina debió ser el catalizador para que nuestros ciudadanos tomaran el control de su futuro y trabajaran afanosamente en la construcción de una mejor sociedad. Si las enormes moles de cemento, acero y vidrio de la ciudad son ejemplos de progreso, entonces hemos avanzado. Pero por mi parte estamos lejos, muy lejos de tener la plataforma social, cultural y mucho menos política para enfrentar las amenazas globales como el narcotráfico y la violencia organizada, mucho menos las milenarias como el analfabetismo, las enfermedades endémicas y el abuso de unos seres humano sobre otros seres humanos.

El proceso político que ha prevalecido durante este tiempo no nos ha ofrecido un futuro alentador. Muchos de nuestros actores políticos no muestran capacidad de trascender a un nivel mucho más comprometedor con el futuro.

Cada cinco años desde la invasión, nos ha presentado como una nueva oportunidad las posibilidades de convertir este país en un lugar en donde los más necesitados tengan los elementos básicos para llevar adelante una vida digna; esos que pusieron los muertos en 1989. Cada cinco años, desde aquella violación a la soberanía nacional, hemos tenido la oportunidad de elegir un gobierno para que trabaje afanosamente en el establecimiento de un proceso educativo que nos ayude a elevar el nivel intelectual y educativo de la población, para que la mayoría pueda contribuir en la construcción de una mejor sociedad.

Siete veces en los últimos 34 años, “viviendo en democracia”, hemos tenido la oportunidad de elegir la mejor propuesta electoral que tenga a bien promover la cultura y el desarrollo de las artes y las expresiones artísticas para que las generaciones que han crecido en este período, conozcan la riqueza cultural de todas nuestras etnias y de todos los grupos humanos que habitamos este pedazo de tierra.

El renovado ánimo de lucha contra la injustica que vivimos en los últimos meses para frenar los abusos en el caso de la Minera y la minería, da esperanzas. Al honrar la memoria de los muertos y desaparecidos de la invasión, hagámoslo con el entendiendo que una sola narrativa histórica sobre las causas y los eventos no será posible y solo unidos podremos vencer las amenazas pendientes.

El autor es comunicador.

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