Panamá defiende ante China fallo sobre el Canal y la separación de poderes, exigiendo respeto a su soberanía y Constitución ante la OEA
- 22/06/2010 02:00
¿Y cómo nos equivocamos?
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Las últimas elecciones generales han demostrado la fuerza de los medios. No solo el hecho de que diversos candidatos lograran el triunfo producto de excelentes campañas mediáticas, sino también que muchos de los aspirantes salían de los medios de comunicación. Todo político sabe que lo más importante al inicio de una campaña es el reconocimiento de parte del electorado. Es decir, que al oír tu nombre les suene familiar o conocido. En ese primer momento no importa si es mucho lo que se sabe del candidato, lo importante es el reconocimiento.
Indudablemente que figuras de la TV como Ferrufino, Luis Eduardo Quiroz, Bosco Vallarino, Víctor Juliao partieron con ventaja sobre candidatos como, por ejemplo, Raúl Pineda. Una buena campaña hace que ese reconocimiento luego se traduzca en apoyo electoral. Lo malo es que cuando tu simple credencial es tu reconocimiento, cuando detrás del candidato no hay capacidad, preparación, estudios, experiencia, al final vienen los chascos del electorado. Electo por popularidad o simplemente atractivo a las mujeres, no garantizan luego trabajo por la comunidad ni por e electorado.
Hoy, Panamá paga el precio de una elección por reconocimiento y no capacidad. Nunca dudé que la Alianza por el Cambio tenía mejores candidatos a la Alcaldía que Bosco Vallarino, un Dr. Terán con experiencia de ministro, o el propio Miguel Antonio Bernal. Pero ninguno de ellos gozaba de la popularidad natural de Bosco y al final gana la primaria y el respaldo de la alianza. Pero, ¿se eligió al mejor candidato? Hoy la gran mayoría de los que votaron por él lo dudan, hubiesen preferido al Dr. Terán los arnulfistas y a Olimpo los molirena, pero las reglas de la democracia son claras.
El problema, al final, está en las condiciones bajo las cuales funciona el sistema. Hemos interpretado la democracia como la libre oportunidad de todos los ciudadanos a poder aspirar a todos los cargos, con ligeras condiciones de edad e integridad. Pero, ¿y la capacidad? Curiosamente creemos que el electorado, en su inteligencia política, escogerá a los mejores y más capacitados. Solo que esto no pasa, la tragedia se inicia cuando el electorado desde la primaria del partido prefiere a un candidato por su familiaridad, amistad, compromiso o bien porque le promete algo que desea el elector. ¿Y dónde queda entonces lo más importante, la capacidad y compromiso con la comunidad y el país?
Si no cambiamos las reglas para poner dentro de los partidos reglamentos que garanticen que sean los más capaces los que puedan aspirar a los cargos, seguiremos cayendo en los supuestos líderes naturales, que, más que líderes, son figuras populares simplemente. Hoy, los tres distritos más importantes del país —Panamá, San Miguelito y Colón— tienen problemas con sus alcaldes. Los diputados día a día pierden respaldo popular y la Asamblea cada vez tiene menos demostraciones de oratoria y debate, pero los electos, nadie puede negarlo, aun sin capacidad, mantienen popularidad.
Es importante que en nuestra democracia busquemos capacidad y no popularidad, quizás cambiando las reglas del juego político, pues, los partidos de por sí no lo harán. Los partidos seguirán el ejemplo del actual partido en gobierno, que buscó postular figuras populares sin medir la capacidad de los mismos. Vivimos un periodo de reclutamiento de popularidades, sin importarnos las consecuencias.
Hoy, a cuatro años de las próximas elecciones, estamos a tiempo de corregir los defectos del sistema, que nacen desde las primarias y las postulaciones. Los partidos de hecho pueden en un pacto nacional aceptar reglas que garanticen un mejoramiento del nivel de los candidatos a diputados, representantes, alcaldes y presidente. Debemos partir por aceptar que el nivel de los electos ha ido cayendo elección tras elección.
La razón es muy sencilla. Con una población más grande, es más fácil postular y promover figuras populares, que promover figuras capaces, pero de poco reconocimiento. Vender como candidata a una Lucy Molinar, un Ferrufino, una Mayín Correa, es mucho más fácil que vender a un profesor universitario, un economista o banquero. La TV y la radio hoy proyectan figuras a nivel nacional, donde el elector no comprende que lo que ve tiene guión y dirección, pero que esa misma persona actuando por modo propio no genera una sola solución. De igual forma, ¿qué compromiso puede tener una figura de estas con un partido en el que no ha militado? Ninguno. Los partidos están engañando al electorado y auto engañándose con candidatos populares, pero no militantes del partido. O corregimos, o la democracia va rumbo a un estruendoso fracaso.
*INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.