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- 17/11/2020 00:00
Erotismo y creación literaria
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Agrega La Estrella en Google ↗️Resulta fundamental entender que, al conceptualizar el erotismo, el cuerpo, de una manera u otra, es el principal objeto (dador o receptor, o ambos) de atracción; pero no menos importante es al mismo tiempo la actividad de la mente, de la imaginación que se desata tímida o descarnadamente adelantándose a los hechos (y luego acompañándolos) junto a ese intermediario ineludible que fluye sin interlocuciones valederas entre ambas instancias: el deseo.
Sin estos tres elementos no hay situación posible conducente al fenómeno erótico humano; lo cual significa que en una obra literaria que pretende lidiar con este tema, independientemente de las muy diversas variantes posibles, reales o imaginarias, dichos elementos por lo general están presentes, aunque el autor elija enfocarse más en las peripecias de una, de dos o en las tres como epítome de realización sexual plena.
Así, siendo numerosas las perspectivas desde las que se puede narrar o describir el ejercicio de la sexualidad en un cuento o en una novela, para que se dé un auténtico erotismo es indispensable el flujo de la creatividad con sus componentes más constantes, como lo son la inventiva, el riesgo, el desafío e incluso el desborde de las fronteras de lo usualmente “prohibido” como resultado de una inherente voluptuosidad o lujuria impostergable, o debido a un proceso de seducción que implica casi siempre la necesidad de que tarde o temprano en la relación se llegue a la posesión del otro, a ser poseído, o a poseerse a sí mismo el personaje; es decir, igual que ocurre en la vida misma en ausencia de prejuicios o una vez vencidos estos. Y siempre dentro de una trama, un ambiente y una caracterización perfectamente forjados y usando un lenguaje a tono con cada situación. Lógicamente, la textura y el tono de la escritura misma es tan importante como lo que sucede en la anécdota tramada en un buen cuento o novela.
Por supuesto que hay un fuerte elemento de interés, morbo y/o censura en cualquier expresión sexual cuando existe un trasfondo sociocultural que, aunque va variando con el tiempo y las costumbres, limita, segrega, critica, inhibe, prohíbe o castiga de una manera u otra algunas de estas manifestaciones que nacen de modo natural con la raza humana e igualmente forman parte de la vida de todas las especies animales desde que el mundo es mundo. Y, sobre todo, se censura injustamente a las mujeres que eligen estos temas.
Ya en obras antiquísimas como el Kamasutra (recopilación gráfica ilustrada de diversas posiciones del acto sexual, en la práctica es un sofisticado manual de arte amatorio); “El Cantar de los Cantares”, célebre texto bíblico atribuido al patriarca Salomón; y “El Decamerón”, de Giovanni Boccaccio (1313-1375), para solo dar tres ejemplos de épocas y culturas diferentes, figuraban explícitamente en el primero, de forma sutil y hermosamente poética en el segundo y de diversas maneras lujuriosas el tercero, manifestaciones universales de la sexualidad humana.
Cabe señalar que suele manejarse una diferencia conceptual entre sexualidad y erotismo, aunque forman parte de la misma ecuación, y a menudo se manejan como términos intercambiables. Los animales disfrutan instintivamente su sexualidad, pero los seres humanos además de gozar del acoplamiento o del simple (o no tan simple) roce de cuerpos que sus instintos propician, doblemente lo disfrutan exacerbando el placer en el proceso, porque intervienen casi siempre también, al mismo tiempo, elementos eminentemente humanos tales como la emotividad, el juego, la seducción, el deseo, la estimulación, el regodeo y una muy particular creatividad sexual añadida que varía en cada individuo: las muchas variantes de esta actividad física, mental y emocional simultánea es a lo que solemos llamar erotismo, cuyas diversas características son propias tanto de una relación heterosexual, como de la homosexual y la bisexual, al igual que en el autoerotismo.
Sin duda, el asunto de la diferenciación entre la sexualidad y el erotismo es mucho más complejo que lo antes expresado, como complejos y diversos somos los seres humanos en nuestro comportamiento, temores y esperanzas, cada quien, con sus gustos y sus fobias, sus fantasías, sus inhibiciones reprimidas o desafiadas, sus capacidades y deficiencias sexuales y de cualquier otro orden. El mejor libro de ensayos que he leído sobre este tema es “La llama doble, amor y erotismo (1993), del Premio Nobel 1990 Octavio Paz (mexicano; 1914-1998).
Así, la escritura puede ser todo lo erótica que la experiencia humana y la imaginación lo permitan. Absolutamente nada les está vedado. Pero, además, por supuesto, el texto debe ser buena literatura; es decir: escritos en cuya trama, ambientación o caracterización palpita una evidente creatividad, artística más allá del poco o mucho erotismo, sutil o descarnado, y reforzando la fuerza de su presencia en la historia contada como sucedáneo verosímil de la vida.