• 06/10/2026 00:00

Geoeconomía y diésel

En la actual coyuntura internacional el análisis económico no puede ser realizado eficientemente en caso que no se tengan en cuenta los problemas geopolíticos. Esto ha dado lugar al renacimiento del enfoque de la geoeconomía, del cual se considera como padre fundador a Akbert Hirchman, por los conceptos contenidos en su libro National Power and Structure of Foreing Trade (1945, University of California Press).

Hirchman, si bien no definió formalmente el concepto de geoeconomía, destacó la situación en que en que las relaciones económicas internacionales asimétricas se convierten en instrumentos de poder político estatal y coerción, que se utilizan para alcanzar los objetivos de un país, obligando al otro a tomar medidas que le son costosas. Obviamente esta coerción puede tener su origen en relaciones económicas asimétricas o de asimetrías de poder militar.

La necesidad e importancia actual del análisis geoeconómico, ha llevado a que la muy conservadora revista Finance an Development del FMI haya titulado el número de junio de 2026 como Geoconomics. Para los fines de la presente reflexión es de interés el artículo publicado en esa revista bajo el título de Undertanding Geoeconomics in a Volatile World.

De ese artículo lo que nos interesa es que el mismo llama la atención de como el dominio sobre algunos insumos básicos (commodities), en la medida que un país determinado controla una parte importante de su producción o control de su oferta, genera un importante poder geopolítico. El petróleo y sus derivados son un caso clásico de esta situación. Esto es claro si se tiene en cuenta que más del 80.0% de la energía utilizada mundialmente sigue dependiendo, de alguna forma, de los hidrocarburos y el carbón, que son recursos escasos, con fuentes geográficamente localizadas

Es claro, entonces, que, en la lucha por la hegemonía política y económica, el petróleo y sus derivados juegan un papel fundamental. Es evidente, entonces, la causa de que la política de la administración Norteamérica, tenga como objetivo el mayor control por ese país del petróleo a nivel global. No solo ampliando la producción interna (drill baby, drill), también controlando geopolíticamente las fuentes y producción de otros países.

En el caso del Medio Oriente, la National Security Estrategy (2025) de la actual administración norteamericana dice textualmente que: “Queremos evitar que una potencia adversaria domine Oriente Medio, sus suministros de petróleo y gas y los puntos de estrangulamiento por los que transitan... (p. 5). En el caso de América Latina y el Caribe, simplemente se trata de aplicar la doctrina Donroe.

En este marco, se puede entender la intervención norteamericana en Venezuela, ya que el propio mandatario de ese país, declaró que “nos habríamos quedado con todo ese petróleo”- Sin embargo, si bien la guerra contra Irán tenía los mismos objetivos, el resultado no le ha sido favorable a la economía norteamericana.

A diferencia de Venezuela, la situación se ha complicado. Esto debido al cierre de Ormuz y otras vías de salida del crudo y sus derivados hacia el mercado mundial, así como por los daños a la capacidad de refinación en el medio oriente. A esto se suman los daños de la capacidad de refinación del petróleo en Rusia, como un efecto de la guerra con Ucrania.

Esto no solo ha llevado a un alza del precio mundial del petróleo, el cual se ha elevado en 42.88% (Brent) en el último año. Adicionalmente el daño a la capacidad de refinación ha significado que el precio del producto refinado se haya elevado a un ritmo mayor que el crudo. El llamado crack spread (margen de refino), muestra un incremento anual de 172.71%. En estas circunstancias el diésel, producto central para la movilización de mercancía y personas, ha llegado a niveles extraordinarios.

Esto ha afectado a Estados Unidos, donde el precio del diésel ha sufrido un incremento de precio anual de aproximadamente 73.9%. Lo que en las actuales circunstancias de Estados Unidos y sus elecciones de medio plazo, representa un problema para el partido gobernante. Es así que la revista Política, así como el diario the Guardian han señalado que existe en elaboración o al menos en valoración, un plan para establecer por 90 días una prohibición de exportación de diésel norteamericano.

Esto sacaría del mercado internacional cerca de 1.6 barriles diarios de diésel, provocando un alza muy significativa del precio del mismo a nivel internacional. En Panamá este impacto, de concretarse esta posibilidad, traería graves consecuencias económicas y sociales. Esto debido a que prácticamente todo el transporte de mercancías utiliza diésel, así como una buena parte del transporte público de pasajeros. A esto se agrega el impacto sobre la agricultura Se trata de un eventual problema de origen geoeconómico, capaz de afectarnos, lo que obliga de darle seguimiento a esta posibilidad y preparar las condiciones para enfrentarlo.

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