• 20/08/2014 02:00

Desafíos humanitarios de los convenios de Ginebra

Las guerras en Libia, Siria y el conflicto sectario en Irak han provocado el desplazamiento de poblaciones enteras en Oriente Medio

El mundo está horrorizado por el rápido deterioro de la situación humanitaria, con cientos de miles de muertos de la población civil, principalmente con minorías huyendo de áreas de conflicto como resultado de la persecución y violación de derechos humanos básicos. Aunque se trate de calificar de ‘daños colaterales’ a bombardeos indiscriminados sobre la población civil, pueden constituirse en crímenes contra la humanidad y tienen que ser investigados rápidamente, de manera que los responsables tengan que rendir cuentas ante la justicia.

Las guerras en Libia, Siria y el conflicto sectario en Irak han provocado el desplazamiento de poblaciones enteras en Oriente Medio con graves problemas sanitarios y alimenticios. A ello se suma las bandas sanguinarias del ISIS, siglas en inglés de Estado Islámico de Irak y Siria, un Califato que pretende extenderse hasta el Líbano. Mientras los sucesos en la sitiada Gaza muestran, una guerra plagada de muertos tras la incursión del Ejército Israelí contra el grupo Hamás, con más de dos mil muertos palestinos, con el 80 % de mujeres y niños y más de 1.5 millones de desplazados palestinos. En Afganistán, permanecen tropas de EUA y el Talibán consolida posiciones perdidas. Por si fuera poco, recrudece la crisis en Ucrania, donde libra una lucha en la provincia de Donetsk con los separatistas prorusos.

Lo cierto es que la crisis humanitaria se agrava también con la epidemia de Ébola en África Central, donde han muerto más de 960 personas de 1800 casos, sobre todo en Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria. Por ahora no existe ningún tratamiento específico para tratar o prevenir esta terrible fiebre hemorrágica.

El mundo no solo se enfrenta a expresiones bestiales de fascismo que agravan el sufrimiento de la humanidad, sino a pandemias que no reconocen credos religiosos, ideologías ni condición social de sus víctimas. De allí la importancia que tiene la asistencia humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja ante al reto de proteger a la población civil.

Este 12 de agosto se conmemoró el 65° aniversario desde que los Estados razonaran jurídicamente en culminar la elaboración de un código de conducta humanitaria que integra los cuatro convenios internacionales para proteger a las víctimas de la guerra, suscritos en la Conferencia Diplomática de Ginebra: el I Convenio para aliviar a heridos y enfermos de fuerzas armadas en campaña; el II Convenio para aliviar a heridos, enfermos y náufragos de fuerzas armadas en el Mar; el III Convenio sobre trato a prisioneros de guerra y; el IV Convenio a la protección de personas civiles en tiempo de guerra. Este esfuerzo está complementado por los Protocolos Adicionales del 8 de junio de 1971, sobre la protección de víctimas de conflictos armados internacionales y la protección de víctimas de conflictos armados sin carácter internacional.

La supuesta legitimidad del derecho a la guerra, las circunstancias en que se puede recurrir a las armas se enfrentan a las condiciones de lucha que deben aplicarse por igual a todas las víctimas y; por tanto, la guerra aunque está prohibida en el derecho internacional público, tiene tres excepciones cuando se autoriza al Consejo de Seguridad para restablecer la paz, la legítima defensa de los Estados y el caso de los conflictos internos en los que no tiene jurisdicción de Naciones Unidas. Pero, existen normas que reglamentan los rigores del combate, la limitación en la elección de métodos y medios de hacer la guerra, la proporcionalidad en el uso de instrumentos mortíferos que prolonguen el sufrimiento y daño al contrario, la protección de la población y sus bienes, los monumentos históricos; y el emblema, el personal y el transporte de la Cruz Roja o el de la Media Luna Roja como símbolos de protección universal.

En tiempos, en que la intolerancia étnica y religiosa suponen amenazas a la fragilidad de la paz en el mundo, se impone la defensa de principios que sustentan los cimentos del derecho internacional humanitario consignados en los Convenios de Ginebra y en el Estatuto de la Corte Penal Internacional, cuyos objetivos son por un lado humanizar la guerra y por el otro sancionar los crímenes de guerra, el genocidio y los crímenes de lesa humanidad; ambos instrumentos se han constituido en un sólido legado de alcance universal para salvaguardar los inalienables derechos de la persona humana en casos de conflictos internos e internacionales.

La solución pacífica de las controversias y la proscripción al uso de la fuerza en las relaciones entre los Estados, son principios esenciales para garantizar la paz y la sobrevivencia humana; privilegiando el diálogo y la negociación para superar las diferencias. Sin embargo, los intereses estratégicos de algunas potencias están acompañados con la industria armamentista que crece a costa del desarrollo humano y, cualesquiera que sean los argumentos disuasivos, defensivos, ofensivos o preventivos, nos enfrentamos a una realidad insoslayable, los conflictos acontecen, pero sería una tragedia mayor, si no existiesen reglas que humanicen las guerras y mitiguen los efectos del sufrimiento humano.

Tenemos que fortalecer la conciencia universal que respalda la asistencia que realiza el Comité Internacional de la Cruz Roja empeñado en proteger a la población civil, ampliando la aplicación de normas humanitarias para mitigar peligros y las nuevas amenazas a la civilización.

*ABOGADO Y ANALISTA INTERNACIONAL.

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