Hacia una nueva convención internacional sobre la estabilidad del tránsito marítimo

  • 16/05/2026 00:00

En un mundo crecientemente interdependiente, la estabilidad del comercio internacional depende, en gran medida, de la operación continua y previsible de sus principales rutas marítimas.

Canales interoceánicos y estrechos estratégicos —verdaderos puntos de estrangulamiento del sistema global— concentran el tránsito de una parte sustancial del comercio mundial. Sin embargo, eventos recientes han puesto de relieve la vulnerabilidad de estas rutas a tensiones geopolíticas, conflictos regionales y disrupciones operativas.

Este contexto invita a una reflexión oportuna:

¿existen espacios para fortalecer, desde el derecho internacional y la cooperación entre Estados, la estabilidad de estos corredores críticos?

El sistema marítimo internacional no es homogéneo. Una proporción significativa del comercio global transita por unos pocos pasos estratégicos, entre ellos: los Canales de Panamá y Suez, y los Estrechos de Malaca y de Ormuz.

Estos puntos no solo concentran flujos comerciales, sino que también amplifican riesgos sistémicos; exponen vulnerabilidades estructurales; y generan efectos globales a partir de disrupciones localizadas. Así, cuando uno de estos corredores se ve afectado, el impacto trasciende inmediatamente su entorno geográfico.

Las dinámicas actuales sugieren un entorno caracterizado por una mayor competencia estratégica entre grandes potencias; el incremento de riesgos en rutas marítimas sensibles; y el uso potencial del comercio como instrumento de presión. En este contexto, la previsibilidad —un elemento esencial para el comercio internacional— se ve cada vez más comprometida. No se trata únicamente de seguridad, sino de estabilidad económica global.

El derecho internacional ofrece precedentes relevantes. Casos como el Canal de Suez o el Canal de Panamá reflejan esfuerzos históricos por garantizar condiciones de tránsito abierto y no discriminatorio, incluso en contextos de conflicto. Sin embargo, estos marcos son fragmentados, responden a contextos históricos distintos y no cubren de manera integrada todos los puntos críticos actuales.

Esto plantea la posibilidad de explorar un concepto más amplio, que podría describirse como: “neutralidad funcional” de corredores marítimos de importancia internacional, no como un régimen jurídico uniforme ni obligatorio, sino como un conjunto de principios orientadores que promuevan continuidad operativa, acceso no discriminatorio, previsibilidad normativa y estabilidad del sistema.

En términos de una aproximación gradual y pragmática en esa dirección, debo advertir que cualquier avance en esta materia requeriría prudencia toda vez que las sensibilidades en torno a la soberanía y la seguridad nacional son legítimas y deben ser plenamente respetadas.

Por ello, una aproximación viable podría basarse en el marco de un diálogo exploratorio entre Estados interesados para el desarrollo de principios de carácter no vinculante con el concurso de organismos internacionales especializados para la evolución progresiva sujeta a consensos, cuyo enfoque evitaría tensiones innecesarias y permitiría construir confianza.

Lejos de ser una iniciativa restrictiva, un esfuerzo de esta naturaleza podría reducir incertidumbre en el comercio global, fortalecer cadenas de suministro y beneficiar tanto a Estados ribereños como a usuarios.

En última instancia, se trataría de reconocer que ciertos espacios del sistema internacional, sin perder su carácter soberano, cumplen funciones que trascienden intereses nacionales inmediatos.

La historia del derecho internacional demuestra que muchas de sus normas más relevantes surgieron como respuesta a transformaciones estructurales del sistema global.

Hoy, en un contexto marcado por interdependencia y volatilidad, podría estar emergiendo la necesidad de repensar —de manera prudente y gradual— la gobernanza de los corredores marítimos críticos.

Más que proponer soluciones definitivas, el momento parece propicio para abrir una conversación informada, inclusiva y orientada al interés común.

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