Un lindo poblado ubicado prácticamente en la mitad del trayecto del Canal: eso es Gamboa. Se construyó entre 1936 y 1942, en la esquina del río Chagres con la vía interoceánica y lo circundan además, bosques protegidos de la cuenca hidrográfica más importante del país. Alberga a la División de Dragado, que mantiene expedita la ruta canalera; instalaciones de un centro de investigaciones en biología tropical reconocido mundialmente, que cada año atrae a cientos - sino miles- de estudiantes y científicos de todo el mundo; y en una de sus orillas, un renombrado resort ecoturístico.
En su mero centro la comunidad posee, desde cuando fue planificada originalmente, un bello y extenso campo de grama, de más de tres hectáreas, el “Campo McGrath. Lugar hecho para el encuentro y el disfrute al natural, incluso para quienes con frecuencia nos visitan desde la ciudad de Panamá. Su nombre hace honor al padre de Marcos Gregorio McGrath, arzobispo de Panamá entre 1969-1994.
Y claro que sí: Gamboa somos también todas las personas que ahí hemos decidido vivir. Y que como el país, conformamos un crisol de razas y nacionalidades.
El pasado 13 de noviembre la Asociación de Propietarios, APROGAMBOA, llamó a reunión comunal porque una situación compleja tenía que abordarse. Al terminar la reunión y tras enterarnos de los detalles de la Resolución MEF-RES-2025-2926, acordada el 9 de octubre sin ninguna consulta a la comunidad, entre el Ministerio de Economía y Finanzas y el Ministerio de Seguridad, en el ambiente quedó flotando un sentir muy maluco...
Conocí el poblado en 1980 y me fascinaron sus características. Pero fue en 1990 que comencé a vivir aquí. El 2010 y junto con Kurt Dillon, amigo arquitecto que creció en este lugar, publicamos el libro “Gamboa, Una guía para su patrimonio natural y cultural”, de 177 páginas. Lo hicimos animados en apoyar la causa de su protección a través del conocimiento informado. El libro es quizás de lo mejor que se ha publicado sobre una comunidad canalera.
Escribo lo anterior no para echarme flores sino porque quiero que se sepa que cuando se trata de Gamboa, hablo desde el alma. Tal como lo hicieron mis vecinos en la reunión del pasado 13, tras desayunarse con lo que venía encima. Uno de ellos utilizó dos términos contundentes, tras las intervenciones de los funcionarios de la Unidad Administrativa de Bienes Revertidos (UABR, del MEF): “bochornoso” y “demandable”.
Así es. Enterarnos recién ese día del contenido de dicha Resolución, a pesar de todas las solicitudes previas de información que se habían presentado a las autoridades, merece esos apelativos.
Fíjense bien, apreciados lectores, lo que plantea la Resolución: el MEF otorga al Ministerio de Seguridad, léase Servicio Nacional Aeronaval - Senan, en concesión de 20 años, renovables, cuatro hectáreas que incluyen el “Campo McGrath”, el espacio público más preciado de nuestra comunidad.
Los funcionarios de la UABR trataron de explicarnos que la concesión se tenía que hacer por “razones de seguridad e interés nacional”. Esto es tan falso como decir que los memorandos de entendimiento impuestos y firmados por la entonces Secretaría de Defensa de EE.UU. y el Gobierno, en abril pasado, no hieren la soberanía nacional. Más aún, si nos ponemos quisquillosos bien parece vislumbrarse aquí, entre las sombras, la mano peluda del gran hegemón.
Si alguien tiene que cumplir órdenes de fuera, tendrá que buscar otro lugar, porque la Resolución de marras viola todas las normas y leyes de planificación urbana y las mínimas de respeto ciudadano. Lo repito: nadie en el MEF, la UABR, el Ministerio de Seguridad o el Servicio Nacional Aeronaval, se digno tan siquiera a voltear la mirada hacia los terrícolas que en Gamboa habitamos; nos enteramos cuando la Resolución ya estaba acordada.
Aún si nos llevasen al cielo a todos juntos y de manera gratuita, lo que quieren hacer porque creen que lo pueden hacer, es BOCHORNOSO. Ofende, da vergüenza ajena, es de esas cosas que por simple decoro no se aceptan. A la arrogancia y a la ilegalidad no queda otra que enfrentarla y la Resolución es legalmente, de pies a cabeza, DEMANDABLE.
Va a costarnos energía; y fondos que habrá que reunir. También tendremos que enfrentar desinformación y coqueteos oficiales, que ya empezaron en las redes... Pero vamos a defender el Campo McGrath y sus instalaciones. No se va a esquivar el dialogo porque somos gente y vamos a enseñar a estas autoridades a serlo. Pero vayan buscando otro lugar para sus afanes, no nuestra comunidad.
Anima saber que la causa de Gamboa, de su hermosura y de sus áreas recreativas, tiene también apoyo fuera de la comunidad: Gamboa “pega más allá del puente” construido a la entrada del poblado: lo sabemos y lo apreciamos.
No se trata únicamente de un asunto que incumbe a quienes vivimos en Gamboa. Abusos como los que se quieren imponer a la mala y sin ninguna consideración, mientras menos se les para más aumentan.
Que el relato de esta situación promueva más ciudadanía atenta y consciente de derechos y responsabilidades en el espacio que se habitan. Y ojalá también, solidaridad activa con Gamboa.