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- 25/09/2009 02:00
El futuro de los hijos “dotados”
La historia que te voy a contar es cierta, como todas las que narro. Se la escuché a un amigo, hace muchos años. Mi amigo, al que llamaré Valerio, conocía a un reconocido empresario de una provincia del país. Este señor, trabajador, dedicado y circunspecto en su vida comercial y personal tenía dos hijos.
Ambos jóvenes fueron a los mejores colegios de la región, y de la capital. El padre se esforzaba en darles todo el apoyo necesario para la formación de ambos. Pero como no todo es de oro, el señor empresario se quejaba del poco aprovechamiento de uno de sus hijos en el estudio y su nula vocación por el trabajo. Llamaremos a este señor empresario, M.
Un día, Valerio estaba conversando con don M, quien reflejaba en sus palabras cierto desaliento por el ya conocido bajo desempeño de su vástago en los negocios familiares. Como todo padre, que desea que sus hijos lo superen, veía con preocupación que su primogénito mostraba más inclinación por la vida sibarita y despreocupada de los “playboys” “ y menos por las responsabilidades y satisfacciones del trabajo duro y sostenido.
En medio de esas meditaciones, don M tuvo una brillante idea para el futuro de su querido hijo. Lo apoyaría para una actividad que consideraba era adecuada al carácter y habilidades de su he redero: lo haría diputado.
Pasado el tiempo, don M vio sus segundas aspiraciones sobre su primer hijo, cumplidas. Fue electo diputado. Por varios períodos. Hasta que hubo un cambio importante en el país, y la Asamblea Nacional de Diputados fue puesta a hibernar por un largo período, debido a su inoperancia, costos y poco respeto y prestigio entre los electores que cada cuatro años votaban para la integración de la augusta cámara.
Pasados los años, volvimos a tener Asamblea Nacional de Diputados y hoy día con razonable confianza, sus integrantes son electos por el voto popular.
Ya no existe don M y sospecho que su vástago diputado tampoco. No he sabido más de ellos. Pero me imagino que otros retoños de otros buenos padres que se preocupan por sus hijos se encuentren en esa y en otras corporaciones.
Como quien dice, de dinosaurios dándole paso a bebe saurios.
Esperemos que las razones para estar en las mismas, sean distintas a las de don M, que no encontraba otra ocupación para los talentos de su hijo. Pero a la vez siento algún malestar, porque la reputación de la Asamblea Nacional de Diputados presente y las recientemente pasadas, no es muy distinta a la que existía cuando don M decidió regalarnos a todos los panameños con los atributos de carácter de su hijito querido.
*Economista.franciscobu01@yahoo.com.mx