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- 02/10/2017 02:03
Humanistas y comunicación
La semana pasada subrayaba la necesidad de alejarnos de las ‘distracciones innecesarias'; aplaudir eventos y felicitarnos por cosas mientras la corrupción promete acabar con nuestro sentido de civilidad. Mientras no perdamos el enfoque en la necesidad de corregir los desmanes que siguen ocurriendo, la revisión de conceptos teóricos en el camino hacia el mejoramiento de la condición social y humana es saludable y necesaria.
No solo es ejecutar: hay que fundamentar las acciones que pretenden alinear el futuro sobre una visión filosófica que le dé sentido al camino para el desarrollo de la sociedad, a pesar de que impera la construcción de obras de concreto, distribuir migajas y amasar fortunas. Para como van las cosas, la construcción de una sociedad de avanzada, que quiera trascender hacia un sistema social altamente educado, que garantice equidad y bienestar para todos, no se ve en el horizonte. En el ejercicio de las revisiones, actualizaciones o los cambios de paradigmas, debemos trabajar en el perfeccionamiento de los procesos comunicativos que las conducen.
Hace varios años, en un ejercicio teórico de estructuración filosófica con la intención de ordenar algunos eventos que nos trajeron a este momento, señalaba que desde el inicio de los tiempos (enfrentado a las necesidades básicas de supervivencia) el homo sapiens se preocupó por encontrar la manera de entenderse con su entorno: de comunicarse. En esa era, esa preocupación lo condujo a establecer –sin un conocimiento educado– procesos de comunicación; ya sea por señas y gesticulaciones, bosquejos en las paredes de las cuevas, señales de humo o por medio de la utilización de los primeros elementos que conformaron un alfabeto rudimentario. Dejando a un lado el garrote, con ese modelo básico, estableció un mecanismo viable para mantener relaciones constructivas.
Hoy, cada acto de comunicación debe ser responsable. Tener como fundamento el propósito de contribuir con mejorar la condición de vida de todos y, además, debe llevarse a cabo para asistir en la construcción de un mejor entorno. Debe concebirse para moldear positivamente el marco social: debe realizarse con la intención de mejorar y preservar la especie.
En el contexto actual, sumado a las preocupaciones de supervivencia heredadas de nuestros antepasados, un sinnúmero de elementos del entorno (biológico-cultural-político-tecnológico-social) influye dramáticamente para que los objetivos de un proceso de comunicación se lleven a cabo exitosamente o no; y, por consiguiente, la transformación social que pretende impulsar.
Lo que ocurrió en la Asamblea Nacional con respecto al presupuesto de la Autoridad del Canal de Panamá se debe examinar desde varias perspectivas. Cuando un diputado (o varios diputados) cuestiona una situación, equivocados están si creen que lo que sale de su boca como emisor de ideas (transmisión de mensajes) es lo único que los receptores van a recibir. Todo su actuar y conducta anterior es parte del mensaje. Todo lo que ellos creen que se sabe o no se sabe, es parte de su mensaje. El hemiciclo completo y su historia es parte del proceso de comunicación; y, por consiguiente, las intenciones de aquella interacción comunicacional con el resto de la sociedad es parte del mensaje.
Si ponemos sobre la balanza todo el aparato tecnológico que hoy condiciona y rige los procesos de comunicación, debemos entender que la situación es más dramática y poco alentadora. No debemos aceptar así por así que los procesos de comunicación —moldeados por la tecnología y los nuevos medios— van a avanzar positivamente hacia la causa de la supervivencia. Veo retos negativos en la manera como vienen desarrollándose. La sociedad experimenta un declive comunicacional. Hay bulla, publicidad engañosa, descalificaciones y mentiras. No existe un proceso comunicacional educativo y decente que nos diga cuál es el camino a seguir que nos beneficiará a todos.
Esta falta de dirección filosófica de dónde estamos y hacia dónde queremos ir como sociedad, trabaja a favor de los corruptos: mientras los bárbaros se dedican a saquear y destruir el planeta, los politiqueros, a la burla y a la demagogia, la necesidad humana e intrínseca de la supervivencia exige que el sector pensante de la especie —los humanistas— trabajen sobre formas de supervivencia a largo plazo. La forma en que nos comunicamos con el resto de la sociedad debe despertar en ellos nuestros temores sobre el futuro, para ponernos a trabajar con afán y sumar más gente a la causa contra la corrupción.
COMUNICADOR SOCIAL.