• 20/11/2018 01:00

Agenda para luchar por la independencia (I)

En noviembre, Mes de la Patria, es urgente hacer un replanteamiento de nuestra lucha por la independencia, que no ha culminado.

En noviembre, Mes de la Patria, es urgente hacer un replanteamiento de nuestra lucha por la independencia, que no ha culminado.

En la etapa republicana, el Tratado del Canal de 1977 logró la descolonización, la desmilitarización, el reconocimiento de la soberanía y el traspaso de la vía acuática.

Ahora falta liberarnos de los Acuerdos Posinvasión, que pueden convertirnos en país ocupado so pretexto de amenazas al Canal, ya que el Tratado de Neutralidad con sus enmiendas —que ningún partido político ha cuestionado— no limita la acción de EE.UU. (Yao: ‘Acuerdos Posinvasión y Neutralidad', LEP, 18 de agosto de 2018).

El Tratado de Neutralidad, incompleto desde su incepción, habla más por su silencio que por los ocho artículos que contiene. Ese silencio es contestado, desarrollado, por los Acuerdos Posinvasión, que impiden la verdadera neutralidad del Canal y nuestra independencia.

Los Acuerdos Posinvasión nos remilitarizan (1991) desde la invasión. Antes de que finalizara el Tratado del Canal en 1999, la administración de Mireya Moscoso aprobó los Fundamentos para una Política de Seguridad de Panamá (FPPS). Sobre estos FPPS se erigieron los Acuerdos Posinvasión, que vienen desde 1991 hasta 2004 (Yao: ‘De la invasión al Acuerdo Arias - Hinton (1991), LEP, 13 de agosto de 2018)'; Yao: ‘¿Quiénes autorizaron la remilitarización de Panamá?', LEP, 7 de septiembre de 2018).

EE.UU. vinculó siempre el paso interoceánico en Panamá con su seguridad y defensa nacional. La subordinación del Canal a la política exterior de Washington rechaza toda noción de neutralidad, porque una potencia guerrerista jamás puede reclamarse de esa concepción pacifista.

Ha debido ponerse mayor atención a la neutralidad pactada entre la Nueva Granada y EE.UU. en el Tratado Mallarino - Bidlack de 1846, que dio origen a la intervención como una ley de hierro.

Bajo este convenio, convertido en derecho de intervención, EE.UU. reprimió la insurrección laboral de los chinos en el Ferrocarril; exigió indemnizaciones exorbitantes a Colombia por la Tajada de Sandía; ahorcó a Pedro Prestán; obligó a pactar en el ‘Wisconsin' el fin de la ‘Guerra de los Mil Días' y, mediante colusión con Colombia, hizo asesinar al general Victoriano Lorenzo para allanar el camino del Canal ‘americano'.

EE.UU. incumplió la neutralidad pactada con el Reino Unido en el Tratado Hay - Pauncefote de 1901; la anuló en el Tratado Hay - Bunau Varilla de 1903, en el que legalizó su intervención a perpetuidad, convertida en el Artículo 136 de nuestra Carta Magna de 1904, propuesto por el presidente Manuel Amador Guerrero a instancias de Washington.

EE.UU. hizo que un Panamá sin ejército le declarara la guerra a Alemania en la Primera Guerra y de nuevo a Alemania y Japón en la Segunda Guerra, militarizando todo el territorio nacional, aunque Panamá no tenía ni tiene enemigos.

En ninguna guerra del pasado o del presente siglo jamás el Canal ha sido neutral, sea por decisión de Washington o nuestra como cuando, valga el ejemplo, Panamá se alió contra Irak (Endara) y el ISIS (Varela).

La neutralidad del Canal consiste en el libre tránsito, tanto en guerra como en paz. Pero EE.UU. no permitió la libre navegación en tiempos de paz, como a los barcos mercantes (Chong Chon Gang, de Corea del Norte) o de guerra (‘Almirante Chabanenko', de Rusia). En tiempos de guerra, ningún barco enemigo de EE.UU. se atrevió a acercarse siquiera al Canal, y más bien las potencias del Eje intentaron destruirlo. ¿Por qué convertir a Panamá en blanco de una guerra ajena? ¿Por qué la Autoridad del Canal no ha publicado las reglas de navegación en tiempos de guerra?

EE.UU. violó la neutralidad al darle paso expedito a Inglaterra en la Guerra de las Malvinas (1982), sin estar facultado y sin siquiera avisar a Panamá.

La falsa neutralidad corrió siempre paralela a nuestra lucha por la independencia, aunque nuestros estadistas, historiadores e investigadores no lo han percibido así.

En la lucha por nuestra independencia, EE.UU. asesinó o eliminó a cinco jefes militares, dos jefes de Gobierno, dos presidentes y cinco comandantes: general Victoriano Lorenzo, visto como posible obstáculo al Canal ‘americano' (1903); Esteban Huertas (1904), jefe del primer ejército nacional, desmantelado por el embajador de EE.UU., quien lo acusó de intentar derrocar al presidente Amador Guerrero; Arnulfo Arias, presidente, por defender la neutralidad y rechazar cientos de sitios de defensa (1941); presidente José Antonio Remón Cantera, por exigir justicia y no limosnas (1955); Omar Torrijos, comandante de la Guardia Nacional y jefe de Gobierno, por lograr la primera etapa de nuestra liberación (1981) y Manuel A. Noriega, comandante de las Fuerzas de Defensa y jefe de Gobierno, por rehusar someterse a Washington (1989).

EL AUTOR ES ANALISTA INTERNACIONAL Y EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR.

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