- 07/12/2015 01:00
A qué juega Turquía (I)
El pasado 24 de noviembre el mundo fue testigo del derribo de un avión militar ruso Sukhoi Su-24 por cazas turcos. El acontecimiento de inmediato acaparó las primeras planas de todos los periódicos del planeta. Como es evidente, Ankara y Moscú no van de la mano en lo que al conflicto sirio se refiere, toda vez que, mientras que el Gobierno turco intenta derrocar al régimen de Baschar Al Assad, Rusia aparece como su principal valedor. Esta complicada relación diplomática tuvo su punto álgido después de que un caza Sukhoi Su-24 fuera derribado en las montañas del noroeste de Siria por dos cazas F-16 turcos.
Sobre la versión de los hechos, Ankara sostiene que dos aparatos rusos, violaron su espacio aéreo, por unos 17 segundos en un área tres km dentro de su territorio y que ambos fueron avisados hasta "en diez ocasiones durante cinco minutos" de la ilegalidad de su posición. Por su parte, Rusia niega esta versión y sostiene que sus dos aparatos jamás violaron el espacio aéreo turco, sino que al contrario, el F-16 turco entró en el espacio aéreo sirio para derribar el bombardero ruso .
La razón principal que, según Moscú, motivó el proceder turco está ligada a la compra por parte de Ankara a Dáesh de petróleo de contrabando, procedente de los yacimientos de Siria, bajo control del grupo terrorista. Al comercio ilegal de petróleo se añade, según Putin, la circunstancia de que los combatientes de Dáesh "son defendidos por parte de las Fuerzas Armadas de un Estado entero", aludiendo con ello que Dáesh cuenta con acólitos dentro de la cúpula militar turca.
Según versiones de prensa y del conjunto de datos presentados por Rusia y Turquía parece muy poco probable que el Su-24 recibiera diez advertencias, puesto que la zona fronteriza donde tuvo lugar el incidente es de solo 2,5 km de ancho. Con una velocidad máxima de 1600 km por hora, el Su-24 ruso habría cubierto esa distancia en unos seis segundos. Además, teniendo en cuenta que la aeronave estaba a una altitud de 6000 m, el caza turco habría necesitado mucho más tiempo para prepararse para el derribo. Como resultado del suceso, todo el sistema de relaciones bilaterales se ha visto comprometido.
Así, en el ámbito económico, según versiones periodísticas, el derribo del Su-24 "ha puesto en juego el comercio mutuo por valor de más de $30000 millones anuales y más de $2000 millones de inversiones acumuladas mutuas". Casi $44 000 millones en el comercio de servicios, amén de las irreparables pérdidas que se esperan en el turismo, la cancelación del proyecto de zona de libre comercio binacional y del Acuerdo de libre comercio de servicios e inversiones, la suspensión de una central nuclear en suelo turco y de un segundo gasoducto a través del mar Negro, el Turkish Stream. Mas, el punto neurálgico en las relaciones económicas ruso-turcas es el sector energético, pues Turquía depende en un 60 % del gas ruso; un golpe en su suministro sería todo un impacto en la línea de flotación de la economía turca, haciéndola colapsar. Sigue mañana...
*PROFESOR TITULAR DE RELACIONES INTERNACIONALES DE LA UP.