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- 10/09/2009 02:00
Violencia delictiva, ideas para enfrentarla
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Agrega La Estrella en Google ↗️A riesgo de referirme al “Tema de las prisiones en nuestro país” sin conocerlas, porque las sentí ajenas y distantes; como le debe ocurrir a la mayoría de los panameños, para quienes de improviso se convierte en preocupante, debido a la agudización del “problema de la delincuencia” que azota el país, como dan cuenta los medios de comunicación.
Qué duda cabe, el tema no me es ajeno, porque permanecí once años y medio en una prisión peruana; valga la aclaración: por razones políticas ya conocidas, pero al igual, viví en sus entrañas y sufrí en carne propia los rigores y estuve expuesto a los peligros que normalmente ocurren en ella.
Al transcurrir el tiempo, quedan en el pasado los días del mítico “ Pedro Navaja ” y ahora, la delincuencia se torna violenta y alarmante e infunde severos temores en la sociedad, pero por fortuna aún es previsible y puede ser tratada.
Es inquietante leer en los medios sobre el daño que causa en nuestro país. Y, cómo no entender la impotencia de los indefensos, que piden severidad en la aplicación de las leyes y hasta castigos extremos para los delincuentes, aunque no sea ésta la solución del problema.
De hecho, no hay justificación para disponer de la vida de las personas y quienes cometan tales delitos deben ser enjuiciados y privados de la libertad en señal de justicia; sin olvidar que la finalidad de la pena es también el logro del arrepentimiento sincero y la redención del delincuente; en beneficio propio y de la sociedad.
Mientras se agudiza el problema, pareciera que hay un desconcierto, porque la raíz del problema no está en la persona encarcelada ni en las cárceles; ellas son solo una consecuencia del mismo. Al igual, que recrudecer las penas, incluso a los menores, no ayuda, al igual que la espantosa idea de crear prisiones para ellos; así como la aplicación del toque de queda, que no es una solución; como no es bueno ni deseable, agredir a la sociedad atentando contra la privacidad al espiar las comunicaciones de los ciudadanos, con el pretexto de encontrar conductas delictivas en ellas y perseguir a la delincuencia.
La violencia delictiva no se desalienta con la violencia opuesta, por disuasiva y justificada que parezca; como dan a entender algunas autoridades, al igual que quienes comentan sobre los artículos de opinión, buenos y oportunos por cierto, que se publican en los medios sobre el tema.
Es pues, el momento de pensar que tal violencia no apareció espontáneamente ni de improviso y que sus raíces, como el motor que la impulsa, estaban allí a la vista de todos pero la indolencia, por decir lo menos, fue mayor: a la vez que el mal evolucionaba, nos dedicamos a disfrutar de las bondades y los beneficios de nuestro sistema de vida mientras ignoramos el problema e hicimos poco por los que sufren las consecuencias de la marginalidad y hasta cierto punto, por el bienestar de la sociedad en su conjunto. Así que valdría la pena preguntarse si no vendimos la cuerda que tenemos al cuello.
De modo que si deseamos enfrentar el problema de la delincuencia, debemos hacerlo de manera integral y con el concurso de todos:
El Estado, con sus agencias, atendiendo inmediata y prioritariamente las necesidades de salud, educación, infraestructuras y empleos, entre otras carencias de los sectores deprimidos y marginados; al mismo tiempo que se previene el delito y se rehabilita a los delincuentes, mientras se emprende la tarea de implementar un plan a mayor plazo, tendiente a reducir gradualmente las causas de la delincuencia, ya conocidas y consecuentemente, a si misma.
De la misma manera, tanto el Estado como la sociedad en su conjunto, deben prestar atención e impulsar el desarrollo de las actividades, que contribuyen de manera efectiva al bienestar individual y colectivo; entre ellas, las deportivas, recreativas y culturales, por ejemplo o como vías alternativas conocidas para la superación personal y profesional incluso.
Por su lado y de manera especial, sería deseable que se enfatizara en todo lo concerniente a la cultura, que no debe ser confundida con espectáculos, uno de los elementos determinantes en la formación de nuestra personalidad como sociedad y ahora, de la superación en los sectores marginados, para bien de la Nación. Y por ello, entre otras razones, debe entenderse además a la cultura como una manera de luchar contra la pobreza, la exclusión social y por qué no, contra la delincuencia. Y, para semejante tarea, es, pues, necesaria la creación del ente competente para asumir tal responsabilidad, como lo sería el Ministerio de Cultura.
Si bien, el Estado, debe jugar el papel fundamental en la lucha contra la delincuencia, pero éste no estaría completo y pocos serían sus logros, si la sociedad en su conjunto no participa activamente en ello; dada la naturaleza y la complejidad del problema. Como se sabe, no es suficiente la represión policial para corregirle y poco podrá hacer el instituto penitenciario si es más represivo que rehabilitador, como en el caso que conozco, que parecer ser una tendencia. Y, qué decir de la “ mora judicial ” en la atención de los procesos y la poca justicia que implica el hacinamiento de las prisiones; debido a la tendencia a encarcelar, en vez de encontrar soluciones alternativas en los casos que lo ameriten.
Hay, pues, que tender la mano a los necesitados y todos tenemos la obligación moral de hacerlo, pero en concierto. El problema, al parecer, se desliza entre los dedos de las autoridades, por lo que se hace cada vez necesaria la creación de un ente superior, que comprenda tanto al Estado como a la sociedad, en la persona de las organizaciones representativas y competentes, de donde emanen no solo las políticas y coordinaciones, sino las acciones concretas que correspondan, incluso.
El problema de la delincuencia, en sus distintas manifestaciones, afecta sin excepción a toda la sociedad y su accionar no es exclusivo de los nacionales, tiene sus influencias y componentes externos, así como la participación concreta. Hay que hacer todo lo posible para que aminore gradualmente la criminalidad; disminuya, sino eliminar literalmente el narcotráfico y en especial, tratar el problema de las pandillas, con su particularidad e implicaciones, hasta reducirlas a su mínima expresión; evitando en particular, las injerencias externas conocidas.
Esto, no esperemos que lo haga el Estado por sí solo o sus agencias, separadas, descoordinadas y con poca comprensión del problema más allá de sus efectos o con políticas y acciones impulsivas que atenten contra los derechos humanos; en tal empresa, se necesita de la participación de toda la sociedad en sus distintos niveles o formas de agrupación y en especial, del ente con el dominio del tema, el accionar y la capacidad de implementar la lucha contra la delincuencia en el marco de la Ley y el respeto a los derechos humanos e incluso, hasta con el grito de guerra representativo de: “ Panamá contra la delincuencia ”.
*Pintor panameño.pacastrellon@gmail.com